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DATE PERMISO PARA SER VULNERABLE


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DATE PERMISO PARA SER VULNERABLE

 

 

En mi opinión, el esfuerzo que hacemos para no ser o no sentirnos vulnerables en ocasiones se convierte en un esfuerzo por encima de nuestras posibilidades que nos causa un agotamiento innecesario, nos deja una sensación de inutilidad y fracaso, y la creencia en una vulnerabilidad que nos parece inaceptable pero que hay que aceptar porque forma parte indisoluble del hecho de Ser Humano y por tanto imperfecto.

 

Somos vulnerables y por ello podemos ser heridos tanto física como moralmente. Pretender negar esta realidad imbatible es absurdo. Es como luchar contra molinos de viento. La intolerancia a esa debilidad conlleva más inconvenientes y sufrimientos que ventajas.

 

Somos víctimas en mayor o menor medida de nuestras emociones y sentimientos, y contra eso es difícil protegerse porque algunas –las “malas”-  nos afectan directamente donde más lastima y desconcierta y donde no podemos poner una protección física. El sufrimiento llega directamente a la mente y es ella quien lo siente, aunque puede llegar a manifestarse en alguna parte del cuerpo en forma psicosomática. Aún todavía no sabemos o no podemos evitar totalmente –sí en parte- que nos duela reconocernos sensibles en algunos casos, que la soledad aflija, que la decepción lastime, que las debilidades afecten, y que todo ello cree una especie de lástima por nosotros mismos que se haga difícil de consolar.

 

Una de las cosas que hemos de aprender, por nuestros propio bien, es a manejar esas emociones que nos dañan; y aceptar las equivocaciones, la decepción, la propia vulnerabilidad, la sensación de injusticia en el mundo o en nuestra propia vida, o los errores que cometemos y sin que eso nos cause un trastorno que vaya más allá de una ligera incomodidad moral rápidamente superable.

 

Aceptar nuestra vulnerabilidad es aceptar nuestra Humanidad. De vez en cuando lloramos, está bien. A veces sentimos rabia, está bien. Nos enojamos por cosas que nos pasan, está bien. Tenemos heridas, miedos o sentimientos de vergüenza, está bien. Disponemos del derecho a manifestar esos estados, aunque no es conveniente quedarse estancados mucho tiempo en ellos ni es beneficioso convertirse en un mártir victimista.

 

Pretender convertirse en un Ser Ideal Perfecto es una tarea condenada al fracaso. Aceptarse tal como uno es –reservándose el derecho a hacer las modificaciones que se consideren oportunas- es lo correcto. Está bien no ser Superman o Superwoman ni Don Perfecto. Nunca se hará realidad eso de que uno tenga esos Superpoderes.

 

Al mismo tiempo, no es conveniente ser vulnerable en ciertas cosas que nos pueden perjudicar grave e inútilmente. Si uno deja su felicidad o su estabilidad emocional en manos ajenas corre demasiado riesgo. Si el equilibrio depende del comportamiento o las acciones de otras personas, que es algo incontrolable, no será fácil encontrar una estabilidad y tranquilidad que dependan de uno.

 

Ser vulnerable sin tener lo relacionado con ello conocido y resuelto proporciona demasiada inestabilidad e inconvenientes. Ahí puede nacer el miedo y ese miedo puede contagiar de desconfianza e intranquilidad. Tratar de ocultarla o negar el  reconocimiento de esta realidad se vuelve en nuestra contra. Lo mejor es ser consciente de su existencia, de sus ventajas e inconvenientes, y convivir con ella en armonía. Ser vulnerable es estar vivo.

 

La honestidad y la trasparencia personal te hacen vulnerable. Mostrarte a la gente -y a la vida- tal como eres implica mostrar también tu vulnerabilidad, pero no hacerlo así y ocultar esa parte –que puede parecer una noble protección- impide que te puedas mostrar tal como realmente eres. Es cierto que quien se dé cuenta de que muestras también tus vulnerabilidades te apreciará más como la persona íntegra que te muestras. Este es un punto a valorar y es algo que sólo tú decides hasta qué punto exponer.

 

Ser vulnerable no es un signo de debilidad, es más bien de valientes esto de reconocerse y mostrarse tal como uno es: un Ser Humano sensible, incluso en algún aspecto frágil. Así somos, aunque el miedo a que nos hagan daño vuele sobre nuestra cabeza. Ponerse el disfraz de perfecto e irrompible no siempre queda bien.

 

Es un buen asunto sobre el que tal vez haya que cambiar el concepto que uno tiene.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.

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