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¿ME PERDONO MIS CULPAS?


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¿ME PERDONO MIS CULPAS?

 

 

En mi opinión, todos albergamos en algún sitio, más o menos escondido, y más o menos reconocido y aceptado, algún sentimiento de culpa.

 

Y escribo “todos” a pesar de que en numerosas ocasiones he dicho que no se deben utilizar esas palabras tan absolutas, tan rotundas, tan dictatoriales que no dejan ni un resquicio para una excepción, como son “todos”, “nadie”, “siempre”, “jamás”, “nunca”…

 

Pero sí, todos tenemos algún sentimiento de culpa, con razón o sin ella, como una realidad o como una sensación, porque la vida que llevamos vivida ya es un poco larga y hemos tenido tiempo suficiente como para equivocarnos más de una vez, como para hacer más de una cosa “mal” o inconscientemente, como para haber perjudicado a más de una persona…

 

¿Y qué se puede hacer con ese sentimiento?

 

Pues darse cuenta de ello, reconocerlo, aceptarlo, no disfrazarlo ni negarlo ni quitarle importancia si la tuviera, asumirlo, y dejar que remueva el corazón o los sentimientos. Y mejor si los remueve por última vez.

 

Para que así sea, es conveniente que seas consciente de tus culpas, pero ese es solamente el primer paso. Y es un paso imprescindible.

 

El siguiente paso es darte cuenta de que “tus culpas” no son “tus culpas”.

 

Son de otra persona que habitaba en ti en otro momento de tu vida.

 

Son de otra que tenía unas circunstancias personales y emocionales distintas de las que tienes ahora.

 

Y no tenía el conocimiento que tienes ahora, ya que por una parte has evolucionado y por otra parte conoces el resultado de lo que hiciste o no hiciste, y por tanto ahora sí sabes lo que tenías que haber hecho o no tenías que haber hecho.

 

Pero aquel era otro momento, y tú eras otra persona aunque tuvieras el mismo nombre y los mismos apellidos que tienes ahora, aunque te parecieras mucho y compartieras la misma familia. Eras otra.

 

Y que hoy critiques o culpabilices a aquella, es injusto.

 

En mi opinión, no tienes derecho a juzgarte, ni siquiera tú mismo tienes derecho a reprocharte, a reclamarte, a castigarte.

 

Sí está bien -y es lo positivo de este ejercicio que te propongo- que tomes nota de lo que has comprobado que es mejor no volver a repetir, o de lo que debes hacer si se presenta una situación similar, para tenerlo en cuenta y hacerlo del modo adecuado.

 

Desde este momento de tu vida en el que te encuentras ahora, en que eres más comprensivo y estás abierto a reconocer que no todo lo has hecho “bien” en el pasado, sólo puedes agradecer a aquella persona que fuiste que te haya traído hasta hoy, y que con su inexperiencia, o sus miedos, o su imposibilidad de hacer otra cosa, te haya permitido que hoy seas un poco más sabio porque has aprendido la lección que todas las cosas que nos suceden en la vida traen implícita.

 

No es necesario que celebres “tus culpas”, pero tampoco que hagas de ellas un drama, y menos aún que sean el motivo para reincidir continuamente en una mala o fría relación contigo.

 

Lo que pasó, pasó. Lo que no se hizo, no se hizo.

 

Así se aprende en la vida ya que no nos preparan para hacerlo bien.

 

Se aprende a base de prueba y error, a base de actuar con buena voluntad aunque luego se demuestre que sólo con la voluntad no es suficiente, o se aprende arriesgándose. Hay momentos en que uno tiene que tomar una decisión y tiene que tomarla aunque no conozca cuál es la adecuada o cuál es la mejor.

 

Y “equivocarse” –o sea, que al final las cosas no salgan como uno hubiera deseado- es una de las opciones que lleva implícita cualquier decisión que se tome. Uno puede acertar y hacerlo bien –y eso deja una sensación satisfactoria- o “equivocarse” –y eso deja un sentimiento lleno de culpas y reproches-.

 

Y si tu caso es el segundo, te conviene no regodearte en ello, no reprochártelo continuamente, no usarlo contra ti, no ser tan cruel y vengativo como para estar acusándote por algo que ya pertenece al pasado y a tu montón de experiencias.

 

La solución pasa por aceptar –como ya he escrito- que sucedió lo que sucedió, sin negarlo, sin menospreciarlo ni exagerarlo, sin estancarse en ello ni usarlo como instrumento de auto-tortura, sino como parte de la vida, formando parte del aprendizaje en esta tarea –difícil a veces- que es vivir.

 

Si padeces un sentimiento de culpa por algo déjalo ir, abrázate, date permiso para ser humano y equivocarte, no te exijas la perfección porque no somos perfectos, no deteriores la relación contigo por nada.

 

Te queda mucha vida por delante y vas a tener que estar contigo en cada uno de esos millones de segundos.

 

Borrón y cuenta nueva. Volver a empezar. Desde cero y sin rencores atrasados.

 

Repito: Abrázate.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

Si te ha gustado ayúdame a difundirlo compartiéndolo.

(Más artículos en (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum)

 

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