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  1. ES IMPRESCINDIBLE QUE ME RESPETE Y ME RESPETEN “No puedo concebir una mayor pérdida que la pérdida de respeto hacia uno mismo”. (Mahatma Gandhi) En mi opinión, este título merece un subtítulo que le queda muy apropiado: ES IMPRESCINDIBLE QUE TAMBIÉN LOS DEMÁS ME RESPETEN. Así queda perfecto el concepto del respeto, que ha de ser por parte de uno mismo y también de todos los demás. No es sano ni adecuado quedarse en el malestar que provoca que los otros no nos respeten. En la relación con ellos se puede decir y pedir todo lo que se quiera y hay que hacerlo por respeto a la propia dignidad. Es un derecho que tenemos todos los Seres Humanos que ha de ser irrenunciable, pero, también por respeto al otro y a uno mismo, conviene cuidar la forma y el modo de hacerlo, preferiblemente con asertividad. Si no lo deseas decir no lo digas, pero ten la seguridad de que tienes el derecho de poder hacerlo si lo deseas. RESPETARSE ES DARSE PERMISO PARA SER UNO MISMO EN TODOS LOS MOMENTOS Y TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS, para decir en todos los momentos lo que se opina, lo que se piensa, lo que gusta y lo que no, lo que se siente, lo que se quiere. RESPETARSE ES NO CALLAR LOS SENTIMIENTOS, las injusticias que uno ve, cómo se siente tratado, lo que no tolera, no dejar que los otros pisoteen los derechos y decisiones. RESPETARSE ES PODER SER FIEL A LAS CONVICCIONES Y DESEOS PROPIOS y darles el lugar preponderante que les corresponde; es escucharse en los lamentos y las reclamaciones, porque si uno se siente mal, o se siente herido, debe escucharse bien y entonces puede tomar decisiones para cuidarse y ayudarse a sí mismo. RESPETARSE ES SER HONESTO Y HONRADO CON UNO MISMO, jamás mentirse, jamás esconder la realidad detrás de un auto-engaño; es estar pendiente de lo que uno desea o necesita. RESPETARSE ES TRATARSE BIEN SIEMPRE, y más aún en los momentos en que uno se siente triste o se siente decepcionado de sí mismo, o le parece que no ha actuado bien, o siente rabia, o está furioso. Es tener firmado un pacto de no auto-agresión, nunca, en ninguna circunstancia, por ningún motivo. RESPETARSE ES AMARSE. Siempre. En todas las circunstancias. A pesar de los errores. Y es tener el perdón siempre a mano, predispuesto para perdonarse una y otra y otra y otra vez. Setenta veces siete. RESPETARSE ES CREAR UNAS BARRERAS INFRANQUEABLES PARA CIERTOS ASUNTOS PERSONALES que todos tendrán que acatar; quien no lo haga así será apercibido con firmeza y claridad, y si persiste en no respetarlas será expulsado de la relación. El respeto ha de ser bidireccional, si tú quieres que te respeten también tendrás que respetar. Tal vez con la lectura de este breve texto puedas empezar a ver de otro modo el respeto y te parezca conveniente revisar tu actuación –y la de los otros- con todo lo que tiene que ver con él. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  2. ¿SABES QUE LA ASERTIVIDAD PUEDE CAMBIAR TU VIDA? En mi opinión, la asertividad es una de las herramientas más útiles que se pueden usar para vivir con dignidad. Se puede aplicar en todas las situaciones y ser experto en su manejo puede hacer que cambie toda tu vida. La definición del diccionario es demasiado escueta: “Que expresa su opinión de forma firme”. Para mí es muy corta, porque en la realidad representa mucho más. Se puede decir, para ampliar y concretar más que es “la habilidad que permite a las personas expresar de manera directa y adecuada, sin hostilidad ni agresividad, sus opiniones, sentimientos y emociones, frente a otra persona”. También se puede decir de otro modo: “Es la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás y negociando con ellos su cumplimiento”. Si uno emplea bien la asertividad podrá pedir lo que desea o le corresponde, podrá negarse cuando lo considere oportuno, tendrá poder para conseguir lo que quiere y le corresponde, y podrá expresar claramente sus sentimientos, sean los que sean. Cuando uno se expresa desde su asertividad no le está preguntando al otro, no le está pidiendo permiso, ni su opinión, ni siquiera le pide que le comprenda –aunque eso allanaría el camino- sino que le está informando de lo que ya ha decidido, lo que va a hacer, lo que desea, lo que el otro va a tener que aceptar porque ya es decisión firme. La asertividad sugiere que no se haga desde la imposición dictatorial, desde un “porque lo digo yo” injustificado –aunque la intención sea lograr imponer lo que uno quiere-, y sí hacerlo explicando que uno es inamovible en lo que se expone –si acaso, levemente negociable-. La decisión y la firmeza en el modo de expresarlo le harán ver al otro que uno tiene claridad en cuanto a sus derechos y que está pidiendo/exigiendo que sean respetados. Así muestra uno la confianza en sí mismo, su Autoestima y su Amor Propio. Muestra que tiene una conciencia clara de cuáles son sus derechos y lo hace sin caer en el exceso –que sería egoísmo- ni el defecto –que llevaría a ceder terreno o a renunciar para no tener problemas-. Para hacerlo bien conviene tener claros todos los puntos que pudieran argumentar la petición o lo que se está informando. De ese modo y si es necesario se puede justificar que la petición no es desorbitada. Para ello es obligatorio que sea algo sensato, posible de realizar, realista. Las personas que tienen dificultades para exponer o reclamar sus derechos, que valoren que tal vez pasen un mal rato –si no tienen experiencia- mientras aplican su asertividad, pero que los beneficios que eso le va a aportar son superiores y para un largo plazo. Si las mujeres no pasan el embarazo y el parto no tienen la oportunidad de ser madres, o sea que un sacrificio o un mal rato –quien lo entienda así- les traerá beneficios. No afrontar las cosas que hay que afrontar hace que uno se quede estancado y mal. Al final la sensación es desagradable. Queda una especie de auto-desprecio por no saber imponer el criterio propio e imponerse. La Autoestima queda dañada y resentida. Ni siquiera los auto-engaños y justificaciones que uno usa para no ser valiente calman la necesidad de ser y sentirse alguien y de ser respetado en sus deseos o decisiones. Ser asertivo es como un oficio que hay que aprender, así que conviene tener clara la teoría y llevarla a la práctica. Tal vez parezca complicado al principio, pero garantizo que a medida que se vaya usando –y viendo los resultados- cada vez será más sencillo y más efectivo. Este asunto es demasiado importante. Requiere y merece tu atención. Si quieres información sobre cómo aplicar la asertividad, en este artículo la puedes encontrar: http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/asertividad.htm Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  3. ¿CÓMO ENCONTRAR LA SALIDA DE LOS PROBLEMAS? En mi opinión, cuando estamos encerrados en un problema no recurrimos a lo que más nos puede ayudar a salir de él: la objetividad, la calma, la consciencia, la imparcialidad de juicio. Se sabe que la mejor forma de ver y entender un problema es salirse del problema. Algunos lo llaman “subir al balcón”, porque se supone que si uno se sube a un balcón –simbólico- lo va a ver desde fuera y desde arriba, como algo que no es propio y no le afecta, algo que está sucediendo fuera de sí mismo y entonces, sin la presión y la tensión que se crean ante la toma de decisiones que afectan directamente a la estabilidad emocional o financiera, se puede ver con más equilibrio. Otro método que también se utiliza –y que es realmente eficaz si se hace bien- es el de imaginar que lo que le pasa a uno en realidad le pasa a una amiga que viene a pedirnos consejo sobre cómo resolver lo que le está pasando. Repito que es imprescindible hacerlo bien, ser capaz de salir del agobio propio y no partir desde el “no soy capaz de encontrar la solución”, entonces se produce la magia en la que uno es capaz de observar desde fuera lo que le pasa “a la amiga” y es cuando puede darle unos consejos que luego tomará para sí. A otras personas les funciona el método de la silla vacía o alguna versión del mismo. Básicamente se trata de sentarse en una silla, con el respaldo recto para tener mejor postura, y cerrar los ojos para imaginar que una persona -que es uno mismo- sale de sí mismo y se dirige a una silla vacía que está en frente y hace que se siente en esa silla, que se calme, y entonces se le pregunta “¿qué te pasa?”, se escucha ese problema –que ya no es propio sino del que está sentado en la silla de enfrente- y se le aportan soluciones o puntos de vista distintos… que luego aprovechará uno. Otras personas recurren a amigos o familiares de confianza que les han demostrado en otras ocasiones que son capaces de ayudar bien, o recurren a profesionales de la materia que se trate porque con sus conocimientos y experiencia pueden ayudar. En estos métodos, y en otros similares que hay, se trata de lo mismo: salirse del problema para ver mejor el problema y no pretender resolverlo desde los nervios y la tensión en los que uno está, porque eso impide ver con claridad las posibilidades y las salidas. Como sugerencia está bien esa de que “puede que la actitud positiva no sea suficiente para resolver los problemas, pero seguro que es indispensable”. No hace falta pensar mucho: hace falta pensar bien, porque la tendencia habitual es a dar vueltas y vueltas a lo mismo sin abrirse a nuevas soluciones o salidas. La puerta de salida siempre estuvo ahí, la veíamos, intuíamos que saliendo del problema encontraríamos al otro lado la solución, pero… nos empeñamos en girar el picaporte y empujar con toda nuestra desesperación hacia afuera, cuando resulta que había que girar el picaporte y tirar suavemente hacia adentro. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  4. AUTOESTIMA – CÓMO SANAR LA INFANCIA (TODO COMIENZA EN LA INFANCIA) La baja Autoestima se nutre considerablemente de los episodios de la infancia, porque ese es el momento en que la Autoestima se va construyendo, y es cuando se crean los elementos y experiencias que la decantarán hacia la normalidad o la escasez. En los casos de baja Autoestima es común que hubiera en la infancia muchos momentos en que un sentimiento de maltrato emocional estuvo presente, o largos momentos de silencios y aislamiento, y la sensación de desatención y abandono y de no importarle a nadie cuando se necesitaba ser escuchado o reconfortado en el dolor y nadie se prestaba a ello. Estábamos casi recién llegados a un mundo desconocido que había que transitar sin manual de instrucciones ni guía, sin raciocinio para darnos cuenta y sin una mente entrenada para salir del apuro; momentos de desconcierto porque nadie nos había explicado nada y no sabíamos que no éramos culpables de lo que nos estaba pasando; la incomprensión sobrevolando cada uno de nuestros actos y conflictos, y el tormento de los pensamientos que no se pueden expresar y se sufren en silencio y con dolor. Todo ello cayendo gravemente sobre la frágil conciencia de quien no sabe y además tiene que soportar cosas insoportables, y modelando sin darnos cuenta un concepto propio de inepto e inútil, de no ser amado y no ser importante, de ser ineficaz y no comprender. Los progenitores y los educadores son proveedores directos de grandes frustraciones, de traumas abrumadores, de complejos pesados. En muchas ocasiones nos traspasan sus problemas y en otras ocasiones nos quieren hacer culpables de sus asuntos desgraciados y sus traumas. Muchas personas arrastran el dolor de haber escuchado a su madre cómo les decía –o cómo les demostraba sin palabras- que “hubiera sido mejor que no nacieras”, porque “me has amargado la existencia”; “si no fuera por ti yo no estaría aquí aguantando lo que estoy aguantando”; “hay que ver lo que me sacrifico por ti y lo poco que me lo agradeces”. Y con eso le crean a sus hijos un trauma para toda la vida. Otros tampoco ayudan gran cosa, ya que nos controlan obsesivamente buscando qué no hacemos a su gusto, para poder reprochárnoslo, son muy estrictos –intolerantes, teniendo en cuenta que tratan con niños-, parecen estar siempre encolerizados y consiguen transmitir ese sentimiento al niño para que este se considere el culpable –“¿qué habré hecho para que estén siempre enojados conmigo?”, se preguntarán a su modo-, o se burlan de las cosas que el niño, en su inexperiencia y con sus limitaciones, es capaz o incapaz de hacer. El maltrato verbal o emocional es tremendo. Parece como si se sintieran orgullosos de que su hijo sea tan “inútil”, porque de ese modo tienen alguien con quien meterse, y tienen con quien compararse y salir ganando. Patético enfrentamiento. Torpeza imperdonable la suya. Y de unos resultados desastrosos. Maltratos y no estímulos. Y la impotencia del niño que no sabe qué hacer porque nadie le dice de un modo instructivo y nutricio lo que tiene que hacer. Los progenitores o educadores tienen la obligación de cimentar con su actitud una Autoestima sólida en el niño. Todos los niños tienen que aprender a andar y todos lo hacen del mismo modo: intento y caída, y cada vez más pasos y menos caídas. Si la actitud que recibe ante cada caída es de estímulo y le aplauden el intento –“ánimo… es normal caerse… no pasa nada por caerse… inténtalo otra vez… ahora lo vas a hacer mejor…”-, comprende que en la vida que comienza va a ser así, y que, ante cada caída lo mejor es levantarse y seguir intentándolo, porque así se logran conseguir los objetivos. Si, por el contrario, ante cada caída recibe críticas y amenazas –“si te vuelves a caer mamá no te quiere… qué torpe eres… otros niños con tu edad ya saben andar… aún no sabes andar, te vas a hacer daño si lo intentas…”-, se convence de que no es válido, que es mejor no intentar hacer las cosas, que los demás si valen pero él no, y esa será la actitud que tomará a partir de entonces y para todos los aspectos de su vida. CÓMO SANAR LA INFANCIA En algunos casos nos proporcionaron una educación desastrosa, bien por su actitud errada o incoherente, o por su falta de equilibrio emocional, o por el amor que no nos dieron y lo cambiaron por desatención o desprecio. Detrás de una baja Autoestima casi siempre se esconde un niño herido, atormentado por un pasado del que se siente responsable de algún modo, arrastrando una retahíla de preguntas sin respuesta que ya no se molesta en repetirse; es un niño apocado, perpetuamente triste aunque a veces esconda su amargura tras la mueca de una falsa sonrisa; es una víctima inocente que ni siquiera reclama una pena para su verdugo, sino un alivio y una palabra, en forma de abrazo o caricia, que le rescate del fondo de su pozo particular. Padeció una infancia desoladora que le llenó de incertidumbres. A veces ese niño se escapaba de su caos para tratar de alcanzar la felicidad que le correspondía, y por eso también aparecen episodios breves pero felices en su vida. El instinto de supervivencia le empujaba hacia adelante y hacia arriba. Esa confusión, esos mandatos incrustados en la personalidad y en el inconsciente, requieren ser sustituidos por otros más acordes a la realidad y los conocimientos actuales. Urge la reconciliación con ese niño o niña que ocupó nuestra infancia, y para ello sugiero un ejercicio un poco más adelante. Conviene deshacerse de todo lo negativo que condiciona nuestra actualidad; observarnos en las reacciones inconscientes, para averiguar de dónde vienen y por qué actuamos así. Es bueno preguntarse por las cosas que no hacemos de un modo voluntario consciente, para saber quién las decide y desde qué estado. Encontraremos que algunas o muchas de las veces es un niño asustado y desconcertado el que toma las decisiones, desde el miedo y la inseguridad, por nosotros. Conviene hacer una toma de responsabilidad para que seamos nosotros quienes tomemos el rumbo del presente y del futuro, dándole descanso al niño que nos trajo hasta hoy; deshacerse de los límites innecesarios, y de los miedos tiranos y desconcertantes; al mismo tiempo, marcar nuevas directrices para nuestra vida en la que no permitamos el acceso a nada ni nadie que nos pueda herir. Y acordar que nos avise nuestro Yo Observador si se da cuenta de que tomamos hacia los otros algunas actitudes de las mismas que a nosotros nos hirieron. EJERCICIO DE RECONCILIACIÓN Sugiero sentarse en una postura cómoda para estar bien, pero no lo suficientemente cómoda como para relajarse demasiado y quedarse dormido, así que mejor que no sea por la noche si uno está un poco cansado. Una silla está bien, mejor que una cama. Hay que tener un tiempo suficiente en el que se tenga la seguridad de que nadie va a interrumpir. Es un ejercicio de relajación, y cada uno la hará del modo habitual. Cuando considere que ya está lo suficientemente relajado, que ya puede olvidarse del sí mismo actual y sus preocupaciones, es cuando comienza el ejercicio. Se trata de permitir que aparezca una imagen nuestra de cuando éramos niños. No hay que forzar el que la aparición sea con una determinada edad, sino que dejaremos al niño o la niña que se muestre en la edad que quiera. Como se puede repetir cuantas veces se quiera, en otra ocasión sí se puede “forzar” el que aparezca con la edad que se quiera, pero en esta primera ocasión se va a presentar el niño más herido de todos los que tenemos. Conviene darle tiempo para que se sienta a gusto y vaya adquiriendo confianza con nosotros, ya que no nos conoce: no ha llegado a vernos en nuestra edad actual. Si está jugando, es mejor dejarle que siga con ello, y dedicarnos a disfrutar la visión. Si aparece llorando y nos busca, o sentimos que nos necesita, sí está bien acercarse a él o ella, pero teniendo en cuenta estos requisitos: que no forcemos la situación, que cuando estemos a su lado nos pongamos de rodillas para estar a su altura, ya que si nos quedamos de pié, porque somos mayores y desconocidos, se puede asustar. Tenemos que mostrar una sonrisa que les inspire confianza, y abrirle los brazos por si quiere recibir un abrazo. Todo ello sin ninguna prisa. Si le hablamos le hablaremos como al niño que es, de modo que nos pueda entender. Le repetiremos cuantas veces sean necesarias nuestra aceptación incondicional, nuestro Amor, y nuestro agradecimiento por cuanto hizo para que llegáramos a donde estamos hoy; le diremos, con palabras que sea capaz de entender, que somos conscientes de que lo hizo lo mejor que pudo, que no tenemos ningún reproche y que comprendemos que las circunstancias que tuvo que atravesar no fueron fáciles, cosa que valoramos. Le diremos lo importante que es para nosotros verle bien y feliz, y no le recriminaremos nada. También le escucharemos, porque si es importante lo que le digamos, es más importante aún lo que nos tenga que decir. Esta situación se puede alargar el tiempo que sea necesario, siempre y cuando se respeten las premisas descritas. Es un momento especial en nuestra vida –el reencuentro- y tenemos que ser conscientes de ello. Hay que hacerlo bien. Es el momento de la reconciliación con nuestro niño, con nuestro pasado, con nuestra historia. Conviene terminar el ejercicio con otra muestra más de Amor, que lo tenga muy claro, y ofrecerle un abrazo antes de terminar, a su altura, y si acepta el abrazo habremos adelantado mucho; iremos apretando el abrazo hasta que consigamos que se integre en nosotros, hasta que se meta en nuestro interior. Si no acepta el abrazo no hay que forzarlo. Es mejor volver en otra ocasión, ya que quizás se trate de un niño muy herido y todavía desconfiado. Al salir del encuentro y volver al mundo, es bueno quedarse con las sensaciones que la experiencia ha aportado. Es bueno seguir en el estado en que nos hayamos quedado, y observarlo y observarnos, y no tratar de mentalizar lo que ha pasado: es más provechoso sentir que tratar de poner en palabras el sentimiento. Como dije anteriormente, se puede repetir cuantas veces se quiera. Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  5. EL PROBLEMA MÁS GRAVE ES AQUELLO QUE NOS SUCEDIÓ PERO NO LO SABEMOSvídeo:https://www.youtube.com/watch?v=yS1j0J_bi6g&t=145sAntes de empezar un Camino de Espiritualidad o de Desarrollo Personal, es muy conveniente tomar conciencia de una serie de cosas, de algunas de las cuales voy a hablar. No aparecen todas, por supuesto, pero son suficientes para ponerte en marcha.Más adelante, cada uno y en función de sus intereses o sus motivos de preocupación, irá añadiendo las que considere necesarias. Tomará bifurcaciones en su Camino personal, pero nunca lo perderá de vista y a cada rato regresará a él.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  6. DEJEMOS DE CREER QUE SOMOS DIOSES, JUECES Y SABIOS En mi opinión, es demasiado habitual que cada uno de nosotros, en un acto no siempre controlado, tengamos tendencia a clasificar las acciones de los otros, sus actitudes, sus modos y maneras, sus pensamientos… o sea, todo. Puede ser que nuestro ego quiera lucirse demostrando su superioridad sobre los egos de los otros, y por eso ante cada hecho ajeno emite su propia versión, siempre mejor o más acertada que la del prójimo -según la propia opinión, claro-. El ego se entromete. Es la arrogancia de querer sentirse superior la que emite el juicio. Una prepotencia que se manifiesta en forma de opinión que aparenta más ser una sentencia. Reconozcamos sin pudor que somos Seres Humanos. Eso implica la imperfección como algo intrínseco y casi inseparable –aunque se puede buscar y encontrar la proximidad a la perfección-. Como somos Humanos no tenemos que ocupar el lugar de los Dioses. Tampoco necesitamos ejercer de jueces o de sabios ante los hechos de los otros. Podemos y debemos inutilizar nuestra indisimulada jactancia, el orgullo de pacotilla, y movernos por la humildad y por el respeto a los otros y a su forma de ser o actuar. Hemos de evitar creernos, y actuar, con unos poderes o derechos que no nos pertenecen. Cada persona puede y debe tomar sus propias decisiones aún a riesgo de no hacerlo del modo más adecuado y, por supuesto, sin tener que cumplir las expectativas o los deseos del que acaba convirtiéndose en el que le enjuicia. Los otros son como son. Cada uno tiene su propia historia que le ha llevado a ser como es. Cada uno se merece un respeto. Inmiscuirse en la vida de los demás para criticarles no es un justo. Hay que cuidar la parcela propia, el propio modo de ser y actuar. El tiempo dedicado a la crítica es mejor emplearlo en el mejoramiento personal. Aprender a respetar a los otros es una tarea primordial, de buena ética, que requiere de mucho respeto, de bondad, de apertura y comprensión, de humildad y modestia, de modo que no criticar al otro y no juzgarle es la mejor manifestación de la honorabilidad de uno y de la respetabilidad al ajeno. Puede estar bien emitir una opinión en el caso de que la solicite el otro; si se emite ha de ser absolutamente objetiva y no estar contaminada por las manías o miedos o traumas o errores propios. Pero sólo si el otro lo solicita. Las actuaciones de los otros, sobre todo aquellas con las que no estamos de acuerdo, podríamos convertirlas en el centro de una detallada observación para comprobar por qué no aprobamos eso, por qué nos molesta realmente, qué es y por qué nos altera. “No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y ser perdonados” (Lucas 6:37) Sin valorar ni dejarse condicionar por el origen del texto, lo cierto es que resume una realidad contundente acerca de cómo enfocar la relación con los otros. Se merece una meditación sobre lo que dice. Hay otra frase que siempre me ha impactado: “Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable”. Me encanta. Con esta premisa deberíamos ser capaces de ver a los otros de un modo distinto, con apertura y comprensión. El otro, haga lo que haga, se merece un abrazo y no una reprimenda. Eso es Amor. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  7. AUTOESTIMA – NO SIENTAS VERGÜENZA DE TI MISMO Ser indulgente contigo mismo te haría más fácil la recuperación de la Autoestima perdida. Ser capaz de comprender, y de comprenderte, te acercaría a la realidad de un modo no traumático, de un modo sencillo, porque es la oposición a no querer aceptar la realidad la que crea el conflicto. Asumir, sin culpas ni adjetivos, lo que eres en este momento te permitiría tener una base limpia y firme sobre la que empezar a reconstruirte. Llevas conviviendo contigo desde que naciste. Nunca has faltado, ni un solo instante. Esa fidelidad merece una consideración. Y, pese a su obviedad, eso no es una tontería. Ninguna amistad es tan duradera como la que podrías mantener contigo mismo. Ninguna te aportaría la intimidad y la cercanía de la tuya propia. Crees que conoces todos tus defectos, e incluso te inventas algunos; eres absolutamente riguroso en tus auto-juicios, consideras imperdonables en ti cosas que aceptas con naturalidad en otras personas, y te mides con distinta vara de la que usas para comprender a los otros. Tienes secretos -¿y quién no?- que preferirías que nadie conociera. Eso piensas a veces, ¿verdad?, que si los otros conocieran todos tus secretos, lo que llamas vergüenzas o excesos, lo que eres capaz de llegar a pensar, lo que has deseado para otro en alguna ocasión, que no eres tan amable o tan interesante como tratas de mostrarte en algunas ocasiones… si los otros descubrieran que vales nada…eso te da miedo. Y te avergüenzas de ti mismo. Te sientes indigno, ruin, indeseable, despreciable…Todos tenemos una Sombra, que es aquello que preferiríamos que nunca se conociera de nosotros. La vergüenza es la demostración del sentimiento de inferioridad que uno siente. Y uno ha hecho el ridículo en tantas ocasiones, o se ha equivocado, o no ha sabido, o se ha comportado torpemente, y eso ha ido minando la Autoestima, bajándola a mínimos, dejando la sensación –incierta- de no saber desenvolverse en el mundo, de no ser apropiado, de valer menos que los demás que, según se cree equivocadamente, nunca se equivocan y valen más. Si fueras capaz de verlo de un modo ecuánime, te darías cuenta de que los otros, en su intimidad, en lo que no muestran y no conoces, sienten algo parecido a lo que sientes tú. Pocas personas son un modelo y un dechado de virtudes y perfecciones. Algunos destacan en una cosa –como cantante, pintor, escritor, etc.-, pero eso son profesiones, sólo quiere decir que son buenos profesionales, no impecables personas, no perfectos en todo; en su fuero interno pueden estar pasando un calvario similar la tuyo. Tú eres tú. Más tus circunstancias. Eres una buena persona. Confundida, pero buena en esencia. Eres capaz de amar. Eres fiable, amable. Eres Hijo de Dios. Son motivos más que suficientes como para dejar de sentir vergüenza por ti, una persona que si está leyendo esto es un signo inequívoco de que está en un deseo de mejorar, lo que es un motivo más que suficiente para que te sientas orgulloso de ti. No te sientas culpable por lo que hayas podido hacer hasta ahora, y siéntete responsable de lo que hagas a partir de este instante. La culpabilidad es el sentimiento de haber fallado en algo que se ha hecho, pero la vergüenza es la no aceptación de lo que se es. En la culpabilidad uno rechaza sus actos, en la vergüenza de sí, se rechaza en su totalidad. Lo cual es más devastador. Colabora a tu favor, en una alianza de respeto y cooperación que ha de ser indestructible, para convertir en una persona digna a tus ojos a quien estás siendo en este momento. Sé, al margen de lo que tu Autoestima actual diga, digno. Siéntete íntegro, de buenos principios, admite tu confusión, que no has tenido una educación adecuada o una vida fácil, pero respétate y colabora a tu favor. Jamás sientas vergüenza de ti. Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  8. OLVIDAR O NEGAR LAS COSAS NO ES SOLUCIONARLAS En mi opinión, en ocasiones no nos apetece afrontar algunos asuntos que tenemos pendientes de resolver porque sabemos que nos van a remover dejándonos mal, o creemos que no vamos a encontrar la solución y eso nos va a frustrar aún más, o imaginamos que si dejamos pasar el tiempo tal vez se diluyan o lleguen a desaparecer. Nos engañamos, y quien ya conozca lo que pienso sobre este asunto sabrá que me parece que el auto-engaño es un pecado casi imperdonable. Tampoco estoy de acuerdo con esa creencia de que “el tiempo lo cura o lo arregla todo”, porque pienso que lo que cambia es la actitud de uno a medida que va comprendiendo, aceptando e integrando, y eso es lo que requiere un periodo de tiempo. Pero no es “el tiempo” quien hace que las cosas cambien, sino uno mismo. Él no solucionará tus cosas, te hará madurar y entender mejor las cosas. Sí es cierto que a veces hay que dejar que pase un tiempo en algunos casos porque “no es SU MOMENTO” y las cosas tienen SU MOMENTO. ¿OLVIDAR LAS COSAS? quien puede olvidar es el consciente pero no el inconsciente y hay que recordar que el inconsciente gobierna nuestra vida el 90% del tiempo. No hay que olvidar, hay que resolver. Hay que ir al conflicto y resolverlo allí, para que esas órdenes automáticas que se expresan como reacciones empiecen a manifestarse de un modo acorde con nuestros verdaderos deseos actuales. Quien olvida es la mente, pero no el corazón. Eso de “yo perdono pero no olvido” es una contradicción. Perdonar es una forma de llamar a la comprensión y la aceptación de los hechos. Una vez resuelto el asunto del que se trate, ya no existe el motivo y por lo tanto desaparece: ya no queda nada que perdonar. ¿NEGAR?, ¿para qué si es una realidad?, ¿qué sentido tiene negarlo? No sirve para nada. Jung decía “lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma”. Gran verdad. Se puede negar lo que se quiera, eso es muy sencillo, pero el hecho sigue siendo el hecho; negarlo no lo cambia. Reconozco que es más fácil negar algunas cosas que asumirlas, pero… ¿de qué sirve negarlas?, ¿cuál es el beneficio? La verdad va a estar ahí esperando y se manifestará en otro momento o de otro modo. Negar los problemas no los resuelve: los esconde, los disimula, los aplaza. Resolverlos es desmontarlos, verlos como realmente son y aplicar lo que sea necesario para hacer que se esfumen, pero no en el olvido sino en su solución. Cuando uno niega un sentimiento, o una realidad, con eso no lo destruye; en cambio, si lo hace, se está perdiendo la opción de expresarlo como realmente lo desee, de hacer con ello lo conveniente. Aceptándolo se crea la oportunidad de modificar la idea que se tenía del asunto y lograr que no sea algo que siga perjudicando desde el inconsciente, sino un asunto que será finiquitado sin dejar huellas dolorosas. Las cosas, por sí mismas, no son graves ni buenas ni tristes: simplemente son. Es cada uno quien las interpreta y les pone una nota calificativa. Se trata de conseguir hacerlo de un modo consciente y objetivo, porque si recurrimos al modo inconsciente habitual ya tendremos prejuzgada cada cosa añadiéndole automáticamente una evaluación y reacción… que no siempre son acertadas. Negando el sentimiento, porque asusta, se responde desde el temor y de un modo rígido; en cambio, si se comienza por asumir que es un sentimiento de ese momento, que es normal que uno sienta porque es una característica de los Seres Humanos, uno puedo afrontarlo del modo que voluntariamente elija y no desde el temor condicionado. Así uno actúa desde donde quiere y no desde donde teme. Ni olvidar ni negar, el modo de solucionar las cosas es afrontándolas con objetividad, sin temor, con Amor, y con ganas. Estos artículos están relacionados con este tema: ANTES DE OLVIDAR HAY QUE COMPRENDER https://buscandome.es/index.php/topic,16286.msg18877.html#msg18877 ¿HAY QUE OLVIDAR LO QUE NOS HIZO DAÑO? https://buscandome.es/index.php/topic,17291.msg19932.html#msg19932 Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  9. AUTOESTIMA – OLVIDAR ES BENEFICIOSO En mi opinión, conviene hacer –de vez en cuando o a menudo- una limpieza general de los recuerdos. Sobre todo de los que podríamos llamar “malos”. Sin que nos demos cuenta, nos condicionan y dirigen en gran medida. Y algunos de ellos lo hacen de un modo perjudicial, porque en su esencia sólo acumulan el rencor, los reproches, la rabia, el dolor, las protestas o la desaprobación. Dramático, pero real. Conviene ejecutar esta limpieza desde la objetividad y el amor, desde la comprensión y el perdón, y con toda la capacidad de tolerancia y benevolencia predispuestas. No sé por qué es tan habitual eso de guardar el resentimiento durante mucho tiempo, especialmente por las cosas que hicimos que no nos gustaron –eso que llamamos errores y no estamos dispuestos a perdonarnos-, y por qué regresamos a ellas una y otra vez para machacarnos con la misma historia cada vez. No sé por qué esa injusticia, ese resentimiento imperecedero, esas ganas de seguir hurgando en la herida y echándole vinagre para que duela y no cicatrice. De las cosas que hicimos, y no nos sentimos satisfechos, o de las que no hicimos, tenemos que extraer la lección implícita que cada cosa conlleva; después, lo que interesa es olvidar. Olvidar es un sano ejercicio. Olvidar los recuerdos que nos agreden o dificultan la sana Autoestima. Olvidar en vez de estancarnos en el pasado. Olvidar el juicio o el calificativo doliente que tenemos asociado a cada uno de esos actos que nos parece que estuvieron mal, para dejarlos en el acto sin más, sin veredicto ni sentencia, y no permitir que arrastren una carga onerosa que nos afecte y condicione. Lo que pasó, pasó. Trataremos de hacerlo mejor la próxima vez. Permitir que nos siga afligiendo, como si fuera una cruz de la que nunca nos podremos desprender, como si viviésemos un Calvario infinito, como si fuera un estigma grabado a fuego, es un acto de auto-agresión ineficaz que nos amarga y condiciona toda la vida. Olvidar es liberarse del fantasma que insiste en recordarnos nuestra poca valía, nuestras equivocaciones, que no tenemos derecho a que nos sucedan cosas buenas, y que los demás sí han ganado la licencia para ser felices y despreocupados mientras que uno se repite continuamente en las mismas disquisiciones de siempre acerca del derecho a su propia respetabilidad. Olvidar lo desagradable es una terapia beneficiosa. Nos descarga de un lastre innecesario y deja espacio para la luz y la confianza. Cualquier persona que está en el Proceso de Autoconocimiento se merece una esperanza coloreada. Cualquier ser humano merece conocer la paz que produce llevarse bien consigo mismo. Cualquier hijo de Dios tiene derecho a una vida digna y plena. NOS RESULTARÍA MUCHO MÁS SENCILLO OLVIDAR LAS COSAS DESAGRADABLES SI NO INSISTIÉSEMOS TANTO EN RECORDARLAS. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  10. ESTOY HARTO DE LA EXCUSA DEL KARMAvídeo de 8 minutos:https://www.youtube.com/watch?v=czS9TE6d5KI#psicologia #autoestima #autoconocimiento #autoayuda #Autoestima #Dios #espiritualidad #felicidad #Vivir #crecimientopersonal #buscandome #franciscodesales #amor #perfección #mejorarKarma es una palabra sánscrita que significa “acción”. Se interpreta como una Ley Cósmica de Retribución, una especie de Causa y Efecto, y se refiere a que si en otra encarnación hiciste algo negativo ahora tienes que “pagarlo”. Según algunas religiones, es una energía trascendente que se deriva de los actos, palabras y pensamientos de las personas. Más o menos, “el que la hace, la paga”. Cuando uno hace algo tiene que asumir las consecuencias que se deriven de ello. El Dharma, por el contrario, sería lo bueno que se recibe como recompensa por lo bueno que se hizo en otra reencarnación.El Karma tiene sentido para quienes creen en estas dos premisas: que las reencarnaciones existen, y que hay “algo” o “alguien” que lleva las cuentas de lo que uno va haciendo en cada una de ellas para reclamarle la pena correspondiente por lo que hizo mal, o premiarle por lo que hizo bien.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  11. AUTOESTIMA - PRESENTACIÓN La Autoestima es el concepto que uno tiene de sí mismo y de su valía. Incluye, también, el respeto que uno se ofrece, y la capacidad de aceptarse. Es una actitud mental, una forma de sentir y sentirse, que no siempre coincide con la realidad objetiva. Se basa en nuestra auto-percepción, o sea, la sensación que cada uno tiene de sí mismo y contribuye decisivamente a evaluar la propia Autoestima. En la medida en que nos sentimos queridos, valorados o aceptados por los otros y por nosotros, establecemos inconscientemente que sea alta o baja, positiva o negativa, sana o perjudicial, correcta o inadecuada. Quien disfruta de una Autoestima equilibrada, se sienten bien y a gusto consigo, es capaz de apreciar su valía, y se siente satisfecho con sus logros, sus facultades y habilidades. Los que tienen una Autoestima baja creen que no van a agradar a nadie, que los otros no les aceptarán, o que no son adecuados para nada: no tienen Amor Propio. Habitualmente la Autoestima se divide en alta, que son quienes se aceptan como son –o se valoran por encima de lo justo-, y baja, que son aquellos que no se aceptan y son perjudicados por esa situación. Esta división no es correcta porque la “alta” puede llevar al orgullo, el engreimiento, la pedantería, la chulería, y el egocentrismo o egolatrismo. Sería más correcto dividirla en equilibrada o adecuada y baja. La medida de la propia Autoestima suele ser errónea por varios motivos: porque tendemos a utilizar una vara de medir injusta cuando se trata de evaluarnos –y esta injusticia es producto, precisamente, de la falta de Autoestima-, y porque la Autoestima -y este es un parámetro erróneo-, que sentimos no es por lo que somos, sino por el concepto que tenemos de lo que somos y el valor que nos damos. Así resulta que uno no se evalúa por lo que es –objetivamente-, sino por lo que cree que es –erróneamente-. Y si padece una Autoestima baja el concepto que tiene de sí no es acertado en todas las ocasiones –en realidad en casi ninguna de las ocasiones-, sino que se basa generalmente en lo que decían los padres o educadores de uno cuando era pequeño, en lo que uno mismo ha manifestado acerca de sí injusta y exageradamente cuando se ha equivocado en alguna ocasión, en las autocríticas torcidas y despiadadas, o en lo que se ha opinado en esos momentos en que uno se ha acusado y castigado sin razón o excesivamente. Sin duda, cualquier persona imparcial tiene mejor concepto de la persona que tiene la Autoestima baja que la propia persona. La parte buena es que ese concepto, o ese sentimiento, se pueden modificar, con lo que la Autoestima puede retomar su estado apropiado. Está asentada sobre todos los pensamientos, sentimientos, impresiones, y experiencias que acerca de nosotros mismos hemos ido acumulando e interiorizando a lo largo de nuestra vida. Todos tenemos en el inconsciente una imagen o idea que hemos creado, y refleja la idea concebida de quiénes somos como personas y cómo nos sentimos de valiosos con respecto a otros. No siempre se corresponde con la realidad, pero en cambio la utilizamos como referencia para compararnos con los otros –sin reparar en que los demás no son tan perfectos como imaginamos, ni están libres de nuestras mismas inseguridades- y es nuestro fundamento para tomar decisiones o vivir lo diario. En la infancia es cuando comenzamos a crear nuestra Autoestima, y dado que a esa edad no tenemos la suficiente imparcialidad para una correcta auto-valoración, ni hemos vivido las experiencias que son necesarias para tener un concepto global justo y equilibrado de la propia valía, es cuando tomamos como referencia las ideas que los otros, los educadores y el entorno, nos dan de nosotros. Como, además, tampoco tenemos la facultad del discernimiento, ni tenemos la habilidad intelectual para analizarnos y valorarnos, comenzamos a andar por la vida con un concepto de nuestra valía que es prestado: lo que los demás opinan de los aspectos nuestros que conocen, o creen conocer, y son los de un niño o niña de 5 o 6 años, con sus torpezas correspondientes y su clara inexperiencia. Por ejemplo, si a esa edad se nos cae un plato al suelo, y por eso nos dicen que somos torpes, entonces nos creemos que somos torpes y nos podemos pasar el resto de la vida actuando como torpes, convencidos de que lo somos, sin pararnos a pensar que “éramos” torpes en aquel momento que sucedió –no que lo seguimos siendo- y que esa “torpeza” se refiere a esa edad y a aquella circunstancia, y solamente si se compara con un adulto, puesto que en comparación con otro cualquiera de la misma edad seríamos iguales pero no de torpes, sino de faltos de habilidad y experiencia. Como uno cree que es torpe, eso le hace sentirse mal frente a los que comprueba que no son torpes –pero los otros eran adultos y uno era un niño, y eso no se tengo en cuenta- Se acepta ser torpe y no se hace nada por demostrarse lo contrario y solucionar el problema. “¡Qué se le va a hacer, soy así!” resume el pensamiento de lo que se siente. Más adelante, si no nos paramos a verificar las opiniones y juicios que los demás dictaminan, y si estos son desfavorables, va menguando la valía de nuestro propio autoconcepto y se resiente claramente la Autoestima por esa minusvaloración. Y si, además, en el caso de que los otros tengan razón con sus comentarios, no nos ocupamos de corregir esa actitud o condición perjudicial o negativa, para mejorarla y evitar que siga desfavoreciéndonos, sino que la asumimos como una desgracia inevitable o una parte irremediable de nuestra personalidad, estamos contribuyendo con nuestra desidia a la progresiva depreciación de nuestra Autoestima. Si, por otra parte, no nos ocupamos de “colgarnos medallas” por las cosas que sí nos gustan de nosotros y que sí hacemos bien, no se recuperará el saldo negativo con el que estamos contando. Las personas cometemos fallos, pero también tenemos cualidades. Según cómo esté tasada nuestra Autoestima, será responsable de los posibles fracasos o de los éxitos ya que están ligados de un modo indisoluble. Si es adecuada, porque el autoconcepto es positivo, fomentará la aptitud que disponemos para desarrollar las habilidades e incrementará el nivel de seguridad personal. Si es negativa, dejará un sentimiento de fracaso general en la vida y hasta afectará a la salud mental y física. Antes de comenzar a reconstruir la Autoestima es conveniente saber cómo se encuentra en este momento, así que al final del capítulo propongo una serie de preguntas y sugerencias. Sugiero tomarlo con tiempo, sin prisas, sin pretender resolverlo todo ahora mismo, deprisa y sólo desde el intelecto. Conviene que el corazón, que es quien puede proveer del amor que se va a necesitar, esté presente en todo momento. Y que el corazón y el intelecto sean aliados en esta tarea, porque ambos pueden llegar a sentirse mutuamente boicoteados por el otro, así que es bueno que trabajen juntos y en la misma dirección; que uno se dé cuenta de lo que no comprende el otro y se lo explique con cariño y, preferiblemente, en el idioma de su compañero, y que se traten con mucho afecto, con mucho respeto, conscientes del paso gigante y decisivo que pueden dar si colaboran mutuamente en el mismo objetivo, que es el Desarrollo Personal y una Autoestima correcta y saludable. La personalidad está en la base de la forma de ser. Es útil conocerla lo mejor posible. Para ello hay que preguntarse, observarse, descubrirse… es necesario conocerla para aceptarla. Conviene aceptar la personalidad o el carácter actual de uno aunque no le guste en absoluto, aunque siempre haya tratado de negarlo, aunque reniegue de él, aunque no se parezca a lo que uno quisiera, aunque a uno no le guste nada cómo está siendo, aunque uno esté disconforme con todo lo que tenga que ver con uno mismo, aunque uno no se sienta satisfecho con lo que en este momento cree que es. En un primer momento, y esto es absolutamente imprescindible, y para mejorar después la personalidad, hay que hacer un acto de reconocimiento de la realidad actual. Es imprescindible este enfrentamiento con la realidad para darse cuenta, de un modo innegable, de qué es lo que falla, qué necesita ser modificado, qué cambiar, qué promover y qué eliminar. Este paso es duro porque puede ser que uno se encuentre con que está peor de lo que imaginaba, y esto puede ser un poco deprimente y hundirle a uno un poco más. Si un constructor antes de hacer una casa no verifica cuál es el estado real del terreno sobre el que va a edificar, y se conforma con lo que aparenta por no ponerse a profundizar un poco porque quizás no le guste lo que va a encontrar bajo el suelo, corre el riesgo de que después la base no sea tan sólida como aparentaba y todo el edificio que se ha construido caiga. Por eso es imprescindible la verdad. El auto-engaño, y la falta de Amor Propio, son los peores enemigos en el proceso de Autoconocimiento. Siempre se ha dicho que nunca se debe mentir ni al médico ni al mecánico. Ni a uno mismo, añado yo. Si uno necesita mejorar su Autoestima es porque está a disgusto con su realidad, con su presente. Si uno tiene su Autoestima en el punto correcto de equilibrio no necesita iniciar este proceso, así que doy por supuesto que todos los que siguen leyendo a partir de este punto tienen en común el desacuerdo con su situación personal actual, o con su relación consigo mismo. Uno puede ser honrado y sincero consigo mismo, hacerse las preguntas difíciles, las duras y dolientes, puede darse las respuestas correctas, las que le llevan al Sí Mismo, y si esas respuestas no son satisfactorias eso conllevará, inevitablemente, una bajada de la poca Autoestima de que disponga, y… ¿y qué?, ¿qué pasa después? “Me he quedado peor que antes, y ahora… ¿qué hago? Estoy pensando que no me tenía que haber metido en esto, que ya me había acostumbrado a cómo estaba y ahora estoy peor. Me acuerdo una y otra vez de ese refrán que dice “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y creo que tiene razón. Al responderme a las preguntas, que ahora me arrepiento de haberme hecho, han salido a la luz cosas desagradables que estaban mejor cuando estaban enterradas...” Esta puede ser la reflexión de la mayoría de las personas que inician el Camino del Autoconocimiento. Y tienen una parte de razón. Uno de los errores grandes y graves de los seres humanos -más acusado aún en las mujeres- es la capacidad aprendida de aceptación sin queja ante casi cualquier cosa, la tolerancia ante las situaciones que producen dolor, y la resignación ante lo que suceda, desaprovechando la capacidad de oposición y la decisión de eliminar todo aquello que desagrade o provoque infelicidad; parece que se olvida el reconocimiento del derecho a no aceptar lo que no parece aceptable. Es casi increíble, pero a lo largo de mi relación con tantas personas y sus problemáticas he comprobado que el ser humano tiene cierta tendencia a aguantar y aguantar y aguantar, a soportar lo que sea, casi a justificar lo que sea, hasta casi la humillación, y he comprobado que esa resignación hace que se soporten cosas insoportables y que, a veces, para salir ya irremediablemente de esa auto-humillación, es necesario que la persona toque fondo, llegue a la mayor zozobra, al desastre total, para, por fin, reconocer que es inadmisible la situación y comenzar el camino de reflotamiento. En la mayoría de las ocasiones falla ese resorte interior, esa especie de defensor de la dignidad personal que nos evitaría tener que llegar a vernos en nuestra peor situación. Y es por falta de amor hacia sí mismo, porque uno no se considera digno de que le sucedan las cosas buenas y sí las malas, por lo que uno soporta hasta lo que es innecesario tolerar, y por lo que uno se permite seguir hundiéndose en vez de luchar por su propio bien. Por eso, conviene revisar diferentes aspectos para descubrir cómo es la relación con uno mismo, cuál el nivel de amor y comprensión, dónde se tiene la dignidad y cuánto se la respeta, si uno se considera merecedor de las cosas buenas, etc. La fuerza del inconsciente radica, precisamente, en que no somos conscientes de él; en que actúa desde la impunidad y sin nuestro control. Viene, clava la espada, y se va. La Autoestima permanece en el inconsciente y desde allí, cuando es baja o inadecuada y sin que nos demos cuenta, condiciona nuestras acciones y, lo que es más grave aún, nuestras reacciones. La acción es un acto consciente, meditado y libre, que se adecúa al momento y la circunstancia, mientras que la reacción es un acto impulsivo, automático, repetitivo e inconsciente. En el primer caso, es uno quien decide. En el segundo caso, “algo” –y no sabemos con qué influencias y con qué criterios, y si estos son propios o ajenos, y si están actualizados o son los mismos de cuando éramos niños-, decide por uno. Lo del segundo caso, que leído en este momento y razonándolo parece inconcebible e inadmisible, lo hacemos cientos de veces sin pararnos a preguntarnos por qué lo hacemos, cuándo hemos decidido que eso lo queremos hacer así siempre, o cuándo vamos a comenzar a decidir en vez de reaccionar. Por eso de que actuamos desde el inconsciente, y desde la reacción, aquello malo que pensamos en una ocasión de nosotros mismos –muy posiblemente de un modo parcial negativo, injusto, y equivocado- nos sigue condicionando. Se ve más claro con el ejemplo anterior: porque una vez, cuando teníamos cinco años, se nos cayó un plato al suelo seguimos pensando que somos torpes, inútiles, ineptos, desatentos, distraídos, despreocupados, destructores, catastróficos, inexpertos, poco hábiles, alguien en quien no se puede confiar… y si, además, alguno de nuestros progenitores nos riñó, pensamos que somos indignos de amor, seres despreciables que hacen enojar y sufrir a sus padres, seres despreciables de quienes sus padres no se sienten orgullosos sino avergonzados… ¡y todo esto sólo porque una vez se nos cayó un plato! Si no lo revisamos, si no somos conscientes de que aquello ocurrió una vez y en unas circunstancias que no tienen que ver con las actuales, y si no lo comprendemos así no cambiaremos esa idea que mantenemos incrustada y nos regirá injustamente durante el resto de nuestras vidas. Aquello que sucedió, o que pensamos, o que nos dijeron en un momento dado, sigue actuando desde el inconsciente, nos sigue afectando y no nos damos cuenta de ello. Creemos, erróneamente, que si “surge” de nosotros, es que somos nosotros; que si el pensamiento surge de nuestro interior es porque lo hemos pensado nosotros, y no es cierto. El inconsciente te pertenece, pero no te representa. Está en ti, pero no es “tú”. Por ello es imprescindible, que te observes, te conozcas, y te des cuenta. SUGERENCIAS - Haz una lista con tus cosas buenas y las que haces bien. Sé honesto y reconócelas y admítelas, porque sin duda las tienes. Te servirá para darte ánimos y comprobar que NO TODO en ti es malo. - Haz una lista con las cosas tuyas que no te parezcan buenas o que se pueden mejorar. Sé objetivo con estas porque la tendencia habitual es a magnificarlas por encima de lo que realmente son. La lista te servirá para trabajar sobre ellas y mejorarlas o solucionarlas del todo. PREGUNTAS (No te conformes con la respuesta “No lo sé”) - ¿Qué concepto tienes de ti mismo? - ¿Eres justo al valorar tus cosas buenas y tus cualidades? - ¿Eres capaz de apreciar con justicia tu valía? Si la respuesta es un no… ¿por qué no? - ¿Conoces todas tus virtudes y cualidades?, ¿te sientes satisfecho de ellas?, ¿las desarrollas todo lo que puedes? - ¿Te beneficiaría potenciar lo que sí tienes de bueno? Si la respuesta es positiva… ¿te comprometes a hacerlo? - ¿Te consideras una persona digna?, ¿defiendes firmemente tu dignidad? - ¿Tomas las decisiones de un modo consiente en cada ocasión? (Para aclarar por qué puedes tener el concepto que tienes de ti, te recomiendo que leas este artículo: https://buscandome.es/index.php/topic,17043.msg19672.html#msg19672
  12. ¿ERES ADICTO AL SUFRIMIENTO? En mi opinión, hay personas –no todas, afortunadamente- que han encontrado su zona de confort en un sufrimiento en el que han decidido instalarse a perpetuidad y cualquier alternativa que se les ofrezca para que la abandonen es rechazada automáticamente y hasta justifican ese rechazo. Hay personas –no todas, afortunadamente- que caen en eso que se denomina “Indefensión Aprendida”, que es un tipo de comportamiento que desarrollan por el que se sienten incapaces de reaccionar y actuar ante cualquier situación que les agreda, por dolorosa que sea, porque en su convencimiento interno están seguras de que no van a poder afrontarlo, ni cambiarlo, y creen o están convencidas de que sólo les queda la opción de padecerla como mejor puedan; por ello se inhiben ante la situación y se quedan pasivos. Como su propio nombre indica es “Aprendida”, o sea que no forma parte de la naturaleza del Ser Humano, y es algo que lo mismo que en algún momento se ha decidido incorporar –voluntaria o involuntariamente- también se puede modificar o eliminar. Para ello hay que ejercer una re-decisión, y cambiar aquello que se decidió hacer –casi siempre sin hacerlo conscientemente- en las situaciones conflictivas en las que uno se ve en inferioridad de condiciones para afrontarlas, marcado por sus miedos o por sus dudas, afectado por la inexperiencia o por una baja Autoestima. Conviene ser conscientes de esos momentos en que nos quedamos aferrados al sufrimiento y no nos podemos mover, no sabemos dar un paso coherente, y no somos capaces de ver una solución o una salida. Tenemos que comprobar cuáles son los mecanismos o impedimentos que nos mantienen en esa situación de sufrimiento, qué es lo que nos impide salir de esa cárcel sufriente en la que nos quedamos voluntariamente encerrados, y a partir de ese descubrimiento modificar el modo de actuar que aplicamos. Conviene aprender y poner en práctica nuevos comportamientos –algo imprescindible a la vista de que los actuales no nos resultan beneficiosos-, y empezar a enfrentar y resolver conflictos, comenzar a deshacernos del sufrimiento en vez de aceptarlo desde la rendición anticipada, y aprender –o desaprender- todo aquello que nos ayude –o nos impida- salir de la espiral autodestructiva en la que nos enreda el sufrimiento. Conviene tener confianza en uno mismo –y comprobar si es un asunto de falta de Autoestima o es que unos miedos inútiles e irrazonables nos mantienen cautivos-, ser muy conscientes de que cualquier cambio requiere un esfuerzo, y dejar de creer en ese engaño de que las cosas cambian por sí mismas con el paso del tiempo, de que sólo dependen del azar el presente o el destino de cada uno, de que cualquier intento de oponerse a lo indeseable está condenado al fracaso. Conviene tener unas expectativas optimistas con respecto a uno mismo y las propias posibilidades, y aplicar todo el esfuerzo que salir del sufrimiento requiera, porque el resultado compensa cualquier sacrificio. No son el azar, ni el destino, ni el futuro, quienes van a sacarnos de nuestros estados desagradables. No somos las víctimas predilectas de la fatalidad, ni estamos predestinados a la desgracia. Nuestra vida es nuestra responsabilidad. Y esto ya lo has leído o escuchado mil veces. Salir del sufrimiento también es nuestro cometido y nuestra incumbencia. Y esto se logra comprometiéndose con uno mismo a cambiar o quitar o añadir cuanto sea necesario, y realizando lo que ello requiera; para ello es necesario averiguar qué hacemos de un modo inconsciente que nos perjudique, para remediarlo e impedir que se siga perpetuando su nefasta influencia, y es necesario mandar en nuestros pensamientos en vez de conformarnos con soportar sus errores y su tiranía. Hay que cambiar los pensamientos recurrentes perniciosos, y revisar todo aquello que hagamos o pensemos de un modo inconsciente, sin decidirlo libremente. Y hay que deshacerse del drama y del sometimiento. Somos Seres Humanos en continua evolución, y eso implica progresar hacia mejor y deshacerse de todo aquello que lo impida. Hay que eliminar los pensamientos negativos o catastrofistas, los miedos, las rutinas, los auto-impedimentos, y todo aquello que nos paralice ante cualquier tipo de agresión. Hay que buscar alternativas, soluciones, tomar decisiones, salir de la apatía o de esa Indefensión Aprendida, promocionar nuestro beneficio y quererlo siempre para nosotros, espantar los pensamientos agoreros que nos hacen creer que perderemos siempre, que estamos mal predestinados, que la felicidad no nos corresponde. La fuerza ya está dentro. Las decisiones y la voluntad las tiene que aportar cada uno. De ti depende. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  13. OÍR O LEER SIN REFLEXIONAR ES UNA OCUPACIÓN INÚTIL En mi opinión, esta frase que pronunció Confucio está llena de sabiduría y contiene en sus palabras una gran verdad indiscutible. Hay un tipo de lectura leve, insulsa o vulgar, que es puro pasatiempo, a la que no se le puede pedir más de lo que ofrece: poder gastar un poco de tiempo en distraerse o dejar de pensar en otra cosa. Es una lectura que, generalmente, va directamente al olvido. Lo mismo pasa con algunas de las cosas que escuchamos: carecen de interés y no requieren de nuestra atención. Pero, en cambio, para las personas que están en un Proceso de Desarrollo Personal, la atención expresa y atenta a lo que le sucede, a lo que ve a su alrededor, al más fugaz o aparentemente intrascendente de sus pensamientos, marca la diferencia entre lo superfluo y lo profundo. Las cosas por sí mismas no tienen la misma valía universal para todas las personas, así que es cada uno quien decide adjudicarle importancia o insignificancia. La misma cosa que para uno pasa desapercibida para otra es la llave que le abre todas las puertas del conocimiento. Un anuncio en la televisión puede pasar sin afectarnos o puede ser el inicio de una reflexión penetrante y reveladora. Oír o leer sin reflexionar es una ocupación inútil. Inútil en el sentido de que no aporta nada. Y cada cosa que nos suceda directamente, o que sea ajena y pase a nuestro alrededor, o que esté escrita en una pared, o que forme parte de un pensamiento fugaz que no se sabe dónde nació ni por qué ni para qué, si la observamos desde el apasionamiento por conocer y por aprender, por descubrirnos en cada cosa que ocurre, nos puede aportar algo interesante para nuestro Desarrollo. El sol puede ser “eso que vemos en el cielo y calienta”, o sea, algo cotidiano que no requiere más atención, o puede ser –para los más atentos- el reconocimiento de Dios, un objeto de cavilación sobre la perfección e infinitud del Universo, la medida de nuestro tamaño con respecto al resto de la vida –que nos puede poner muy claramente en nuestro sitio-, o la confirmación o negación de cualquiera de nuestras sospechas o dudas. Si uno lee “amor”, pero no con los ojos de diario y rutina sino con los ojos de descubrir, y después reflexiona sobre su composición, su aportación esencial, su significado, su infinitud y variedad, o sobre el lugar que ocupa en su vida, y reflexiona sobre ello puede alcanzar la Iluminación. Si uno escucha “te amo”, o “matriz”, o “refrescante”, o “niño”, o “pelota”, y va con su reflexión más allá de lo que indica el diccionario, o lo que se le presupone, es posible que llegue al asombroso descubrimiento de lo que cada cosa encierra, de lo que la insignificancia aporta a las mentes reflexivas cuando le quitan la pre-etiqueta. Es posible que todo adquiera un valor nuevo y a menudo extraordinario. Si nos miramos a nosotros mismos en cada cosa que leemos o escuchamos, si nos buscamos en cada frase, en cada cosa que se dice, nos podemos llevar una grata sorpresa: todo habla de nosotros. El ojo atento sabe encontrar. Y a todo aquello que merece una reflexión hay que dársela. Si no lo hacemos así, las cosas serán distraídas... pero no útiles. O no tan útiles como podrían sernos. Ya has leído. Ahora es tu ocasión de poner en práctica lo que has leído. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  14. TENEMOS QUE REÍR MUCHO MÁS En mi opinión, TENEMOS QUE REÍR MÁS, mucho más, todo lo que se pueda… y más. Es algo que hay que fomentar, algo a lo que dar preponderancia, algo que incluir en el día a día, en todas las ocasiones en que no sea inapropiado hacerlo. Hay que declararse Persona Feliz y Reidora. Reír tiene muchas ventajas adicionales: - Relaja el organismo. Elimina tensiones. - Favorece al corazón y al sistema circulatorio. Previene de infartos. - Mejora la función respiratoria y aumente la oxigenación. - Favorece al sistema inmunológico. - Aumenta las endorfinas, dopamina, serotonina y adrenalina. - Reduce la ansiedad y el estrés. - Distrae de preocupaciones y corta los pensamientos negativos. - Refuerza la Autoestima. - Ayuda a afrontar positivamente los problemas cotidianos. - Permite estrechar las relaciones interpersonales y aumentar la confianza reforzando los sentimientos de proximidad, amistad, amor, y de solidaridad. - Facilita la comunicación entre las personas. - Ayuda a prevenir conflictos y disminuye la agresividad. - Está demostrado que la risa alarga la vida. - Provoca una sensación de felicidad, de ser uno mismo, de vivir y sentirse bien, de estar en un sitio y de un modo en el que le gustaría permanecer más tiempo. Todo son ventajas físicas y psicológicas, además del rato tan agradable y divertido que se pasa cuando se ríe a carcajadas. Además, cuando uno ríe, en el inconsciente lo asocia a ser feliz y estar bien, por lo que se crea una predisposición a sentirse bien y sin el agobio de las preocupaciones (que no hay que eludir resolverlas, pero no conviene estar SIEMPRE pensando en ellas). Hasta tal punto es beneficiosa la risa que se creó la Risoterapia, que es una estrategia o técnica psicoterapéutica tendente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. Dice la Wikipedia que “después de una sesión de dos horas, es inevitable sentirse pleno, amoroso, tierno, alegre, vital, energético y un sinfín de sentimientos positivos. Parece mentira cómo un método tan sencillo como es la risa puede aportarnos tanto: la risa es Magia, es Alquimia, es la mejor medicina”. La UNICEF utiliza la risa para animar a niños que han sobrevivido a un desastre natural. Los Payasos de Hospital ayudan a desdramatizar el ingreso hospitalario y la situación desagradable de la enfermedad provocando sonrisas o risas en los pacientes. Su eficacia está demostrada. Es conveniente observarnos, porque a medida que nos hacemos mayores parece que al ser más responsables tenemos que ser obligatoriamente más serios. Los niños ríen cada vez que lo desean, sin preocuparse por ello, y se ríen con las cosas más simples y de las cosas más tontas. En eso nos ganan: seamos también niños a menudo. Cuando uno se ríe de sí mismo y de lo que son “sus problemas” –pero no lo hace por inconsciencia ni por irresponsabilidad-, está desdramatizando lo que le pasa y eso le aporta una cierta objetividad para ver el problema tal y como realmente es. Desde la perturbación que se produce cuando uno está inmerso en su problema no se ven las salidas ni las soluciones. No hay que darle más vueltas al asunto, lo que hay que hacer es tomar una determinación firme, y cumplirla, de reír más y a menudo, juntándose con personas que tengan esa misma capacidad y deseo, o en solitario leyendo cosas de humor, o viendo vídeos chistosos o monólogos de humor –en eso Youtube es de gran ayuda-. (Tal vez hoy el cierre del artículo podría ser “Te dejo con tus risas…”) Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  15. EL PROCESO DE DESARROLLO PERSONAL Y ESPIRITUAL https://buscandome.es/index.php/board,88.0.html En este enlace podrá acceder a 82 capítulos que le explicarán, paso a paso, todo lo que es un proceso autoconocimiento para el Desarrollo Personal y Espiritual, todo lo que necesita hacer y saber.
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