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  1. CAPÍTULO 135 - NO IR EN IGUALDAD DE CONDICIONES A LA RELACIÓN -CUANDO LA PAREJA ESTÁ DESCOMPENSADA- Este es el capítulo 135 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Este asunto ya es muy repetitivo. Se da en demasiadas ocasiones. Sucede, sobre todo, en países donde la cultura machista está muy extendida, o donde la mujer no tienen acceso a una buena educación o a tener una profesión que le permita mantenerse por sí misma, y se repite continuamente en mujeres con baja autoestima, en mujeres que ya han sufrido un abandono o una ruptura sentimental –y no quieren volver a pasar por el trance-, y en las que consideran como un inconveniente que las minusvalora el hecho de que no son muy agraciadas físicamente o que ya son un poco mayorcitas. Estas mujeres, en algunos casos, ven la relación como un modo de no estar solas el resto de su vida –aunque acaben con un hombre a su lado, pero mucho más solas- y, en otros casos, lo ven como una forma de tener garantizado un techo y comida aunque el precio a pagar por ello sea, emocionalmente y por las renuncias, demasiado elevado. Sin duda, acuden a la relación en inferioridad de condiciones, renunciando veladamente a sus derechos, y conformándose con las migajas de amor o atención que el otro les quiera dar. No van del modo apropiado ni en las condiciones adecuadas. En mi opinión, la relación no ha de ser la unión de dos personas que completan el ciento por ciento sumando lo que aportan entre ambas, sino que ha de componerse de la aportación de un cincuenta por ciento por parte de cada una de ellas. Eso en cuanto a la parte emocional o sentimental de la relación. Otra cosa es que luego cada uno de ellos aporte más porcentaje en economía o en cuidado de la familia, pero en la parte amorosa –que es la base y el motivo de la unión- ambos han de aportar por igual, porque no hacerlo así no es algo que se pueda compensar con otra cosa. No es válido justificarse con algo del estilo de: “Tú eres la que más amas de los dos y la que más hace en la casa y por la familia, pero yo soy el que aporta el dinero para que podamos vivir aquí y con eso ya cumplo mi parte”. Por eso no es buena idea incorporarse a una relación yendo de antemano minusvalorada y vencida, menospreciada o acomplejada, deprimida o desesperanzada, o en un mal momento de la vida, porque se corre el riesgo de conformarse con cualquier persona y cualquier situación antes que seguir como se está; de ese modo se está planteando la relación equivocadamente desde el principio, porque uno tal vez no está buscando amor, sino cuidado, acogida, compañía, alguien que le solucione los problemas, y eso no es más que un parche provisional, porque cuando un día salga de ese estado de problema y confusión, y se pregunte dónde está el amor, comprobará que no está a su lado, y eso le dejará muy triste. En mi opinión, cuando uno va a compartir su vida con otra persona, debería hacerle un planteamiento parecido a este: “Préstame mucha atención, estate muy pendiente de mí y cuídame como a un tesoro, porque soy una persona excelente y para ti he de parecer un Ser Humano excepcional. Y tú vas a ser, de entre todas las personas del mundo, quien tenga el privilegio y la dicha de disfrutar de mí, de mi compañía, de mis atenciones. Siéntete muy satisfecho y orgulloso por haber sido el elegido. Pero no decaigas en tu atención, porque si no me tratas del modo adecuado te dejaré y será otro quien tenga el honor de ser mi compañero”. Tan rotundo. Tan exigente. Esta es la idea. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - La relación ha de ser enriquecedora PARA AMBOS. - Cada uno ha de mostrar su dignidad en la relación, y cada uno debe ADMIRAR al otro –en alguna faceta- como condición indispensable. Me costó mucho comprender esto, pero el día que lo comprendí cambió mi concepto de la relación y de la otra persona de la pareja. - Como Seres Humanos todos tenemos valor. El valor de cada persona no lo determinan los conocimientos ni la riqueza ni la posición social, sino su conducta y su esencia. Francisco de Sales
  2. TODOS TENEMOS ASIGNATURAS PENDIENTES En mi opinión, este es un asunto que tal vez nos hermane a casi todos, porque las vidas plenas no suelen ser habituales. Más bien vamos arrastrando como podemos diversos pesares y penas, frustraciones de todos los tamaños, pérdidas, desilusiones, y una sensación de que tenemos cosas que siempre quisimos hacer y aún siguen en la carpeta de “Asuntos Pendientes”. Tenemos sueños sin cumplir, deseos que no han llegado a convertirse en realidad, ilusiones que se quedaron solamente en la ilusión y ahora viven desilusionadas. Tenemos una vida sin completar llena de vacíos que transportamos a cuestas soportando su dolor pero sin hacer algo por llenarlos. Tenemos asuntos o problemas sin resolver, cuestiones que no supimos solucionar bien en su momento o deseos que aplazamos continuamente… tenemos arrepentimientos por cosas que, si pudiésemos, volveríamos atrás y las remataríamos de otro modo. En casi todas las vidas aparecen pensamientos que comienzan con “si hubiese hecho aquello...”, “si hubiese elegido otra cosa…”, “si hubiese dicho lo que callé…”, y en esos pensamientos se arrastra un pesar que se manifiesta en forma de una profunda tristeza o un doloroso arrepentimiento. Son asuntos que no han sido bien resueltos y quedan pendientes de resolver bien. Sobre todo en los momentos de inestabilidad, o en los que la tristeza nos domina, o cuando nos sentimos bajos sentimentalmente, aparecen esa especie de auto-reproches, y la reclamación de poder volver al pasado para zanjar bien esas Asignaturas que tenemos Pendientes. Casi siempre hay un “alguien” con quien uno siente que no se comportó bien, aparece una relación que no se desarrolló de un modo que ahora parezca satisfactorio, no se dio un beso que se deseaba, no se dijo una palabra o uno se quedó con un abrazo que ahora quema en los brazos y en el alma. Si hay una tendencia notable a mirar hacia atrás con una añoranza adolorida ante ciertas situaciones porque quedaron inconclusas o mal cerradas, o porque nos gustaría aclarar un malentendido o reemplazar una actuación equivocada por otra correcta; si no nos despedimos del modo adecuado de aquella persona querida, o no hicimos lo suficiente por alguien que nos necesitó o que le decepcionamos, o si nos culpabilizamos a menudo por nuestro pasado, tal vez sea ahora el momento de hacerlo bien si es posible. Ahora creemos –aunque tal vez no sea cierto- que hubo actuaciones que apreciamos de distinto modo que cuando sucedieron, y tal vez no es que ahora seamos más sabios –que posiblemente lo seamos. Aunque también, tal vez, un sentimiento de fracaso o de culpa esté aumentando y distorsionando aquella realidad. Para verificar o desmantelar los sentimientos que tenemos respecto a esas Asignaturas, conviene antes mirar con objetividad si se debe a que no nos gusta nuestra vida actual y buscamos un responsable o un culpable para ello, o si es que estamos buscando una perfección en todos los actos de nuestra vida -cosa que debido a que somos humanos es imposible- y queremos remediar lo que no nos parece bien, o si es que ahora pensamos que nos perdimos oportunidades especiales, o es que nos reprochamos una cobardía por algo que no fuimos capaz de afrontar en su momento, o es que nos calificamos como irresponsables. Tomamos las equivocaciones del pasado como fracasos personales y no como lo que realmente son: aprendizajes. Entonces no sabíamos y si no lo hubiésemos hecho entonces, ahora no sabríamos. ¿CÓMO APROBAR LAS ASIGNATURAS PENDIENTES? Nos encontraremos con casos imposibles de resolver por motivos físicos, pero siempre nos queda la opción válida de dirigirnos a esa persona físicamente, o a ese hecho desde el corazón -preferiblemente en una oración o una meditación-, diciendo lo que realmente queremos decir, o pedir perdón, o reconocer humildemente la culpa, o dar las gracias. Si es un asunto en que hay personas implicadas y no existen impedimentos reales –como su muerte-, es mejor resolverlo en persona o por teléfono, explicando el arrepentimiento o el dolor o el deseo de reconciliación con la persona. Si la asignatura pendiente es un viaje o es hacer cualquier cosa que siempre se quiso hacer o es atreverse o es darse un capricho y ello es posible… ¡adelante y a por ello! Conviene tener una vida lo más plena y en paz que sea posible, y si para ello tenemos que aprobar ciertas Asignaturas Pendientes… empecemos, ya inaplazablemente, desde ahora mismo, a la tarea. Hacerlo nos dará tranquilidad y Amor Propio. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales
  3. video:https://www.youtube.com/watch?v=zJHPHtj2D5oEn mi opinión, desperdiciamos demasiada vida con eso de aplazar algunos asuntos primordiales como, por ejemplo, tomar ciertas decisiones que sabemos que son importantes, buscar soluciones a asuntos fundamentales que vamos aplazando y aplazando, VIVIR –con mayúsculas-, o hacer lo que sabemos que tenemos que hacer, y en vez de atender a esos asuntos como se merecen la desperdiciamos en una dejadez imperdonable, como si nos creyésemos de verdad inmortales.Si le ha gustado este video ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Gracias.
  4. NUNCA ES TARDE PARA SER QUIEN TÚ QUIERAS SER En mi opinión, este deseo innato de ser realmente uno mismo es acallado en numerosas ocasiones por obedecer a una idea de origen desconocido que nos puede llegar a hacer creer, equivocadamente, que ya es tarde para hacer algunas de las cosas que uno siempre quiso hacer y no pudo. Es cierto, no se puede negar, que hay cosas para las que puede ser ya tarde o que son realmente imposibles, como ir andando a la luna o escalar el Everest en silla de ruedas a los 95 años, pero en la mayoría de las ocasiones en que uno utiliza esa frase de “ya es tarde para hacerlo” como respuesta, en realidad la está utilizando como excusa. Algunos límites los pueden poner motivos físicos reales, pero la mente y los deseos pueden seguir activos, y si ambos se ponen de acuerdo en trabajar con voluntad, juntos y en la misma dirección, tienen opciones de convertirse en realidades. Atravesaremos varios momentos en la vida en los que sentiremos la necesidad de hacer un alto y reflexionar para poder concretar en algo real y positivo ese “darse cuenta de no estar a gusto”. Y entonces es cuando surge la oportunidad -de un modo más latente- de hacerlo y es cuando puedes cambiar… o seguir igual. La vida no tiene reglas, cada uno pone las suyas. Puedes decidir darte la oportunidad de hacerlo pero luego no hacerlo por falta de voluntad, o porque te resultan más atractivos los placeres inmediatos que los que se producen a medio o largo plazo y además requieren esfuerzos. Cada uno es libre de sacar provecho o desperdiciar esas oportunidades especiales en que se juntan tantas de esas cosas que nos provocan desagrado que ya no se pueden obviar y hay que ofrecerles una respuesta. Es más recomendable la opción de sacarle provecho. En demasiadas ocasiones se nos olvida que nuestra vida camina hacia su final incluso cuando no nos damos cuenta y no pensamos en ello. Esto quiere decir que algunas cosas se nos presentan con un ultimátum bajo el brazo. Nunca es tarde para hacer algunos cambios pero sí puede ser la última oportunidad para otros. El precio de no afrontar algunas cosas cuando corresponde es pasar una larga última parte de la vida llena de frustraciones y con el dolor irreparable de no haber aprovechado los beneficios que aportan los cambios cuando se producen por decisión y beneficios propios y en el momento adecuado. Creo que lo importante en la vida es poder llegar al final con la satisfacción de haber aprovechado esta única e irrepetible oportunidad de estar aquí, de poder disfrutar lo que nos ofrece, y del contacto con la gente con la que nos encontramos. Cada uno tiene sus motivos de satisfacción en la vida y le conviene conocerlos para promocionarlos. Cada uno tiene sus objetivos, sus razones y deseos, sus motivaciones, y es generoso para con uno mismo, en la medida de lo posible, realizarlos. Todos queremos ser algo o hacer algo, incluso lo que no se han entretenido en averiguarlo, porque es algo instintivo que viene incluido en el Ser Humano. Algo que conviene escuchar para conocer. Los sueños y los propósitos tienen que hacerse conscientes y no vivir solamente en una caja fuerte a la que nunca se accede, para de ese modo poder empezar a trabajar en la hermosa tarea de ser Uno Mismo, para dar vida a esa parte nuestra que se mantiene escondida pendiente de salir a la luz. Conviene tener sueños que puedan ser realizados, porque eso es un aliciente en la vida y porque conseguirlos hace que uno se sienta realizado como persona, satisfecho de sí mismo, con la agradable sensación de estar en el buen camino. Hay que empezar ya, y una y otra vez, a hacer realidad nuestros sueños y deseos; es una obligación y no importa las veces que no los consigamos hasta que llegue el momento en que sí los podamos lograr. Hay una fuerza interna, genética, que nos empuja y conviene no ponerle obstáculos para realizarse, porque eso es realizarnos. Averigua quién quieres ser, qué quieres hacer, y hazlo. Nunca vas a ser más joven que ahora. Estás en una cuenta atrás de tu vida y conviene que no aplaces lo que tengas que hacer o lo que quieras hacer. Tus sueños dependen de ti. Tu vida depende de ti. Haz lo que sea necesario para que puedas ser tú mismo. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales
  5. IMPRESCINDIBLE: HACER MICROPARADAS A LO LARGO DEL DÍA En mi opinión, una de las formas más eficaces de tomar consciencia de uno mismo, y de la vida, consiste en hacer varias microparadas –o muchas- a lo largo del día para darse cuenta. Es imprescindible dedicarse todos los días un tiempo para uno mismo, aunque sea a base de esas microparadas; no obstante, lo adecuado es que sea más, mejor una hora o la mayor cantidad posible de minutos y que, además, sean de calidad y atención plena sin distracciones que se entrometan y malgasten ese tiempo. Para quien realmente no disponga de ese tiempo personal –o para los que quieran hacerlo también así-, se trata de hacer una parada en la actividad que se tenga, aprovechando una leve pausa quienes estén trabajando u ocupados –el momento de ir al inodoro en los casos más extremos-, o poniendo un aviso/alarma cada cierto tiempo, y entonces cerrar los ojos, abstraerse, dejar el mundo fuera de uno mismo, y sentir el cuerpo, centrarse en alguna de sus partes, respirar conscientemente, repetir “Soy yo y estoy aquí y ahora”, o cualquier frase similar que haga tomar consciencia de la realidad que es uno, de que a pesar de la desatención por las ocupaciones uno sigue siendo él mismo por encima de todo, sigue estando ahí… aunque no esté consciente de su vida. Las microparadas permiten retomar inmediatamente el contacto profundo con uno mismo. Sirven para percibirse, sin más; para tocarse y verificar “estas son mis manos, este es mi vientre”; para poner en activo los sentimientos al cerrar los ojos y quedarse uno a solas consigo mismo sin distracciones externas; para contactar con el desatendido, el siempre ocupado o siempre distraído en que nos hemos convertido. Para recordar que estás vivo, que eres tú. Las microparadas son oasis en el ajetreo, en la vorágine, en la ocupación absorbente; son las que permiten que no se pierda el contacto con uno mismo, las que evitan que uno tarde meses en darse cuenta de lo abandonado que se tiene, de la poca atención que se dedica. Y quien pueda –y esto es muy recomendable- que aproveche ese momento, si lo puede alargar, para revisar un aspecto personal de su vida, uno que tenga pendiente de resolver; es bueno aprovechar para mandar luz al asunto, para que se aclare, es bueno decirse a sí mismo que uno se ama –y, por supuesto, tiene que ser cierto-, y es buen momento para regodearse en algún aspecto positivo propio, en algún buen recuerdo, en la remembranza de algún ser querido, en algo personal que provoque placer o satisfacción, algo de lo que uno se sienta satisfecho u orgulloso. Si uno lo aprovecha para contactar consigo mismo es mejor que sea de un modo amable, y nada de aprovechar para reprocharse o ponerse mala cara. Es un momento para la reconciliación total que siempre tenemos pendiente. Es un momento para darse una parte de ese amor propio que tanto y siempre necesitamos. Es un momento de estar consigo mismo, en armonía, fraternalmente, fortaleciendo la unidad con las diversas y dispares partes que nos forman. Todos –sí, escribo “todos” aunque digo que no hay que generalizar…- necesitamos grandes y fructíferas paradas para contactar con nuestro Ser, pero en la mayoría de los casos nos tendremos que conformar con microparadas. Prueba. No pierdes nada… Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales
  6. CAPÍTULO 129 - OBSESIONARSE CON EL AMOR IDEAL -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 129 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER El amor ideal es el amor posible pero… idealizado, o sea fantaseado y sublimado, y de ese modo se convierte en una utopía difícil de hacer realidad. Se ha elevado por encima de su estado natural, y la verdad del amor tal como es por sí mismo, sin adornos ni engrandecimientos artificiales, es la realidad. Es la única y auténtica realidad. A veces, se le exige demasiado al otro miembro, en el que se han depositado tantas ansias, imaginaciones desbordadas y necesidades, que nunca va a llegar a cumplir las altas y soñadoras expectativas. No siempre se pueden satisfacer los ideales del otro. El amor ideal es un enemigo de la relación porque con su ansia casi la condena a no poder convertirse en realidad. El amor es un proyecto a largo plazo y no se puede mantener sujeto durante mucho tiempo sólo con pinzas. Hace falta más. Mucho más. Como, por ejemplo, poner los pies en tierra y vivir el amor como realmente es y no como se ha idealizado. Lo cual no quiere decir que haya que conformarse con cualquier cosa sino que no se le puede pedir a una cosa que sea lo que no es. Hay personas que en la búsqueda de ese grial del amor irreal irán rompiendo una relación tras otra porque la realidad no está a la altura de lo que la imaginación desbordada fabrica. Una vez desencantados romperán su relación e iniciarán con otra persona un camino orientado directamente hacia el fracaso. Lo conveniente sería hacer una parada para hacer una importante reflexión en torno a la búsqueda de lo que tal vez sólo pueda tener vida en su imaginación. Y lo más sensato es aspirar a un amor como son los amores por sí mismos, en una relación como son las relaciones, con sus altibajos, sus pequeños desencuentros y sus momentos de Gloria. Y no buscar urgente y desesperadamente otra persona que llene el hueco que ha quedado. Es mejor que el corazón se enfríe antes de volverlo a ocupar. Es mejor que se vacíe de ecos, de aromas, del otro calor o del otro frío… es mejor que pase un tiempo para que cicatricen bien las heridas, para que el viento se lleve las voces y las pisadas, se apaguen definitivamente los rescoldos, y el olvido se haga cargo de todo y se lleve todo lo inútil consigo. El campo se deja en barbecho para que luego dé mejor cosecha. Que el olvido no se lleve, bajo ningún concepto, lo que se haya aprendido, lo que conviene saber para pedirlo y poder seguir teniéndolo, y lo que conviene recordar porque no se desea volver a repetir. Hay que evitar eso de volver a tropezar en la misma piedra. Con una herida ya es suficiente. Al corazón, tras una ruptura, conviene dejarle que se apacigüe, que retome sus pulsaciones naturales, y que reorganice su casa para acoger bien al nuevo inquilino. Por todo ello, empecinarse en un amor ideal de alguien que sea un dechado de perfecciones es buscar lo imposible. Y pretender que el otro -que no es ni más ni menos que un humano que lleva la imperfección en su origen-, sea por naturaleza la impecabilidad absoluta, sea sublime o divino, lo supremo, que no cometa una torpeza o diga un inconveniente, que sepa comportarse siempre de un modo irreprochable y sepa adivinar deseos y pensamientos para convertirlos en realidad, siempre magnífico y admirable, es pedir lo imposible. Sea quien sea el seleccionado desde esa premisa de impecabilidad, está condenado a no llegar a la altura idealizada y no será por culpa suya. La tensión que se le va a crear con tan elevada exigencia le va a llevar a vivir un personaje que esté por encima de su naturalidad, representando continuamente un papel que no ha solicitado y para el que no está preparado. Será bueno hacerse a la idea de que los amores ideales no soportan la luz de la realidad, y que no se les puede sacar del mundo de la fantasía, porque están condenados a morir antes de haber nacido. El otro es humano. Y eso obliga a ser realistas con los deseos y a dar un toque de cordura a los sueños. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Los amores idealizados están condenados a morir antes de haber nacido. - Está muy bien establecer unos “mínimos” para la relación, pero la obsesión por la perfección absoluta la convierte en algo imposible. - En una relación –de cualquier tipo- es mejor disfrutar lo que hay que sufrir por lo que no hay. - En una relación puede ser conveniente ser intolerante con LO QUE NO SE QUIERE admitir que haya pero un poco menos riguroso con la exigencia del cumplimento de todo LO QUE SÍ SE QUIERE. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  7. CAPÍTULO 128 – DÁMELO TODO -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 128 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER En las relaciones que están mal planteadas, defectuosas desde su nacimiento, hay uno –generalmente el hombre- que le exige todo a la otra parte. “Dámelo todo”, dice con sus actos y su modo de ser y actuar. Este tipo de relación es inaceptable. Es injusto. Hace que algo que se basa en aportar y compartir mutuamente acabe siendo algo en el que sólo recibe uno a costa del sacrificio o la entrega del otro. Si alguien lo pide todo puede indicar varias cosas. La primera, que es un egoísta, aprovechado, ambicioso y rastrero indigno de recibir cualquier cosa puesto que él no corresponde en la misma medida y deja clara cuál es su única voluntad. La segunda, que no va a apreciar lo que se le dé puesto que no lo interpreta como un acto de generosidad, sino como algo que es un derecho que le corresponde y por tanto no tiene ni siquiera que agradecerlo. La tercera, puede ser que esté anclado en un guión de insatisfacción y va a exigir constantemente y jamás se va a dar por satisfecho. Ese tipo de comportamiento ha de ser del todo inaceptable, así que habrá que estar atento para no colaborar en eso y muy atento a descubrir si el otro actúa de este modo. En ambos casos, se requiere una modificación y reconducción de la conducta. El amor, para quien no lo sepa aún, no se demuestra dándolo todo. “Lo hago por amor, para que vea de este modo cuánto le quiero y lo que estoy dispuesta a hacer por él”, se dice erróneamente. Si no se recibe a cambio algo similar a lo que se entrega, y no para que sea un negocio equitativo, sino por es algo que tiene que brotar espontáneamente de ambos, es una relación descompensada. No es una buena relación. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Es conveniente y justo no dejarse cegar por lo que se supone que es amor cuando no lo es. - Si uno renuncia en exceso a lo que le corresponde y entrega demasiado sólo por mantener contenta a la otra persona… tal vez esté en una relación de dependencia y no de amor. - Cuando “dámelo todo” se convierte en una exigencia, en una imposición, más vale revisar la relación con objetividad. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  8. CAPÍTULO 127 - QUERER QUE EL OTRO SIENTA LO QUE NO SIENTE -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 127 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Si hay algo que es absolutamente irracional, algo donde los razonamientos más racionales y explicativos no pueden hacer nada, ese algo son... las emociones. Es imposible convencer al corazón con argumentos mentales, porque mente y corazón hablan idiomas distintos y ninguno entiende, ni quiere entender, al otro. Las emociones auténticas brotan espontáneamente sin necesidad de una explicación cargada de convincentes raciocinios. Para bien y para mal. Porque a veces eso es contraproducente, porque la emoción es un niño indómito que se manifiesta como es y como siente. Y sentir no es pensar. Si el otro no siente pasión, o si la otra no corresponde en el amor, no es tratando de convencerle con explicaciones como se consigue que cambie su actitud o su afecto. No se puede inculcar algo que el otro rechaza, y menos aún cuando es algo inmune a las explicaciones de la mente. Si uno sigue interesado en que se mantenga esa relación -que parece atravesar un momento delicado- es con la demostración de cómo es uno mismo como se puede reconquistar a la otra parte; siendo como uno es naturalmente existe la posibilidad de que el otro le redescubra, o sus sentimientos se den cuenta de su estado, y que vuelvan a descontrolarse emocionados sus latidos, y que recupere por derecho propio –y sin la colaboración de las palabras y las razones- el sitio en el otro corazón. Las emociones son naturales siempre. La parte que puede ser incómoda o perjudicial es cuando una emoción que no nos gusta la convertimos en un mal sentimiento. La atracción es un proceso involuntario y mentalmente descontrolado, y la atracción –física, mental o espiritual- es imprescindible para que uno se sienta fascinado por otro. Y si se pretende manipular al otro, quien lo intente se va a dar cuenta que va a lograr un efecto opuesto al deseado. La atracción es el primer paso, pero, cuidado, sentir atracción no es sentir amor. No se deben confundir la atracción que sólo tiene un marcado matiz sexual, o la atracción por su personalidad, o la atracción intelectual o espiritual, con el amor. Eso es algo que puede o no puede darse posteriormente. Pero si no existe una atracción en el corazón, la que sea, entonces es muy difícil –acercándose a imposible- que el otro sienta lo que no siente. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - No se pueden imponer los sentimientos ni se les puede obligar a que sean lo que no son. - Las emociones no son racionales: o se dan por sí mismas o no se dan. - El corazón no acepta órdenes. - El amor sólo se siente cuando hay un motivo por el que amar. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  9. CAPÍTULO 126 - CULPAR AL OTRO POR LA DECISIÓN QUE UNO TOMÓ DE UNIRSE A ÉL -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 126 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Cuando una relación está yendo mal aparecen desaprobaciones, reproches, frialdad, una ligera nota de odio, rabia, lamentaciones, quejas, descontentos… y parece como si el otro fuera el responsable de todo ello. O, por lo menos, es al otro a quien se le culpabiliza y responsabiliza. Pero si sólo se le culpabiliza al otro se está cometiendo, por lo menos en parte, una injusticia. Haciendo uso de la sinceridad, y entonando un mea culpa que debería ser verdadero, el primer responsable y culpable –sí es que lo hubiera- es uno mismo, ya que fue uno mismo quien tomó la decisión de escoger esa pareja entre todas las personas del mundo. Si más adelante, y en contra de las previsiones o deseos, se ha demostrado que la elección no fue acertada -si es que no ha habido mentira u ocultación por parte del otro durante el noviazgo, en cuyo caso todo cambia-, sería bueno hacer dos cosas. La primera, no entrar en una espiral autodestructiva de juicios y reproches hacia aquella persona que decidió en aquel momento quién sería su pareja. “Aquella” –que entonces era uno mismo, pero no el que es en la actualidad- tenía algunos años menos, una cierta escasez de experiencia, y no era una adivina infalible capaz de presagiar el desenlace al que ha llegado la relación. Por lo tanto hay que comprenderla y eximirla de castigo. Aun en el caso de que sospechara que no iba a salir bien la relación, fue la decisión que se tomó y, sobre todo, ya no tiene remedio, y reprochar y reprochar y reprochar… no sólo no resuelve nada, sino que crea una relación tensa y desagradable, plagada de una innecesaria y perjudicial frialdad y de reproches, entre uno y Uno Mismo y, desde luego, no es el mejor camino para encontrar una solución a lo que ha de seguir al conflicto actual. Uno va a tener que reconstruirse, emprender una vida distinta, hacer grandes cambios en su vida y se va a necesitar íntegro y a su favor. La relación no salió como estaba prevista. Y se acabó eso de darle más vueltas. Borrón y cuenta nueva. La segunda cosa, y ya que es ahora cuando se ha confirmado la inviabilidad, lo mejor es aceptarlo y asumirlo. Si ya se está en ese momento en que las posibilidades de solución o reconciliación están agotadas, lo mejor es ir deshaciéndolo todo, del mejor modo posible, procurando no quedar ninguno muy perjudicado, y utilizando para ello aunque sea el rescoldo del amor que hubo. Es mejor evitar, en la medida de lo posible, las rupturas traumáticas, los trastos volando por la casa, los insultos y los reproches hirientes, la venganza y el desprecio, o que se sientan perjudicados los hijos si los hubiera. Bastante dolor tendrán ambos a sus espaldas al llegar a esta situación como para hacer leña del árbol caído, como para hundir más el puñal clavado. “Quien odia a la persona que amó, es que amó mucho”, dice Antonio Gala. Si amó mucho, por respeto a ese amor –que se lo merece- sería bueno que ambos culminaran la relación de un modo lo más armonioso posible, agradeciéndose cuanto se hayan podido aportar de bueno durante esa etapa, asumiendo cada uno su parte de responsabilidad en la ruptura, deseándose una serena recuperación, y zanjándolo con un abrazo fraternal en el que pusieran una parte de todo el amor que se tuvieron. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Cada uno es responsable de las decisiones que toma. Tanto de las que demuestran ser eficaces como de las menos satisfactorias. - Culpabilizar al otro de todo -si no es culpable de todo- es una forma de no asumir la parte de culpa que corresponde. - Equivocarse en la elección, o que ésta no tenga el final deseado, son posibilidades que existen al formar una relación. Hay que aceptar que no somos infalibles. - Se dice que cuando se rompe una relación uno se queda consigo mismo, o sea con la mejor parte. Que eso sea un consuelo. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  10. CAPÍTULO 125 - CONFUNDIR “ESTOY ENAMORADO” CON “ME INTERESA” -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 125 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Eso de que algunos no sepan distinguir muy bien “el amor” de “lo que interesa”, que es más habitual de lo que parece, lleva a confundirse en el momento de tomar la decisión de con quién se va a formalizar la relación. Ya he dejado claro que, en mi opinión, y aunque cueste reconocerlo y aceptarlo, las relaciones sentimentales son relaciones de interés. “Estoy contigo porque creo que estaré –en algunos o bastantes aspectos- mejor que sin ti”, es una realidad aunque uno no llegue a pensarlo así conscientemente. ¿Quién decide en tu caso? ¿Es tu corazón quien dispone, o es tu mente quien es capaz de ver en el seleccionado más cosas que le interesan que en otro cualquiera? Poco a poco, cuando uno se empieza a relacionar con otro, éste va ganando en interés –otra vez una palabra que pertenece más a la mente que a los sentimientos - si es que encaja con alguna idea que se tiene más o menos preconcebida de lo que se desea, o si es capaz de romper con su encanto o personalidad lo que estuviera premeditado, y ahí es donde reside otra duda: ¿quién le va aumentando o restando puntos o posibilidades?, ¿quién amplía las probabilidades o las va apagando? Y más relevante aún: ¿está todo uno presente y consciente en esa decisión, o la deja al criterio y la designación del azar mientras que en realidad solo es espectador de una decisión inconsciente que toma la obnubilación del momento? ¿Surge la decisión de ese sitio donde brotan los pálpitos acertados, o es un decreto de la intuición, o es clara y directamente por interés? ¿Es el alma quien asesora? ¿Es el corazón simbólico con toda su sabiduría atávica quien hace la selección? ¿O es la suma de los sentimientos alborotados, las cosquillas en el estómago, el sexo exaltado, las sonrisas que prometen serán eternas, las miradas que producen los más cautivados escalofríos, sus promesas sin palabras o levemente susurradas…? ¿Es todo ello junto lo que encandila a uno cada vez que se imagina al otro, cuando se oye la voz que le dice “te quiero” como jamás nadie lo ha pronunciado… y, también, por supuesto, los intereses? Es una relación chocante la de los sentimientos con los intereses, pero es conveniente prestar mucha atención, porque uno se puede estar jugando todo su futuro y su felicidad o su infelicidad, y es bueno hacerse las preguntas y reflexionar bajándose de la nube y escuchando todas las voces interiores, y, sobre todo, no engañándose, no siendo cómplice colaborador en la propia auto-destrucción. En el momento de la elección aún se está a tiempo de deshacer las ilusiones que uno se ha empezado a formar si se descubre que no se tiene el convencimiento aplastante de estar acertado en la decisión, o si se comprueba que no hay armonía y unanimidad entre todos los opinantes, internos y externos, y que la realidad no concuerda con los anhelos. Lo que resultará más difícil es perdonarse posteriormente ese autoengaño consciente, o haber caído en la omisión de lo que sería más acertado si se hubiera reconocido la realidad. Lo paradójico es que, en un asunto en el que debieran primar los sentimientos, es conveniente y hasta imprescindible que participe la mente, pero en una mezcla equilibrada de ambos. Si sólo existe uno de ellos, es muy posible que no llegue a ser una relación adecuada. Y el porcentaje de cada uno de los ingredientes, la fórmula óptima, sólo la puede decidir uno mismo. En lo que entendemos habitualmente por “amor” y por “sentimientos”, existe un riesgo considerable de ceguera y una demostrada falta de realismo, así que es más que conveniente consensuar a ambos con la claridad realista, sincera y de amor propio, y no caer en la vieja trampa de “nosotros nos vamos a amar como nadie jamás se ha amado antes”, o en el autoengaño de “conmigo cambiará porque me ama de verdad”. Esos son los argumentos más ingenuos con las bases más tambaleantes que existen. Reitero: en el amor hay una parte de interés y hay que reconocerla y prestarle atención para que quede satisfecha. Y la parte del amor, también. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - El enamoramiento requiere la presencia de la realidad. No se debe sustentar solamente sobre utopías y sueños o fantasías. - Las relaciones en las que un miembro está por amor y el otro por intereses tienen los ingredientes necesarios para fracasar. - No está mal reconocer y aceptar que en el amor están también presentes los intereses, pero tienen que ser intereses para ambos. - A la hora de decidirse por una pareja conviene ser plenamente consciente de esa decisión, no dejarse llevar por las calenturas, no eludir ninguno de los inconvenientes que se hayan descubierto, no engañarse. - Está bien valorar lo que aporta de beneficioso la relación, pero no estar en ella exclusivamente por intereses. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  11. CAPÍTULO 124 - ESPERAR UN MILAGRO -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 124 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Existen algunos matrimonios que no son otra cosa que una relación meramente comercial donde funciona, de forma constante, la norma de “te doy si me tú das”. Hay personas que cambian su soledad por la opción de tener a alguien de compañía porque esperan que así tendrán atenciones, porque necesitan que le preparen su comida, o le solventen su sexualidad, o se encarguen del aseo de sus ropas. Y hay libertad para que las relaciones puedan ser así. Es habitual escuchar a personas que dicen soportar cualquier cosa de su pareja ya que es quien mantiene económicamente la casa y la familia, y es habitual encontrar seres totalmente subordinados a otro porque le impone un mando despótico. Otros, autoritariamente dominan en todos los sentidos: como si hubieran comprado un esclavo. Esto, a veces se ve a simple vista pero otras veces es una dominación ocultada maliciosamente con sonrisas… pero son idénticas en su cometido. Otros buscan la forma de encontrar amor dando lástima y no saben que sólo encuentran compasión, pero no amor. Otros actúan como niños caprichosos y encuentran en su pareja una “madre” que les sigue protegiendo, y hay quienes se hacen los débiles y buscan cobijarse en su pareja tratando de lograr su protección. También hay quienes subordinan a su pareja golpeándola físicamente, o de una manera psicológica y denigrante. ¿Y a esto llamamos Amor? Esto es comprar y pagar, es una transacción comercial en las que a veces se usa el dinero y en otras se paga con la propia libertad. Donde no hay amor, difícilmente va a aparecer por las buenas. Hay que ser consciente de lo que se tiene y aceptarlo o dejarlo. Pero no es conveniente esperar que un día brote de la nada. En esto de amar, no existen los milagros. Más vale no esperarlos. O se ponen ambos a la tarea de poner amor en la relación –pero sobre un amor que ya existía, porque si no lo existía es tarea ardua y casi imposible-, o se acepta que no lo hay y se renuncia a que aparezca. O se acepta que continúe así -si ambos están de acuerdo- o directamente se cancela la relación por falta del elemento primordial. En este caso hay que permitirles a la mente, a los sentimientos y a los hechos, que aporten su opinión sincera y, desde el punto de vista del Amor Propio, se reconozca la realidad de lo que hay y se decida lo que se crea conveniente. Pero no esperar un milagro. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - La relación hay que trabajarla para que prospere. Requiere esfuerzo. Confiar en un milagro puede ser una nefasto auto-engaño. - No es conveniente dejar que las relaciones que no van bien se resuelvan ellas solas. Si no intervienen ambos en la sanación, su destino inevitable es su desaparición. - Cada pareja espera una cosa distinta de su relación. En teoría, cualquier relación plenamente aceptada por ambos VOLUNTARIAMENTE, puede ser admisible. - Cuando la relación no da más de sí porque una de las partes no aporta lo que le corresponde, en la disolución puede estar el beneficio para quien da y no recibe. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  12. CAPÍTULO 123 - NEGAR LAS CICATRICES QUE VA DEJANDO EL DESAMOR -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 123 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Las heridas graves no desaparecen nunca del todo: dejan cicatrices que se pueden disimular pero no hacer desaparecer. Puede llegar a mitigarse el dolor, pero no pueden ser negadas. “No es nada…”, “ya estoy acostumbrada…”, “no me importa…” Éstas, y otras frases similares, deberían ser desterradas, porque mienten. Duele. El desamor duele. Es una herida grande y grave. Y cuando alguien siente ese desamor tiene que dejárselo muy claro al otro para que sepa lo que está haciendo, o lo que no está haciendo, y no pueda escudarse después detrás de un “no sabía que eso te hacía daño”. Y tampoco se pueden maquillar con amor, porque eso las disimula, pero siguen estando debajo del maquillaje. El desamor atenta contra un estado personal muy preciado, que es la relación sentimental. Nadie quiere que esta se convierta en un fracaso, porque en ese caso podría llegar podría llegar a sentirlo como un fracaso como persona. Así que descubrir que la pasión inicial se va enfriando casi de un día para otro, que de aquellas atenciones que se ofrecían ya sólo queda un eco lejano que se va apagando, que de los halagos y sonrisas de antes ya casi no queda ni el recuerdo, y que casi todas las promesas se van diluyendo, desapareciendo como si nunca hubieran existido… deja un sentimiento que es una pena inconsolable, una tristeza amarga, un abatimiento desesperado, y una sensación dolorosa de estar muerto a pesar de que los latidos del corazón opinen lo contrario. Cuando se empiezan a notar los primeros síntomas de desamor, y sin aplazarlo ni un día más, conviene propiciar un buen momento para hablar con el otro –sin recriminar, sólo exponer- de los sentimientos que se están percibiendo, o de la realidad que se está comprobando, y tratar de encontrar una solución entre ambos, antes de que todo se pierda irremediablemente. Vivir en esas condiciones, y sin decir lo que se siente por no molestar o herir al otro, o por miedo a enfrentarse a la realidad, o por no querer reconocerlo y, además, depreciarlo diciendo cosas como que “es una mala racha que ya se pasará…”, “todas las parejas pasan por esta misma situación…”, “igual es culpa mía que soy demasiado exigente…”, “bastantes embrollos tiene él como para que yo le vaya ahora con esto…”, “ni me molesto: va a decir que son tonterías mías…”, o cualquiera otra razón que lleve el mismo tono derrotado es el preámbulo de un fracaso estruendoso. En la relación no debería haber ningún tema tabú, y éste, precisamente, es el que no se debe aplazar ni evitar, porque el presente y el futuro sentimental de ambos, como miembros de la relación, depende de que ambos se encuentren bien en ella. El hombre, por lo general, es menos exigente, así que se conforma con menos. En realidad, y no exagerando mucho, se conforma con tener las necesidades básicas cubiertas: sexo, alimento, compañía –cuando se desea, que no a todas horas-, dinero, caprichos, algo de cariño y un hogar. Puede vivir sin el resto de cosas. La mujer, afortunadamente, es conocedora de que hay otras fuentes que emanan placeres, y está más predispuesta a ellos porque su sensibilidad le permite apreciarlos. Aprecia y valora la compañía, la conversación acerca de los sentimientos, sentirse sinceramente abrazada, el placer de notar las manos de ambos entrelazadas, las miradas que hablan sin palabras, los suspiros, las ensoñaciones, las conversaciones entre corazones, los grandísimos detalles que para otros apenas son perceptibles… amar… el amor… Por eso el desamor, que puede pasar un poco más desapercibido para el hombre, tiene tal relevancia que su falta se convierte en un vacío que grita y en una ausencia que aunque se trate de eludir insiste pertinazmente, porque es consciente de lo importante que es el amor. Negar las cicatrices que va dejando el desamor es otro auto-engaño intolerable: es mejor reconocer su fuerza e importancia, y ponerle remedio. Sea el que sea. Implique lo que implique. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Hablar, informar, compartir… la comunicación es imprescindible en la relación y más en los asuntos que pueden afectarla. - Todo lo que se siente se puede y se debe comunicar al otro miembro, con cuidado, con amor, sin agresividad, pero se puede y se debe hacer. - El desamor conduce a la indiferencia, y esta es el enemigo mortal de las relaciones. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  13. CAPÍTULO 122 - HAZME FELIZ -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 122 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER La responsabilidad de ser feliz no es algo que se deba delegar en otra persona. La felicidad propia es un asunto personal. Es un asunto muy serio y es intransferible. Otra cosa es que el otro nos aporte y sume felicidad a nuestra felicidad. Como ya he aclarado en otros capítulos, en la parte egoísta de la relación de pareja está esa de que uno se une con otro porque piensa que con ese otro va a estar mejor que solo. En el fondo, inconscientemente, exige que el otro le aporte felicidad para estar mejor. Y es una lógica aspiración. Pero el otro tiene que aportar la felicidad que su propio amor, o su propia naturaleza, le permitan, pero lo que es dramático es pasarle al otro la responsabilidad de la propia felicidad, diciéndole aunque sea sin palabras: “hazme feliz”. El otro te hará feliz, o lo intentará, porque es uno de sus propósitos cuando ha decidido unirse a ti, pero no como una obligación –ya que sería tristísimo que tuviera que ser así-. Y si alguien siente que hacer feliz al otro no es su propia voluntad sino que es una imposición va a sentir una rebeldía y una rebelión interior, quiera o no quiera, porque puede sentir que se está mancillando la pureza de algo que se ha de dar de un modo natural. O es espontáneo y es el deseo del propio corazón, o es el encargo más triste que existe. El otro va a hacer todo lo posible para hacerte feliz y eso es lo mismo que se supone que tú vas a hacer por él. La postura de “Hazme feliz” –mientras yo no hago nada por hacerme feliz- es una grandiosa expresión de irresponsabilidad y de descaro. No se puede amar o dar felicidad por obligación. No se puede obligar a que amen o aporten felicidad por obligación. Y si no lo ves claro, ponte en el lugar del otro y siente dentro de ti qué es lo que pasaría si es el otro el que te exige a ti “Hazme feliz”. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Amar y hacer feliz al otro en la relación es el propósito de la unión. Va implícito en el acuerdo. - “Apórtame motivos para que me sienta feliz” es una petición digna, pero no lo es responsabilizar exclusivamente al otro de ese asunto. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  14. CAPÍTULO 121- CREER QUE EL AMOR LO SOLUCIONA TODO -EL PELIGRO DE LAS FALSAS EXPECTATIVAS- Este es el capítulo 121 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER Aunque sea un poco difícil de admitir, esto es algo en lo que siguen creyendo todos los días muchas de las relaciones que se inician. Incluso las que llevan tiempo juntas pero realmente no afrontan y resuelven los conflictos habituales de la convivencia. El amor es, eso sí, un componente inestimable. Todas las frases tópicas sobre el amor son solamente frases bonitas. Esa de “Contigo al fin del mundo” es absurda, porque antes de llegar, en el 99% de los casos, uno de los dos se dará la vuelta; la de “Contigo pan y cebolla” es desmontada fácilmente por la realidad que demuestra que no es suficiente con pan y cebolla y que hacen falta otras vitaminas extras; ni siquiera el amor consigue hacer realidad esa de “El amor supera todos los obstáculos”, cosa que está muy claramente demostrada por tantas parejas que, aun con amor, no consiguen superar todos los obstáculos. El amor que dos personas se profesan colabora en crear una actitud que puede llevar a solucionar de un modo más armonioso y más fácil los conflictos que se vayan presentando, pero con eso no es suficiente. Ayuda, pero no determina. Pone todo lo que puede de su parte e invita a que ambos pongan de la suya, pero él solo no puede ponerlo todo. Para solucionar los inconvenientes que surgen en la convivencia se necesita –además de todo el amor que se tengan y puedan aportar para conseguirlo- voluntad de querer resolverlo, compenetrarse totalmente de un modo empático, una voluntad comprometida firmemente en lograr una solución que sea satisfactoria para ambas partes, total colaboración en todos los sentidos, mucha comprensión y paciencia, capacidad de negociar sabiendo poner y ceder cada uno algo de su parte, estar dispuesto a conceder un poco de lo personal a cambio de lo que se puede conseguir para la relación, y estar más interesados en ser felices que en tener razón. Con las negociaciones hay que tener esto claro: son el preámbulo de un compromiso bienintencionado de que se va a resolver o modificar algo –más bien se va a “intentar” cambiar o modificar algo-, y aunque en ese compromiso la intención sea buena, y la voluntad vaya a colaborar, hay que tener en cuenta que existen unos automatismos profundamente instalados a los cuales va a costar desacostumbrar, por lo que las posibilidades de no cumplir el acuerdo van a estar muy presentes. No se pueden pedir milagros, más vale ser realistas. Se puede pedir buena voluntad y conviene estar vigilante para que se cumplan los compromisos, pero no desesperar y no recriminar si no se consigue inmediatamente lo que se pretende. Ser comprensivos. Ambos. A pesar de lo expuesto con respecto a las negociaciones y sus resultados, conviene estar entrenados para enfrentarse a otras dificultades en la pareja que, sin duda, van a surgir. Estaría muy bien tener diseñado y escrito un protocolo de qué van a hacer ambos cuando surjan, y cómo van a actuar. Que incluya, por ejemplo, que hay que resolverlos en un sitio neutral que no sea el hogar –para no llenarlo de energías negativas o para que no llegar a asociarlo a “lugar de discusiones”-; permitirse exponer ambos, sin ser interrumpidos y sin ser prejuzgados, los sentimientos que se tienen; no criticar ni menospreciar los sentimientos del otro; escuchar las sensaciones que el otro tiene sobre lo que les está pasando –y hay que recordar que las sensaciones no tienen una base razonable, sino que son impresiones o corazonadas, pero no tienen por qué coincidir con la realidad, y quien dice que tiene una sensación no está afirmando ni negando nada-; comprometerse a poner todo el amor sobre la mesa con el objetivo de que el resultado sea óptimo, y no uno granito de arena más, o un obstáculo que impida el acercamiento libre entre ambos; evitar que el enfado se convierta en agresivo, o que los malos modos se interpongan, o que la rabia les haga decir cosas de las que después se arrepentirán, o que se queden sin decir cosas que realmente sean importantes aunque sean dolorosas. El respeto a la opinión del otro es imprescindible, porque la escala de valores de cada persona es distinta, y lo que para uno es un asunto sin valor para el otro puede ser grave. Hay que valorar las cosas también desde el punto de vista del otro, entendiendo por qué ha producido el efecto que ha producido el motivo del conflicto, o hay que hacerle ver al otro, de buenos modos –sin tratar de imponer-, que tal vez está exagerando un poco o está un poco equivocado en su planteamiento. Esto conviene decirlo con mucho tacto, porque si no se hace bien puede producir el efecto opuesto al deseado, ya que el otro puede llegar a sentirse menospreciado al hacerle ver que su actitud o su opinión no son acertadas o tal vez sean desproporcionadas. Hay que escuchar para saber. Conviene que el otro lo exponga todo, y no adelantarse con lo que uno cree que va a decir o cree que siente. Si se quiere saber lo que le pasa, no hay más remedio que escuchar hasta el final, y prestando atención. Tal vez se le sorprenda en una contradicción o tal vez se descubra cuál es la realidad de lo que se esconde tras lo que muestra. Tal vez no esté enfadado con su pareja, sino consigo mismo, pero prefiere responsabilizar al otro. Tal vez lo que se esconde detrás de su enojo es otro sentimiento distinto. Por ejemplo, puede decir que se siente desatendido –y si dice que “siente” no quiere decir que sea la realidad, sino que es su sentimiento, su sensación-, y es muy posible que no se sienta desatendido por su pareja, sino que el hecho de haber sentido un minuto de desatención le haya puesto en contacto –y haya sacado el asunto a la luz- con la desatención o abandono que sintió por sus padres en la infancia, o que es él mismo quien se desatiende mientras espera ser atendido por los otros. No digo que hay que jugar a ser psicólogos, sino que hay que prestar mucha a atención a lo que su opinión tal vez esconde. Es interesante ser cariñosos y atentos porque no hay que olvidar que la razón por la que se está tratando entre ambos de conseguir una solución al conflicto no es otra que afianzar aún más su relación superándolo juntos, porque se aman, y porque ambos desean todo lo que sea un mejoramiento para el otro y un progreso en la calidad de la relación. Y es mejor estar presididos en todo momento por la cordura, la mesura, la paciencia, la calma en la medida de lo posible, otra vez por más amor de ese que se tienen, por unas sonrisas que inviten a sobrevivir al naufragio, por la educación, por el cuidado y la comprensión. Y que al final del intercambio de opiniones, y tras la conversación, pongan el broche de oro con un abrazo, un beso, o el gesto que en su argot secreto indique que todo está bien. SUGERENCIAS PARA ESTE CASO: - Eso de estar hechos el uno para el otro es una frase tan bonita como utópica. El amor no se mantiene solo, por sí mismo. No existe la predestinación y sí existe el trabajo en común para hacerse al otro y para sacar la relación adelante. - Para que la relación esté bien hace falta amor... y voluntad de querer que esté bien. A eso hay que añadir la implicación necesaria para que así sea. - El diálogo es fundamental en la relación, pero aún lo es más cuando se trata de resolver conflictos. - Dejar exclusivamente en manos del amor la solución de los conflictos es una irresponsabilidad. Es una ayuda, pero no la solución definitiva. Francisco de Sales (Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí: http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)
  15. ENFRENTARSE AL DESCONTENTO PERSONAL En mi opinión, de todos los asuntos que tendremos que enfrentar en nuestra vida, uno de los más complicados de entender y resolver es cuando se nos instala una tristeza apagada y una incomodidad general indefinible cuyo origen somos incapaces de encontrar. Es una sensación de descontento general con nosotros mismos, resultado de un balance personal continuo en el que vamos descubriendo facetas o actuaciones nuestras que no nos gustan. En esas situaciones puede pasar por nuestra mente la impresión de ser unos fracasados, la idea de que no hemos alcanzado nuestros propósitos, el pensamiento de que a los otros con quienes nos comparamos les va mejor –y no siempre es cierto-, o variadas opiniones personales todas funestas y desesperanzadas. Se nos presenta todo lo pesimista. Eso que nos pasa requiere de nuestra atención y no de nuestro olvido. Necesitaremos atención, observación, vigilancia de 24 horas, muchas preguntas y muchas reflexiones. Y se ha de hacer todo lo que sea necesario para encontrar la verdad que se esconde detrás de esa manifestación y no conformarse con lo primero que surja, porque tal vez eso no sea la verdad sino la apariencia -salvo que uno ya se conozca bien y se tenga muy claro-. Una vez reconocido el origen de ese malestar, de ese desagrado, lo más importante y necesario es enfrentarse a la situación asumiendo qué es lo que no nos gusta, qué es lo que nos ha llevado a ese descontento, y entonces enfrentarse a ello y reconocer y asumir sin condiciones ni excusas lo que no nos gusta. “Enfrentarse” pero no en una pelea desde un enfoque guerrero, sino poniéndose enfrente y no negándolo. Necesitaremos calma. Hay que buscar respuestas acordes a la situación. Y decidir con qué nos quedamos de lo que tenemos y de qué nos queremos deshacer. Ver con claridad qué cosas nos perjudican y descentran y modificarlas, o eliminarlas directamente, poniendo en su lugar las que realmente sí queremos. Habrá que desmontar los argumentos de quien desde nuestro interior se aferre a la idea de que las cosas no se pueden cambiar y habrá que convencerle de lo contrario para que se ponga de nuestro lado y colabore. La sensación de infelicidad será muy desagradable. El descontento será una losa pesada y triste que nos hundirá cada vez más con su peso y su penar. Es evidente que se requiere una intervención urgente en los orígenes de esos estados para que no sigan afectando tan negativamente. Por ahí hemos pasado casi todos. A veces nos encontramos en esa situación y no sabemos qué hacer. El propio descontento nos nubla la vista y nos apaga la esperanza y esa sensación de decepción personal nos hace creer que no somos merecedores del esfuerzo que requiere resolverlo y nos auto-condenamos a seguir en ese estado enfermizo que, si se alarga, puede acabar en una notable depresión. Una vez que se es consciente de estar viviendo en ese estado de descontento personal, el siguiente paso es contactar con el mejor psicólogo, para que nos pueda ayudar a poner orden en ese caos. Si uno no cuenta con esa posibilidad, le queda la opción de buscar algunas informaciones -de confianza- que le puedan ayudar, o encontrar personas –de confianza- que tengan experiencia y le puedan orientar. Cualquier cosa menos quedarse estancado en una desazón que se pueda llegar a cronificar convirtiendo lo que sólo está siendo un descontento –que puede ser pasajero y leve- en un fracaso. No hay que negarlo cuando es evidente. Se puede trabajar en él para resolverlo, o para objetivarlo y comprender que no es tan fuerte y tan grave como está aparentando, para arrancarle el dramatismo artificial que se le ha puesto y poner en su lugar todas las otras cosas buenas que sí somos y sí tenemos de modo que puedan contrarrestar la visión única del lado negativo. Si te sientes descontento contigo… ponte manos a la obra y empieza a hacer los cambios que necesitas. Te dejo con tus reflexiones… Francisco de Sales Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí: http://buscandome.es/index.php?page=59 Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo: http://buscandome.es/index.php?action=forum Aquí tiene todos los videos publicados en youtube: https://www.youtube.com/channel/UCUNE-EC7eiOQDJ2q_U4lqEQ/videos?disable_polymer=1 Web con poesía y prosa: www.franciscodesales.es
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