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  1. GASTA MÁS EN LOS OTROS En mi opinión, los resultados que ha ofrecido un estudio realizado recientemente confirman lo que ya imaginaba por conversaciones que he tenido con respecto al asunto de lo que las personas gastan y cómo y en qué y por qué. Hay gastos que son inevitables y hay que afrontarlos necesariamente, pero al final siempre queda alguna cantidad que uno puede gastar “libremente”. Se ha verificado que da más satisfacciones lo que uno gasta en “hacer” que lo que gasta en “tener”. Produce mucho más placer–y además es más duradero- lo que se gasta en ir a un concierto o a una cena con unos amigos que comprarse unos zapatos o una prenda de ropa que luego van a pasar más tiempo en un armario que puestos. Con el dinero no se compra la felicidad, como dice el dicho, ya que lo que se compran son los placeres. Y no es lo mismo. El placer es efímero, la felicidad perdura en el tiempo. El placer puede ser un asunto del ego, o del personaje, pero la felicidad es personal e intransferible. Uno ha de ser consciente de sus limitaciones con el presupuesto de lo que se puede gastar, pero será bueno que tenga en cuenta la opción de gastar en los otros, cada uno en la medida de sus posibilidades. Al margen de que sea considerado una obra de caridad y solidaridad, una demostración de empatía y compasión, y de que sea también la respuesta a una petición imperiosa de la conciencia que conviene escuchar, la generosidad con los otros produce una satisfacción espiritual impagable, que no lo produce ninguna otra cosa que se pueda hacer con el dinero. Gastar en los placeres propios –fuera de las necesidades básicas reales- es un asunto que se hace generalmente para dar satisfacciones al ego malo. No está mal del todo. Uno tiene derecho a darse caprichos porque para eso se esfuerza en trabajar –o sea, para eso renuncia a una parte de su tiempo de vida para conseguir ese dinero-, pero también hay una voz menos ruidosa que pide compartir los bienes propios con los que realmente lo necesitan. Se le puede llamar empatía, apoyo, fraternidad, amor… se puede denominar con cualquiera de esos nombres que indican humanidad y generosidad. Gastar en comprar para uno satisface al ego, gastar en los otros le produce satisfacción al Ser, complacencia al alma, y bienestar al corazón. Y no es necesario dedicar una cifra desorbitada para ese capítulo. De sobra conocemos que los más pobres son los más generosos. Estará muy bien depositar una ayuda en la mano suplicante que nos recuerda sin palabras que nosotros estamos en mejor situación que el propietario de la mano. Como hermanos tenemos una obligación no escrita de colaborar en su bienestar. Estará muy bien gastar un poco de nuestro tiempo en consolar a quien sufre, en dar de comer al hambriento y de beber al sediento, en abrazar al desamparado, en consolar al afligido, en ayudar a quien nos necesita, en ofrecer para ello una parte de nuestra vida que es nuestro bien más valioso. Y también estará muy bien colaborar con nuestro dinero para que los necesitados –que son muchos más de los que vemos, sólo hay que estar atentos para descubrirlos- pueden tener un poco más de dignidad en su vida y un poco más de paz en su vida. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web con poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  2. CAPÍTULO 63 - NO ESTAR INTERESADOS EN QUE LA RELACIÓN VAYA BIEN. - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 63 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Mucha atención a este capítulo. Algunas mujeres, afortunadamente pocas –y sin darse cuenta, ya que esto es absolutamente inconsciente-, no están interesadas en encontrar un hombre bueno o una buena relación, sino que buscan expresamente un mal hombre o una mala relación. Se puede llegar a ello por diferentes motivos, pero básicamente se trata de que han tenido previamente una mala experiencia personal en una relación, o se han criado en una familia donde el padre tenía una actitud reprochable y fue pésimo en su función de padre o de marido, o es porque tienen aprendido el concepto de que todos los hombres son malos y todas las relaciones son insatisfactorias; también puede ser porque tienen algún tipo de trastorno que lea lleva a sentir aversión hacia los hombres –misandria- o fobia a los varones –androfobia-. También se da, pero en menor medida, el caso de aversión a las mujeres –misoginia-. El caso es que desde antes de comenzar una relación ya están predispuestas para ver solamente el lado negativo de él, y todo lo que tenga que ver con él les va a parecer mal –aunque conscientemente no acepten que actúan así-. Más que la felicidad al lado de otro, en su ofuscación psicológica y sentimental lo que buscan es confirmar esa idea fija, casi obsesiva, que tienen de que todos los hombres son iguales de malos, que todos son como esa figura masculina infernal que tienen interiorizada, que todos los hombres maltratan, desatienden, o desprecian; es inconsciente, pero obtienen mayor satisfacción por encontrarse con uno que les confirme la malignidad masculina, para tener razón, que por encontrar el hombre bueno que les haga ver que su prejuicio está equivocado. Hay muchísimos hombres amables y cariñosos que saben llevar bien una relación y respetar y amar a las mujeres. Y utilizo amables en su acepción menos usada, que es la de “dignos de ser amados”. Quien se encuentra en este caso necesita, sin duda, ayuda profesional para resolverlo, porque es tan sutil, y está tan oculto la mayoría de las veces, que ni siquiera una misma se va a dar cuenta de que se ha convertido es su enemiga más encarnizada y que es ella quien se boicotea todas las posibles relaciones. En ese observarse continuo que debiera formar parte de la vida, cada persona se puede dar cuenta sobre si pone un interés muy especial en ver sólo la parte negativa de su pareja, si magnifica mucho los detalles desagradables que en realidad son poco más que insignificantes, y si está muy agresiva y pendiente de saltar a la yugular a la mínima ocasión. En cambio, si decide seguir sola, o solo, para confirmar “que todos son malos, todas son malas”, que tenga la decencia y la honradez de asumir que no es cierta su excusa y que prefiere estar en soledad pero teniendo alguien a quien culpabilizar de ello. Son casos excepcionales, pero suceden. Conviene comprobar si uno lo está haciendo de algún modo, aunque sea en menor medida, con su pareja. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Ser honrado y objetivo al valorar a la otra persona y sus hechos. - No tener prejuicios en la relación. - Cuando se tenga algún conflicto con el otro, comprobar si realmente es culpa del otro o no. - Cuando uno es demasiado exigente conviene ver qué hay en realidad detrás de esa exigencia. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  3. HE COMETIDO EL PEOR DE LOS PECADOS. NO HE SIDO FELIZ. He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías. Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado La sombra de haber sido un desdichado. En mi opinión, este poema de José Luís Borges, titulado El remordimiento, expresa con claridad el lamento de una persona que hace un balance objetivo de lo que ha sido su vida. Parece que, en su caso, ya le parece para tomar decisiones que eviten llegar a esa desolación y de eso se queja al mismo tiempo alerta a todos los demás para que evitemos llegar al final con esa frustración inconsolable de lo no hecho y lo no vivido. Hay otro poema -que se le adjudica a él, aunque parece que no es suyo-, que redunda en esta misma idea. Se titula Instantes. Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante. Pero ya ven, tengo 85 años... y sé que me estoy muriendo. La invitación es clara en ambos casos: aliarse con la felicidad, disfrutar, implicarse con lo que se hace, VIVIR LA VIDA con intensidad, priorizar LA VIDA, ser conscientes de su limitación al tiempo que estemos aquí. El tiempo de estar en la Tierra y vivos podría entenderse como un recreo, un lugar de disfrute, un premio que nos ha sido concedido, pero en bastantes casos acaba derivando en un infierno porque tal vez nos complicamos excesivamente; tal vez no somos capaces de objetivar esas cosas que acabamos llamando problemas, a los cuales otorgamos innecesariamente un poder que utiliza contra nosotros para dañarnos. Los poemas también muestran que la acumulación de años implica la renuncia obligatoria a hacer ciertas cosas para las que se necesitan aptitudes que la mucha edad niega. Es una forma de decir “haz mientras puedas hacer porque llegará el momento en que no podrás hacer ni aunque quieras”. Lo cual es una verdad incuestionable. Aplazar para más adelante eso de vivir y hacer cosas las condena a su extinción. A veces “más adelante” nunca llega o cuando llegar es demasiado tarde. VIVIR es una tarea inaplazable, cada día hay que VIVIR ese día. La felicidad no se encuentra por azar, ni uno es encontrado por ella: hay que fabricarla. Y requiere y merece toda nuestra atención. Cuando toque dejar el cuerpo y la persona que hemos sido… ¿qué valoraremos?, ¿cómo nos saldrá de positivo o negativo el Juicio Final que nos hagamos?, ¿qué nos llevaremos?, ¿será una sonrisa de satisfacción, el alma en paz, o la tristeza de una ocasión excepcional perdida?, ¿ será un llanto ácido el resumen del balance?, ¿un arrepentimiento inconsolable?, ¿o será la sensación sonriente de poder decir –tal como escribió Pablo Neruda- “confieso que he vivido”? Lo que uno quiera hacer con su vida a partir de ahora es mejor que empiece a decidirlo ya y que se responsabilice de esas decisiones y se comprometa íntegramente a cumplirlas. Ahora es el momento. Posiblemente más adelante ya sea tarde. Ojalá no tengas que escribir tú también los lamentos de Borges. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web con poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  4. CAPÍTULO 62 - OLVIDARSE DEL ROMANTICISMO - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 62 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. La pareja no se sustenta solamente del amor y la sexualidad, sino que también requiere del romanticismo y la ternura. Hay que reconocer que la mujer está más preparada para la relación de pareja que el hombre. Para algunos de ellos –no todos- estar en pareja es más un trámite para poder acceder o disponer de ciertas cosas que le son útiles o le cubren necesidades básicas, mientras que para ellas es algo que valoran en su justa medida. La relación, para ellas, es mucho más que la mera convivencia, más que compartir lo que han conseguido crear entre los dos, más que ver juntos cómo se pasa el tiempo, más que envejecer uno junto al otro dejando que mueran los días sin aportar nada. Para ellas, la relación tiene un ingrediente muy interesante: la magia del amor, que es lo que hace que se mantenga la ilusión de seguir estando junto al otro. En esa magia está incluido el romanticismo, que es alimento natural para las almas y para el corazón, y es lo que pone brillo en los ojos, sonrisa en todo el cuerpo y esperanza en la vida. El hombre, en general, se siente muy incómodo con eso del romanticismo, porque es una situación no natural y bastante forzada para él; es como representar un papel que sabe que a ella le agrada, pero él se siente extraño representándolo porque lo suyo habitual está más cercano al materialismo. Preferiría que fuera algo que se puede comprar para poder regalarlo, porque el hombre –en general- siente vergüenza de ser romántico. Y si se pudiera quitar el romanticismo de la relación, sería mejor. Más comodidad. Menos complicaciones. Ya le resulta bastante incómodo oírle decir a ella de vez en cuando: “¡qué poco romántico eres!”, o “nunca tienes detalles conmigo”, o “nunca me dices que me quieres”. La buena noticia es que el hombre que supera esa especie de decreto con el que nace instalado en los genes o en el inconsciente –y que se le recuerda y reafirma en los roles adjudicados a cada uno-, y una vez que se escapa del mandato de “los hombres no lloran” –que le condena a reafirmarse en su papel de tipo duro-, y si le deja de importar que los amigotes se rían de él cuando les cuenta el detalle sensible que ha tenido con su pareja, es muy posible que esté preparado para sacar sin pudor a ese romántico que todos guardan bajo llave en la caja fuerte. Será bueno que la mujer comprenda que el hombre está muy condicionado para dar luz verde a su lado arrebatador –¡a qué hombre enamorado no le gusta sentirse deslumbrado por la sonrisa de ella cuando se ha tenido un detalle romántico que la ha impresionado!-, pero el esfuerzo para él es triple, es titánico, porque es luchar contra siglos de una costumbre que no se sabe quién instauró, y también es enfrentarse –simbólicamente- a todos los hombres tipo machito duro, aparentemente insensibles, que se empeñan en perpetuar la especie de los hombres sin alma, sin sentimientos, anclados en un papel secular que se desmorona en cuanto se deja de reforzar con argumentos trasnochados. Por eso es conveniente tener paciencia en este asunto -pero no dejar de insistir-, tener cuidado y no ser muy pesada –pero sin desfallecer ni ser agobiante-, y teniendo cuidado de qué se hace con sus detalles y agradeciéndoselo con una de esas sonrisas que a él le hacen temblar por dentro –aunque ni lo diga ni lo demuestre-, o con una de esas caricias que le estremecen –y que tanto le gustan-, o con una palabra que sólo les pertenece a ellos y a su intimidad, o con cualquier otro detalle agradable, para que él se sienta motivado en su crecimiento sentimental. Parece que las mujeres enamoradas tienen que reeducar a los hombres en el mundo de los sentimientos. Es ella quien tiene que estar atenta y no desperdiciar ningún detalle romántico de él, aunque sean detalles un poco torpes o ligeramente chabacanos –el buen gusto se le puede inculcar, y lo importante es que se acostumbre a tenerlos-; está bien decir que sí a la cena que él haya propuesto –aunque haya que hacer algún ligero retoque que él no perciba-; poner buena cara ante el regalo –no siempre acertado-, y no despreciarlo o minusvalorarlo –es en otro momento cuando se le orienta mejor hacia lo que le gusta a una-; y quien tendrá que llevarle de la mano por el ajeno y desconocido mundo de la delicadeza y la ternura. Es ella quien no debe olvidar el romanticismo, y sí promoverlo, para que no desaparezca de sus vidas esa parte tan fundamental y tan gratificante. Y todo esto no es aceptar o perpetuar el machismo, sino educar a los hombres que no saben desenvolverse bien en este terreno. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Mantener el romanticismo es cosa de los dos, pero está bien que sea el más o la más inteligente quien haga lo necesario para mantenerlo vivo. - La seducción no ha de acabar nunca. - Amar es querer lo mejor para el otro o la otra. - El romanticismo es, también, un ingrediente básico y necesario. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  5. TODOS ARRASTRAMOS UN PESADO PASADO En mi opinión, esto de que los padres críen a sus hijos con más voluntad que buenos conocimientos nos acaba perjudicando de uno u otro modo, y en mayor o menor cantidad, a todos. Como la educación que nos dan a los hijos –en general- se limita a lo más básico –estudios y normas sociales-, y no nos preparan expresamente para afrontar del modo correcto la vida y las cosas que van a suceder a lo largo de ella, y como no nos proveen los conocimientos y las oportunidades para tener las experiencias que vamos a necesitar para aprender, es lógico que los hijos acabemos viviendo la vida con más voluntad que buenos conocimientos, y eso lleva sin remedio a tener errores o fallos, y a acumular motivos de los que poder lamentarse a lo largo de la vida. Así viene a ser prácticamente en todos los casos. Acumulamos motivos de arrepentimiento por acciones que nuestra inexperiencia y falta de preparación no han sabido resolver del modo adecuado, almacenamos el desagradable resultado de algunas peleas con nosotros mismos en las que nos hemos culpabilizado… tal vez injustamente; nos hemos permitido cargarnos con fallos de los que no somos culpables pero han acabado afectando a nuestra Autoestima, a nuestro Amor Propio, y hasta hemos llegado a considerarnos muy torpes o inútiles en esta tarea de vivir, cuando lo que ha pasado, simplemente, es que nadie nos había preparado. Esas cosas acaban convirtiéndose en un pesado pasado del que no sabemos o no podemos deshacernos. Es un lastre muy duro de soportar. Nos exigimos como si fuésemos expertos en esto de vivir y no pasamos de ser simples novatos aficionados que vamos lidiando los problemas según se van presentando. Es contraproducente seguir arrastrando las cosas desagradables del pasado, manteniéndolas en un perpetuo presente y sin permitir que se diluyan, porque no es necesario arrastrar cada experiencia completa sino que es suficiente con aprender lo necesario de aquello que sucedió y quedarse sólo con el aprendizaje. El hecho, y la parte desagradable del hecho, son prescindibles, son nada más que un sobrepeso que dificulta los pasos hacia el futuro, así que es mejor deshacerse de ello. Y es igual que nos hayan hecho daño y que sigamos transportando la rabia o el dolor, que si se trata de algo que hicimos sin mala intención pero afectó a otros. Sea lo que sea… es pasado. Y hay que dejarlo en el pasado y caminar sin ese pesar, desocupando ese espacio para que quepan cosas buenas y agradables. De ese modo irá cambiando también la visión del pasado y no seguirá saliendo solamente negativo. Liberarse de las consecuencias desafortunadas del pasado aligera el paso y el alma. El hecho de ser Humanos nos da el derecho a equivocarnos. Equivocarse es algo común, y es algo que hay que aceptar con naturalidad y sin hacer de ello algo extraordinario que requiera una reprimenda fuerte. Sólo requiere un momento de reflexión para sacar el aprendizaje y nada de regodearse masoquistamente en ello. Considero que todo lo que sea castigarse es inútil, que todo lo que sea un pesado lastre que no aporte y sí perjudique es negativo, que toda la angustia o la rabia que uno mantenga vivas y actualizadas contra uno mismo son una injusticia. Somos el presente, estamos en el presente y el presente es lo único que está vivo. Pretender mantener vivo el pasado, y especialmente la parte menos agradable y más auto-agresiva del pasado, es un acto que debiera sentirse como vergonzoso y que solamente demuestra la deslealtad de uno hacia sí mismo. Conviene revisar una a una todas esas cosas de nuestro pasado por las que sentimos vergüenza, aquellas de las que nos arrepentimos, las que sabemos positivamente que están mal, y pedirles/pedirnos perdón desde el corazón y pedirles/pedirnos permiso para seguir adelante y desde cero, borrando el efecto afligido de lo pasado, con el compromiso de prestar más atención para que no vuelvan a suceder esas mismas cosas ni otras que acaben siendo infortunadas. Date cuenta de lo tremendo que es lo que estás haciendo si permites que tu pasado, sea el que sea, esté arruinando también tu presente. Bastante tienes con haberlo hecho mal en el pasado. No lo sigas haciendo mal en el presente auto-castigándote por ello. Decide. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web sobre poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  6. CAPÍTULO 61 - PARTICIPAR EN LUCHAS DE PODER - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 61 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Si la relación llega a un punto en que lo único que les une ya son las ganas de demostrar quién es más fuerte, quién tiene más rabia acumulada, quién está más capacitado para destruir y para hacerlo con más tenacidad, quién conoce mejor los entresijos del otro y tiene más habilidad para hacerle daño, o para vengarse con más feroz crueldad… eso quiere decir que han llegado ya a ese punto en que la mejor –o la única- solución para resolver sus diferencias es emprender caminos separados. Ninguno de los dos es más que el otro. Ni debe serlo. Nunca se planteó la relación como una lucha de poder, ni se pretendió que uno fuese el Rey -o la Reina- y el otro el vasallo -o la vasalla-. Se trataba –y se trata- de compartir, de ayudarse, de engrandecerse mutuamente, de prosperar juntos, de ser felices y hacerse felices, y no de arruinarse la vida. Cuando se llega a este punto de no retorno, u otro similar, conviene echar mano del Amor Propio, de la dignidad, de la conciencia de que sólo se dispone de una vida y es mejor no desperdiciarla, y entonces poner un punto final del modo más decente posible dándose ambos la libertad para poder ser felices con otra persona. En el momento en que uno se da cuenta de que su relación se ha convertido en una guerra de veinticuatro horas al día, y que en cuanto se ven comienzan con las caras serias –duras-, las miradas secas –o la falta de miradas-, los detalles fríos –o violentos-, y no tienen palabras que no lleven entre sus letras rencor, reproches, odio y resentimiento, desamor o llanto… es momento de rendirse, de abandonar con honor la lucha, y de emprender el camino hacia la paz personal. Hay otro tipo de poder: la mujer no se ha de olvidar que ella está mucho más preparada que el hombre para la relación, que éste es consciente de ello, y eso le hace sentirse en inferioridad de poder emocional –y a veces trata de compensarlo o de suplirlo con el poder físico o psicológico-. La mujer expresa y vive mejor y más intensamente sus emociones y sentimientos –tiene permiso social para ello mientras que el hombre, en cambio, siente que lo tiene prohibido-, se maneja mejor con el afecto y su expresión, y se comunica de otro modo más natural en los asuntos esenciales de la vida. El hombre, sin darse cuenta de ello en la mayoría de las ocasiones, reacciona a la defensiva en ese aspecto, y teme el enfrentamiento emocional contra ella. Por eso a veces hay temas que el hombre rehúye: porque se considera incapacitado para ellos, y en inferioridad de condiciones, y ese ámbito no es habitual para él, acostumbrado a tener el poder en otros terrenos. Conviene entonces que la mujer, mucho más inteligente y poderosa en este aspecto, trate al hombre de modo que –sin ceder ni conceder nada que no desee- no se sienta amenazado; que sea magnánima y muy comprensiva, y que mire por el interés de la relación –si realmente sigue interesada en ella- y no por demostrar su superioridad en este aspecto, lo que podría conducir a una guerra innecesaria. En lo único que sí conviene ser el más poderoso es en la capacidad de amar. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Ambos han de estar de acuerdo en evitar los conflictos inútiles. - Ninguno de los dos es más que el otro. La pareja son dos iguales. - No hay ninguna necesidad de demostrar poder. - En las luchas por el poder los dos serán perdedores. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  7. SÓLO HAY DOS COSAS REALMENTE SEGURAS En mi opinión, es bastante cierta esa mentira de que sólo hay dos cosas que son realmente seguras: nacer y morir. Hay muchas otras cosas que se pueden dar por seguras también, como que comeremos, beberemos, dormiremos, defecaremos, etc., pero carecen de la rotundidad y la tremenda fuerza que tienen las otras dos. Sabemos que nacimos, aunque no lo recordemos, así como sabemos –y no siempre lo queremos aceptar- que moriremos, que algún día seremos el protagonista de un hecho que congregará en nuestro alrededor a la gente que nos quiso; algunos de ellos llorarán y otros se comprometerán –y no siempre lo cumplirán- a recordarnos “para siempre”. El día que la muerte se presente a reclamar nuestro cuerpo será ya tarde para hacer cualquier cosa que tengamos pendiente. A veces, en ese temor a relacionarnos con el hecho inevitable de nuestra propia muerte, conlleva que no nos paremos a dedicarla a la vida la atención que merece. Muchas veces dejamos que los días se vayan vacíos de nosotros, porque no hemos dedicado el tiempo necesario a reflexionar sobre qué queremos poner en ellos. Demasiadas veces se nos olvida que durante la mayoría del tiempo podemos poner en nuestra vida lo que queremos. Claro que para poder hacerlo primero tenemos que saber qué es lo que RELEMENTE queremos. Y, claro, para saberlo es necesario pararse a preguntárselo o tener conectada todo el día una alerta que nos avise de cuándo hay algo que nos satisface y cuándo hay algo que nos desagrada. Tal vez no sea necesario llegar al extremo de la propuesta que se hacía a diario Steve Jobs: “si hoy fuese el último día de mi vida… ¿querría hacer lo que voy a hacer? Si la respuesta era NO demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo”. O tal vez sí sea necesario llegar a ese extremo y no conformarse sólo con mirar de refilón y de vez en cuando nuestra vida y conformarnos con la débil queja de “tengo que cambiar”. He escrito varias veces acerca del Tiempo de los Arrepentimientos y de que estoy prevenido y convencido desde los 13 años de que me va a llegar; por ese motivo he procurado tener la vida más consciente posible -dentro de las limitaciones que tiene esto de ser Humano- y he procurado no tener muchas cosas de las que arrepentirme. A pesar de ello, el día que escribo esto tengo 66 años y tengo muchas cosas de las que arrepentirme. Creo que esta innegable aproximación al momento de mi muerte y la dolorosa constancia de que ya no podré hacer muchas cosas de las que aparecen entre mis auto-reclamaciones me hacen sentirme mal. O muy mal. No hay que tener temor a enfrentarse a esta incuestionable realidad de que la muerte nos llegará. Para mí, hablar de muerte es hablar de vida. De la vida que es actual y que aún estoy a tiempo de vivir de otro modo, con otros objetivos, sin algunos condicionamientos, más libre o más audaz o más intensamente o haciendo otras cosas o más feliz. Cada uno es autónomo para decidir y cada uno es responsable de qué hacer con esas decisiones. Alguien me habló de un ejercicio interesante que se puede hacer. Se necesita un bolígrafo y varios folios. Y valentía. Y sinceridad. Y Amor Propio. Y disponer de tiempo para hacerse una pregunta y darse respuestas. Si tuviese 10 vidas… ¿qué haría en cada una de ellas? Responder puede requerir horas o varios días, así que conviene conseguir que se mantenga presente, activa, y que esté abierta a la sinceridad del corazón cuando responda, porque se trata de hacer en esas vidas lo que REALMENTE uno siente que quiere. La mente y el ego aliados propondrían respuestas relacionadas con el éxito, la fama, el dinero, u otros asuntos materiales. En cambio, desde el corazón contestaría nuestro Niño Libre Interno, o saldrían nuestros deseos más reales, lo que de verdad satisface al Ser. Tal vez no podamos realizar esos 10 deseos, y seguro que no podremos vivir las 10 vidas en una, pero sí que será útil para saber lo que de verdad queremos, que es algo que a menudo queda relegado por las obligaciones y las responsabilidades o por los compromisos. Si uno escribe “poeta”, tal vez no pueda dedicar toda su vida a la poesía, o dedicarse profesionalmente a ello, pero sí que puede sacar de donde sea unos minutos cada día, o más tiempo los fines de semana, para vivir esa vida que está sin vivir, para poder desarrollar ese deseo oculto y relegado, eso a lo cual no podrá consagrar esta vida porque las circunstancias le han llevado por otros caminos. Es muy posible que sentirse poeta aunque sea por unos minutos compense y calme a la frustración de no poder serlo a tiempo completo. Durante ese tiempo, uno se sentirá poeta y habrá encontrado otra satisfacción que añadir a su vida. Lo que has leído es sólo un ejemplo. Cada uno escribirá 10 cosas que serán distintas de las de otras personas, y algunas tal vez sean imposibles, pero otras pueden despertar de su letargo y pueden vivirse parcialmente –que siempre es mejor que nada-. La vida, esta irrepetible e irrecuperable vida nuestra, requiere de toda nuestra atención EN ESTE MOMENTO, antes de que sea demasiado tarde, antes de que las cosas se conviertan en imposibles, antes de que sigamos añadiendo motivos por los que arrepentirnos. La muerte es menos incómoda cuando uno ha tenido una vida en la que ha podido ir realizando sus sueños y cumpliendo sus ilusiones. Eso de dar contenido a la vida tiene que ser ahora. Eso de abrazar y abrazarse tiene que ser ahora. Eso de ser feliz tiene que ser ahora. Eso de amar tiene que ser ahora. Ya nos previno algún sabio: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web con poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  8. CAPÍTULO 60 - POSESIÓN, PERTENENCIA, DOMINIO. - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 60 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. En la relación de pareja se debiera compartir todo. O mejor… sólo casi todo. Hay cosas, sobre todo los bienes materiales, que pueden ser privados de cada uno de ellos. Y cada pareja también puede tener cosas, no materiales, que sólo le pertenecen a cada uno de ellos y no a los dos. Pero cuando hablamos de los fundamentos básicos de la relación, que son el amor y el bienestar para el otro y para sí mismo, sí que conviene tener claro que no hay nada que uno deba guardarse y no entregarlo. Del mismo modo, tampoco debiera haber un concepto del otro como que es una propiedad privada. Porque el otro es suyo. Solamente suyo. Cuando existe una sensación de posesión del otro, de que se es dueño de su vida y sus actos, eso deja de ser amor para convertirse en una demostración de egoísmo posesivo. Decimos “es mío” o “es mía” con una sensación de posesividad que, vista desde fuera, asusta. Nadie es nuestro. Cada persona, es solamente suya. De sí misma. Según el budismo, que es capaz de explicar la idea con razonamientos convincentes, ni siquiera uno mismo es suyo. Nada nos pertenece. Y quien sea capaz de comprender esto dentro de su corazón se liberará de golpe de una pesada carga de la que no es muy consciente, aunque está ahí gravándole. Uno de los inconvenientes de las posesiones es que llevan implícitas el miedo a perderlas por parte de quien las posee. Lo que no se tiene no se puede perder. Y entender esto resta bastantes preocupaciones a las muchas que todas las personas tenemos. Pretender monopolizar al otro, desde un amor posesivo, es un agobio para el otro que, antes o después, va a afectarle personalmente y afectará también a la relación. El acaparamiento posesivo, por el miedo a perderle, va a conseguir un efecto distinto al deseado, y es que va a avivar en el otro la necesidad de sentirse libre. Necesidad que, quizás, hasta entonces no había contemplado como necesaria. Quien está en una relación, está –o debiera estar- por su libre voluntad, y ese es un argumento lo suficientemente sólido como para no sentir la necesidad de atarle. Si se le transmite al otro una sensación de querer poseerle, se asustará ante la posibilidad de dejar de ser él mismo para pasar a ser una posesión de otro, y eso le lleva automáticamente a una oposición en la que se siente legítimamente autorizado para defenderse. La relación no es un enfrentamiento, y en ella tampoco ha de haber un esclavo y un dueño. No hay que olvidar que la pareja es la suma de dos individuales que no renuncian a ese derecho por el acto de unirse, que el respeto es uno condición indispensable, y que aun habiendo firmado papeles que les unan –tal vez haciéndole creer equivocadamente a alguien que desde ese momento el otro le pertenece- en realidad sólo les une el deseo de estar unidos. Libremente. Si uno se quiere marchar de la relación, si quiere deshacerla, no hay nada que se lo impida. Tal vez uno se sienta obligado a permanecer por la existencia de los hijos que se han creado en común –y no hay que ser de tan mala calaña como para sujetar con este motivo al otro en el sitio donde no quiere estar-, o tal vez se sienta obligado por unas creencias religiosas profundas que le encadenen de tal modo que no sea capaz de escapar de su influencia, o tal vez sea el excesivo respeto, o un fondo de amor que aún le quede, lo que le dificulten dejar al otro sabiendo que con esa actitud es él mismo el perjudicado. Habrá motivos o razones personalizados en cada caso. Pero hay que prestar atención porque unos serán verdaderos y otros serán sólo excusas. Pero si se elimina el deseo de posesión, de dominio, de control, eso beneficiará a los dos, que es de lo que se trata. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - La libertad del otro es un derecho indiscutible. - Ser libre no quiere decir que se puedan hacer cosas incorrectas que afecten a la relación. - Poseer no es amar. - No se puede poseer a alguien en contra de su voluntad. - El deseo de posesión a menudo esconde inseguridades. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  9. NO SÉ CÓMO EMPEZAR A CAMBIAR En mi opinión, uno de los motivos principales por el que las personas que quieren hacer algún cambio en su vida no lo hacen es… porque no saben ni cómo ni por dónde empezar. Generalmente, cuando uno se propone un cambio es porque se le han juntado varias o bastantes cosas que le afectan y con las que no está a gusto. Le agobian. Le hacen sentirse incómodo y con una sensación frustrante y agobiante que le impiden estar a gusto y bien. Otro de los motivos de aplazar ese comienzo es que parece imposible enfrentarse a TODO. TODO es demasiado. Es muy grande y aparenta ser muy poderoso. Y uno está desorientado, agobiado, mal, y no se ve con fuerza para afrontarlo. Con este panorama, el abatimiento tiene mucha fuerza, la desgana encuentra razones suficientes para mantenerse en su sitio, y el desánimo logra una victoria fácil. Una recomendación interesante es aprender a ver los asuntos por separado y fuera de la mente. En la mente están todos juntos y por eso asustan, pero separándolos pierden fuerza; se pueden resolver uno a uno en vez de quedarse inmóvil ante todos ellos. Soy más partidario de empezar con el más sencillo, porque comprobar que se es capaz de resolver uno, cualquiera, es energía para la autoestima. Es muy posible que la autoestima no dé mucho valor a que lo conseguido sea grande o pequeño y solamente lo vea como un triunfo –algo que poco antes no se veía posible- y que eso dará ánimos para ir a por el segundo asunto. El modo de empezar es distinto para cada persona y es mejor que cada una encuentre el que le es más adecuado, aquél con el que se sienta bien. Una buena solución es hacerlo a través de un psicólogo, que será capaz de profundizar más que si lo hace uno mismo y además aportará orden, pauta e ideas, y también refuerzos ante los logros. Si no se desea o no es posible, hay que recurrir a hacer el proceso uno solo. Conviene tener en cuenta lo que sigue. ANALIZAR Y HACER: Amarte. Aprende a estructurar el pensamiento y a controlarlo. Auto-conocimiento. Valora tus posibilidades reales. Capacidades. Virtudes. Debilidades. Voluntad. Creencias. Valores. Conócete en los sentimientos y las reacciones. ¿De dónde vienen?, ¿qué te están diciendo de ti? La autoestima: es beneficioso que esté en el sitio adecuado. Revísala y mejórala si es necesario. ¿Cómo están tu inconsciente y tu sombra? Fomenta tu pensamiento positivo. Las veces que te critiques, que sea constructivamente. Potencia las cualidades, minimiza los defectos. Revisa el concepto real que tienes de ti. ESCRIBIR UN PLAN DE VIDA: Para decidir qué quieres conseguir y cuál es tu meta. Cuidado con los auto-engaños. Evítalos a toda costa. Establece prioridades. Reajusta las cosas de acuerdo con el Plan. Trabaja DIARIAMENTE en ese Plan. Cuidado con que la meta sea realista y alcanzable. Mete cosas satisfactorias, cosas que te hagan feliz, ilusiones, proyectos viables y realistas. BUSCAR INFORMACIÓN: Libros. Cursos. Charlas. Talleres. Internet (hay demasiada información y no toda es buena. Conviene ser selectivo) Reflexionar mucho. CAMINOS: Psicología, Análisis Transaccional, Gestalt, PNL, Coaching, Hipnosis, Inteligencia Emocional, Meditación, Filosofías Orientales, Religión, etc. Hay mucho para elegir y puede ser conveniente compatibilizar más de una de las opciones. VALORAR: ¿Qué es lo mejor para mí?, ¿qué es lo que REALMENTE quiero?, ¿qué no estoy dispuesto a permitir o a repetir?, ¿qué es importante para mí? El resultado final al esfuerzo y la dedicación va a ser positivo, así que cualquier trabajo actual se verá ampliamente compensado con el resultado. ES NECESARIO: Autoconocimiento. Autoconocimiento. Autoconocimiento. Consciencia. Consciencia. Consciencia. Preguntarse. Preguntarse. Preguntarse. (Es necesario tener un soporte donde escribir todo lo que se vaya descubriendo/pensando/sintiendo) Escucha tus diálogos internos. Frena. Para. Alto. No te distraigas con tonterías. Uno mismo es lo más interesante en este momento y, además, es prioritario. El compromiso con tu Descubrimiento y Desarrollo. Estate abierto a nuevas experiencias, nuevas formas de ver las cosas, nuevas ideas. Perseverancia. Es necesario que cuentes contigo a todas horas, que no decaigas, porque habrá momentos en que tengas la sensación de no adelantar nada, incluso de que estás retrocediendo; mantén la tranquilidad porque eso es habitual y no es cierto. Es posible que “fracases” en tu propósito inicial y eso no ha de frustrarte, acéptalo con normalidad, revisa qué no salió bien, cómo evitar repetirlo… y sigue. Reconcíliate contigo si la relación no está siendo fluida, si notas que hay resistencias, o si ves que no colaboras plenamente y te estás boicoteando. Vas a tener que reeducarte. Vas a tener que deshacerte de algunos modos en los cuales crees que estás siendo tú, de algunas cosas que crees que son parte de tu personalidad o carácter, de algunas ideas que están caducadas y sigues manteniendo artificialmente. Y te garantizo que es más difícil deshacerse de lo viejo que incorporar lo nuevo. Acéptate y perdónate. TENER EN CUENTA QUE: En algunos momentos tendrás que obligarte y hacer aunque no te apetezca hacer. Nadie lo va a hacer por ti. Los errores son de humanos, si has errado acéptalo, aprende y olvídalo. Te vas a poner mal al remover algunas cosas. Cuenta con ello. Permítete estar mal en algunos momentos. Practica la autocompasión. TIENES QUE DARTE: Tiempo. Cariño y respeto, siempre. Permiso para que se expresen las emociones negativas. Autorización para equivocarte sin que eso conlleve penalización. ELIMINAR: Reproches y culpas. Auto-castigos Deshazte de los lastres. Esto es solamente lo más básico. Aparecerán más cosas. Pero con estas nociones y sugerencias ya puedes ponerte en marcha en tu Camino hacia ti. Es una tarea que está predicha desde que naciste. Es tu misión en esta vida. No la aplaces. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web con poesía y prosa: www.franciscodesales.es
  10. CAPÍTULO 59 - SER DEMASIADO EXIGENTE - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 59 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Hay personas tan exigentes que cuando se les aparece el Príncipe -o la Princesa- Azul, dicen que no es el tono de azul que querían. Defiendo a ultranza que cuando uno busca pareja tiene que tener claros aquellos asuntos en los que quiere ser irreductible y que los defienda y reclame su cumplimiento estricto. Me parece tan loable como indispensable. También me parece adecuado dejar un poco de margen para que si alguien se aproxima bastante a lo que se está buscando, pero bastante, se colabore con él ayudándole un poco rebajando el nivel. Porque el riesgo que se corre es que, dado que se ha demostrado que la perfección no existe, uno sea tan exigente que las condiciones que tiene que cumplir el otro llenen páginas y páginas, y que haya que ser tan especial, tan exquisito, y tan excelente, que resulte imposible poder llegar. Si alguien es de este tipo de persona será bueno que revise si con su excesiva exigencia está poniendo el listón demasiado alto precisamente para que no haya quien lo pueda alcanzar; tal vez con eso pretende acallar a quien desde dentro le reclama sinceramente una relación –“ya lo estoy intentando”, se dirá a sí mismo- y estará colaborando al mismo tiempo con la parte suya que tiene un miedo tremendo a que realmente aparezca ese hombre, o esa mujer, ya que si se lo pone fácil puede que se quede sin excusas para seguir rechazando la relación de pareja. O sea, que esté engañándose a sí mismo. Boicoteándose y al mismo tiempo quedando –aparentemente- impune. La realidad en el amor, y en la relación, se parece poco a lo que sucede en las novelas pasionales y tampoco es como el amor romántico o el amor galante, ni está acompañado a todas horas por una de esas bandas sonoras que hay en las películas, ni es todo-todo-todo maravilloso. Hay que aceptar que en la relación se pasan muchas horas juntos y con diferentes estados de ánimo, y que hay momentos en los que es necesario enfrentarse a situaciones tensas que no estaban previstas, y hay periodos en los que el amor es algo que se sabe presente o rondando pero no se ve, porque hay que dedicar toda la atención a resolver algún asunto urgente que ha aparecido, o porque uno está tan enfrascado en la búsqueda de las soluciones de lo rutinario o tan atento a su trabajo que no le cabe nada más y la demostración del amor queda en espera, para cuando llegue el momento de estar con la pareja y amarse. El amor está, pero no se ve ni se manifiesta en todos los instantes de lo cotidiano. Esto me hace recordar algo que me contó una mujer. Decía que, a veces, en determinados momentos tensos, flaqueaban sus sentimientos con la sensación de que no quería a su marido. Sabía que era un pensamiento ajeno producto de la tensión del momento. Me decía: “a veces creo que no amo a mi marido, pero no me importa esa sensación efímera porque sé que le amo tanto…” Ser demasiado exigente y querer vivir el amor de un modo supremo que no existe, es auto-condenarse al fracaso: es –y esto es más grave- privarse del placer de amar de un modo real, de la delicia de ser amado de un modo real, y de la maravilla de disfrutarlo de un modo real. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Conviene ser consciente de las limitaciones de la relación. - El amor intenso y apasionado de 24 horas al día es improbable. - Una excesiva exigencia no deja espacio al amor. - Uno tiene derecho a exigir lo mismo que esté dando, pero… no se puede obligar a amar ni a entregar más de lo que uno puede entregar. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  11. ¿QUÉ HAGO CON TANTO DOLOR?video:https://www.youtube.com/watch?v=GH4Jx2NlcawEn mi opinión, esta pregunta que me hizo una amiga se merece una respuesta que es difícil de encontrar.Todos hemos conocido o conocemos el dolor en diferentes momentos de nuestra vida y con distintas intensidades, los incomprendidos y los que tenían un origen muy determinado, los que desaparecen y se olvidan y los que mantenemos obstinadamente vivos y punzantes.El denominador común ante los momentos de dolor es el rechazo. Nadie quiere sufrir, por más que nos hagan creer que tras cada experiencia dolorosa se renace fortalecido.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.Todos los videos están publicados aquí:https://www.youtube.com/channel/UCUNE...Encontrará artículos de Francisco de Sales en: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?action...)Si lo desea, visite mi web: www.(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí:(Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php?page=59Web con poesías y relatos:www.franciscodesales.esinstagram: https://www.instagram.com/franciscode...Twitter: https://twitter.com/buscandomeweb1Correo electrónico: [email protected]
  12. CAPÍTULO 58 - QUERER CAMBIAR AL OTRO - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 58 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Se dice que un buen amor se reconoce porque en él somos exactamente como somos y dejamos que el otro sea exactamente como es. Si uno está de acuerdo con esta idea, llevarla a la práctica le garantiza una relación sin grandes complicaciones y con muchas posibilidades de éxito. Pero… hay una condición. Y la condición es que se haya seleccionado perfectamente a la pareja o que, una vez conocida, se esté de acuerdo en aceptarla tal como es, porque esta frase no tiene sentido si el otro no es de nuestro agrado, se comporta de un modo indeseado, o la relación que se está sosteniendo anima más a la disolución que al mantenimiento. Si el otro miembro es tirano, desagradable, injusto, frío, insoportable, amargado, complicado, repugnante, mala persona, o cualquiera de los sinónimos de características similares a las citadas, se le puede dejar que siga siendo exactamente como es… pero en otro sitio y con otra persona. Para uno, para el que sufre cualquiera de los inconvenientes citados, éstos son argumentos más que suficientes para no seguir en la relación. Querer cambiar al otro es un asunto delicado. Y es un asunto pésimo si el motivo es simplemente para conseguir que el otro cumpla todas nuestras expectativas aunque para ello tenga que renunciar a las suyas. Eso, antes o después, va a pasar factura. Y va a ser una factura abultada. El modo de comprobar lo calamitoso de ello es ponerse en el lugar opuesto y sentir qué pasaría si el otro nos pidiera que renunciásemos a ser nosotros mismos para satisfacer su ego o sus intereses o sus deseos. Tal vez ni siquiera el más consolidado amor justificaría la renuncia. Antes o después, uno se preguntaría quién soy yo en esta relación o porqué no estoy siendo yo mismo, y la respuesta a esto causaría un profundo desasosiego. Un malestar incómodo muy difícil de consolar. Si uno llega a hacerse esas preguntas será el preámbulo de cuestionarse muy seriamente qué hace uno en esa relación si para estar en ella ha tenido que dejar de ser él mismo o ella misma. Sí es interesante negociar las cosas que a uno le parecería bien que el otro modificara -cambiar queda fatal porque suena a imposición-, y es mucho más fácil conseguirlo si al pedir algo uno ofrece otro algo a cambio. Dialogar, hablar, exponer, escuchar… siempre que sea para el mejoramiento de la relación y no para el provecho exclusivo de uno a cambio del perjuicio del otro, siempre es válido y positivo. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - No se puede cambiar a quien no quiere cambiar. - La perfección absoluta es inalcanzable, porque somos humanos. - Aceptar al otro con sus imperfecciones es un acto de verdadero amor. - Si se pide al otro un cambio que sea con amor y no una imposición. - El otro tiene derecho a ser como es, así como uno también tiene derecho a ser como es. - Cuando dices “te amo”, aceptas al otro tal como es. Si no lo aceptas, es suficiente un “te quiero”. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  13. CAPÍTULO 57 - EXIGIR EN VEZ DE PEDIR - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 57 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Parece ser que cuando se formaron las primeras parejas se instauró un régimen jerárquico en el que el varón se situaba en la cúspide, porque era el que salía a cazar y traía comida para la hembra y la prole, y porque él se enfrentaba al peligro mientras ella se quedaba en la cueva; ante el valor y la fuerza necesarios para cazar, demostrados claramente por el varón, y ya que ella no se veía capaz de hacerlo, era su sirviente y reconocía su dependencia. Esa costumbre se fue institucionalizando, y para el varón el servilismo de la hembra se convirtió en un derecho. Al dejarle claro ella con su actitud que era él quien dominaba, se acostumbró a mandar y a ser obedecido, lo que derivó en el supuesto derecho a exigir en vez de pedir. Parece fantasioso, y puede que lo sea, pero también tiene todas las posibilidades de ser real. Lo cierto es que esto de exigir en vez de pedir se ha convertido para algunos en una costumbre, y ya no se ve ni siquiera la necesidad de ser amable a la hora de solicitar algo a alguien, sobre todo si ese alguien es muy allegado. Y si ya de por sí eso es un error –que, sin duda, cometen más los hombres que las mujeres-, se agrava aún más cuando se está tratando con la persona con quien se ha decidido compartir la vida, la persona que le ofrece cuidados, con la comparte prácticamente todo, que se le entrega dándole su amor, y que es, precisamente, a quien hay que tratar con más cuidado y con más cariño. La amabilidad es un símbolo de exquisitez –en el trato y el cuidado-, y “por favor” y “gracias” –que son dos expresiones cargadas de magia capaces de crear pequeños milagros-, deberían abundar en la relación, así como las sonrisas, la cortesía, el respeto, el cuidado y el mimo, la delicadeza, la ternura, y todo aquello que colabore para hacer que la convivencia sea más amable y más gratificante. Mejor pedir amablemente que exigir. Siempre es así. PEDIR es exponer lo que se desea con claridad, permitiendo al otro que decida, que elija, que pueda decir sí o no con su libre voluntad y sin que la respuesta dada pueda ser el inicio de una guerra. Que sea respetada sin consecuencias nefastas posteriores. EXIGIR es imponer, obligar, y no permitir una negativa por la otra parte. O sea, obligar sin respetar la voluntad o el deseo del otro. El varón –por la costumbre citada de su creencia en que es superior- cuando se da cuenta de que no es él quien manda sino que es el mandado, sufre inconscientemente un ataque de pánico por el temor a perder su hegemonía, pero, además, es que siente –aunque no se dé cuenta de que lo siente y aunque no sea cierto- que pierde su papel preponderante y eso es algo que su inseguridad no quiere consentir de ningún modo. Si la mujer es hábil –y seguro que lo es si se lo propone-, cuando desee algo como, por ejemplo, que él le ayude o haga algo que necesite, y si él no quiere colaborar por las buenas –aunque debiera colaborar incondicionalmente, por supuesto-, será más práctico que use su maestría femenina de actuar hábilmente y se presente halagando su hombría o su habilidad para hacer las cosas; si ella se presenta reconociéndoselo, para él será un gesto digno de su magnanimidad hacer lo que ella quiere que haga. Y habrá hecho, sin darse cuenta, lo que él no quería hacer y lo que ella sí quería que hiciera. Habrá ganado ella. Es un truco que funciona. No hay duda: salvo en casos excepcionales, en general el hombre acaba haciendo lo que la mujer quiere. Sólo hay que saberlo pedir. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Está bien exigir en el caso de que haya alguna responsabilidad o algún acuerdo que el otro esté incumpliendo. - Aun en el caso de exigir algo –si es que se tiene derecho a ello- es mejor hacerlo con delicadeza y respeto. - Pedir sin exigir es un legado que tenemos que hacer a nuestros hijos. - Además de exigir hay que saber dar. - Respetar los derechos del otro es fundamental. - Antes de exigir comprueba si tienes derecho a exigir. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
  14. CONJUGANDO EL VERBO LLORAR Llorar tristeza por un ojo y melancolía por el otro. Llorando aún sin saber cómo se hace o cuál es su porqué. Lloremos todo un llanto merecido sin interrupciones ni reproches. Lloran los corazones deshilachados, las almas abandonadas. Lloramos desde un dolor inconsolable que no encuentra quien le abrace. Lloro más con el corazón que con los ojos. Lloraré cada vez que uno de mis sentimientos se retuerza y quiera exprimir sus lágrimas. Francisco de Sales (Más poesías y prosa en www.franciscodesales.es)
  15. CAPÍTULO 56 – VER SÓLO LOS DEFECTOS - LO QUE NO ES APROPIADO - Este es el capítulo 56 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER. Es curioso observar la evolución que sigue el amor cuando no llega a consolidarse firmemente, o cuando se pierde irremediablemente y de manera doliente. Durante el enamoramiento –cuando aún no se le puede llamar amor, pero lo aparenta- se perdona cualquier cosa, todo es de color pastel, y las cosas que no gustan de la otra parte son nimias y no tienen importancia en comparación con la grandiosidad descomunal y extraordinaria de las maravillas que aporta. La música romántica suena constantemente y las mariposas no se alejan de su alrededor ni un instante. Cuando se empieza a convivir un poco más, a veces, algunas mariposas fallecen o emigran y no son sustituidas por otras, la música suena desafinada o no se oye bien, y el color pastel palidece hasta parecer enfermizo. Las cosas que no gustan del otro evolucionan desde la inapreciable nimiedad anterior a una grandiosidad que las hace innegables y el mito de la pareja perfecta se tambalea peligrosamente. Cuando el amor pierde brillo e intensidad, cuando el hombre con quien se está es un simple mortal que ya ha bajado del Olimpo donde fue ascendido, y vuelve a ser como todos, y tiene defectos como todos, y no hay argumentos consistentes que le disculpen o le defiendan, se transmuta y se convierte en una colección de defectos que abultan más que él. El platillo de la balanza de los defectos pesa más que el de las virtudes. O por lo menos es lo que parece. La realidad es que, muy posiblemente, siga siendo el mismo al que se conoció, y es uno mismo quien le ha retirado la aura dorada que le puso en su momento. Desde ese choque con la realidad –la misma realidad que antes no se quería ver-, y porque el amor ya no está muy fuerte y no está presente para justificar lo injustificable, se tiende a la negatividad en vez de ser ecuánime. Lo que tampoco es acertado. Además de esos defectos que ahora resaltan tanto, hay también cualidades y cosas buenas, hay cosas normales -porque todos somos, también y sobre todo, normales-, y hay, por encima de ello, un Ser Humano, vivo, que tal vez nunca se ha proclamado perfecto, y que irá aprendiendo y evolucionando a lo largo de la vida si se le da la oportunidad y el tiempo. Si eres de esas personas que ahora sólo ven los defectos, hay una recomendación para ti: Comprueba, por si acaso, para ver si tú eres una persona más cargada aún de defectos y el otro es simplemente un espejo en el que te ves reflejado. Y, por supuesto, aunque haya puesto como ejemplo un hombre, esto es válido para cualquiera de los miembros de la pareja. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Lo que nos parecen defectos a veces son sólo una opinión personal. Hay que ser ecuánime y comprensivo y no juzgar mal y gratuitamente. - Si alguien tiene defectos, ayuda pero no destruyas. - Los defectos se pueden corregir cuando hay voluntad de hacerlo. - Las personas que no están en pareja porque no aceptan los defectos ajenos se perderán también las virtudes y cualidades. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: (Palabra Censurada, está prohibido el SPAM)index.php/board,89.0.html)
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