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LOS PELIGROS DE LA ESPERANZA


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LOS PELIGROS DE LA ESPERANZA



En mi opinión, el hecho de que en ocasiones confundamos los términos, que incluso confundamos nuestras propias ideas y conceptos, llega a ser perjudicial para nosotros –y en ocasiones, y por alcance, para los otros-, así que es conveniente revisar en profundidad nuestras propias opiniones, verificar si somos conscientes de nuestros pensamientos, aprender a clasificar bien nuestras sensaciones, controlar rigurosamente nuestra imaginación, entender bien-bien nuestras teorías, dejar de hacer suposiciones sin fundamento, y no confundir la fantasía con la realidad.


Todo este largo preámbulo es para llegar a decir lo siguiente: he comprobado que hay mucha tendencia a confundir la esperanza -y lo que es y representa-, y a meter en ella cosas que no caben o que no corresponden, a descargar nuestras responsabilidades y traspasárselas a ella, a adjudicarle una excesiva importancia, a dejarla al mando del futuro, o a utilizarla como excusa para aplazar continuamente lo que debiera emprenderse ya.


Veamos en el diccionario.


ESPERANZA (viene de esperar): Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.


El peligro que nos puede aportar en este caso es que nos auto-engañemos pensando que es alcanzable algo que realmente es inalcanzable, algo que sólo tiene posibilidades en nuestra fantasía o imaginación, algo que sólo puede existir en el mundo de la utopía.


ESPERANZA NO ES LO MISMO QUE SUEÑOS.


En los sueños no hay límites, no hay imposibles, no hay realidad, así que es conveniente no tener la esperanza de que un día se presente el Rey de España en la puerta de casa a pedir matrimonio y por vivir con esa esperanza dejar estacionada la vida sentimental, ni es muy sensato quedarse sentado en el sofá con el mando a distancia de la televisión en la mano, en pijama y sin afeitar, esperando que el Consejo de Administración de Cocacola venga a buscarle a uno porque necesitan un Director General, ni es prudente mantener la esperanza de que un día se van a arreglar todos los problemas personales simplemente porque la imaginación desbordante –y vaga e irresponsable- proponga esa idea y descanse en la ilusión infinita de la esperanza.


Porque la esperanza no es algo sólido, con entidad, algo que es infalible, ni un Hada Mágica que cumple todos nuestros caprichos y deseos, sino que es simplemente una posibilidad que se sustenta en la incorporeidad de una expectativa que jamás se compromete a cumplirse.


Confiar exclusivamente en la esperanza equivale, en demasiadas ocasiones, a no tomar decisiones y esperar, a no afrontar la situación y esperar, a quedarse quieto y esperar.


Yo soy más partidario del dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Confiar, sí. Esperanzarse, sí. Pero no dejar todas las responsabilidades en manos de que la esperanza haga un milagro.


Es conveniente no engañarse, y saber cuándo hay que dejar de apoyarse en la esperanza, cuándo hay que dejarla que se diluya, aunque no haya cumplido nuestras expectativas, y que no sigamos manteniéndola con vida artificialmente.


Hay que saber cuándo decir “hasta aquí ha llegado el tiempo de confiar en la esperanza, pero ahora me toca a mí hacer ya lo que tengo que hacer. Ahora todo depende de mí”.


Me inquieta –esto es cierto- que las personas la interpreten mal, la modifiquen a su gusto separándola de la realidad y adjudicándole poderes o responsabilidades que no tiene, y en cambio, en mal cambio, no hagan lo que tienen que hacer –esforzándose-, no afronten que hay algo de lo imposible que es imposible -si uno se esfuerza-, que las utopías sólo existen en el irreal mundo de las utopías, que la mayoría de los sueños sólo pueden hacerse realidad en el mundo de los sueños, y que es conveniente tener confianza en que las cosas pueden mejorar o van a mejorar –si uno se esfuerza-, que el futuro puede ser mejor que el presente –si uno se esfuerza-, y que la fe bien administrada –lo mismo que la esperanza- tiene utilidad pero no están a nuestras órdenes para hacerse realidad simplemente porque es nuestro deseo.


Una prudente esperanza es buena y una ilusionada confianza está muy bien, pero seamos sensatos y sepamos cuándo se pueden volver en nuestra contra. Y evitémoslo.


Te dejo con tus reflexiones…



Francisco de Sales


“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

Si te ha gustado ayúdame a difundirlo compartiéndolo.



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