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ANTES DE COMENZAR EL CAMINO DEL AUTOCONOCIMIENTO - TERCERA PARTE


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ANTES DE COMENZAR EL CAMINO DEL AUTOCONOCIMIENTO
TERCERA PARTE
(Son 5 en total)



RECONOCER - DARSE CUENTA

La observación es primordial e imprescindible. Pero tiene que ser la observación sin juicio, aséptica y neutral. Observación que no se entromete, que no critica ni acusa, que no da su opinión. Observación que actúa como un notario pulcro que toma nota de lo que ve pero no da su opinión.

De eso es de lo que se trata.

De levantar acta de lo observado, de lo sentido, y parar el proceso mental que se encargaría de poner adjetivos y castigos.

Hay varias formas de conocerse. La primera, parte de darse cuenta de quién es uno mismo.

Observarse como si uno no se conociera, y darse cuenta de lo que hace, de cómo se mueve, de cuáles son sus pensamientos, su forma de expresarse… Mirarse como si fuera la primera vez, no dando nada por supuesto, para poder acceder a algo que visto con otra mirada pueda ser distinto.

Otra forma de conocerse es pedir la opinión que tiene de nosotros alguien que realmente nos conozca y nos quiera. Lógicamente, hay que pedirle su sinceridad más absoluta y aclararle que darnos una opinión exclusivamente favorable, para quedar bien, no sólo no sería útil sino contraproducente. Y no olvidar que es solamente una opinión y no una verdad completa.


ADMITIR Y ACEPTAR (Comprender)

De nada sirve negar lo evidente. Ni lo bueno, ni lo malo. Si se descubre algo, y ese algo es cierto, hay que admitirlo. Lo que no quiere decir que haya que conformarse con ello.

De momento, solamente hay que reconocerlo. Sólo a partir de aceptar lo que hay se puede comenzar a modificar eso que hay.

Cuando se acepte es conveniente hacerlo sin condiciones, sin negaciones, sin maquillaje, sin justificaciones. Es lo que hay.

A cada uno le han tocado vivir -o ha sido por su “culpa”, depende de cómo lo quiera entender cada uno - una serie de circunstancias personales, en una época concreta, con unos condicionamientos específicos, con o sin motivaciones, y eso imprime carácter y marca. Esto también hay que admitirlo.

Si uno hubiera nacido en una familia distinta, con otro sexo, en diferente país o siglo, sería distinto. Por supuesto.

Pero uno es quien es y está donde está –de momento- y eso hay que admitirlo y aceptarlo.



PERDONAR – PERDONARSE

Yo no soy partidario de “perdonar” en el uso habitual que se le da a la palabra perdón: “remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente”, porque es muy discutible que las penas sean merecidas, que uno permita que las ofensas le hieran, o que se tengan obligaciones impuestas por alguien ajeno, y me parece que si uno comprende, a sí mismo o al otro, y las situaciones o circunstancias, es innecesario el perdón. Con el reconocimiento del hecho, sea el que sea, si se descubre que no había mala intención expresa, ya no es necesario entrar en juicios.

Por otra parte, si es que hubiera algo que perdonar, no perdonarlo sería un grave error.

Creo que casi todo –he escrito “casi todo”- es digno de ser perdonado. Entendiendo por perdón la comprensión incondicional que borra lo sucedido sin dejar ningún tipo de residuos.

Incluso en los casos en que se ha actuado con maldad y perversidad, si se hurga en las motivaciones de quien lo hizo, en su educación y en las circunstancias que le han tocado vivir, es posible que se llegara a encontrar una justificación razonable. Y razonable no quiere decir que esté bien.

En algunas ocasiones uno no es responsable directo de las cosas que hace mal. Y eso hay que entenderlo, aceptarlo, y “perdonarlo”.


 


HACER LIMPIEZA DE ENEMIGOS

¿Qué hay dentro de ti que pueda ser tu enemigo o pueda boicotear todo tu trabajo?

Es muy conveniente conocer los enemigos internos. Y sería muy conveniente tratar de llegar a pactos y alianzas con ellos. Explicarles con el corazón cómo se siente uno, cuál es la intención, y hablarles de la necesidad de contar con ellos como aliados, y pedirles que no se dediquen a entorpecer, a destruir, a poner trabas y zancadillas.

Pregúntate… ¿Qué te puede impedir que avances?

 

 

Francisco de Sales

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