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maritomario

4to Confesión

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CONFESIÓN

Nuestro Señor Jesucristo nos enseño que tenemos un Dios infinito en misericordia, todo cristiano debería creer en eso, más yo, como guía de otros, pero creo que hay pecados que ni el mismo Dios está dispuesto a perdonar.

- Comencemos desde el principio don Bartolomé, tómese su tiempo.

No le voy a contar toda mi vida, sino que desde las decisiones que tuve que tomar que desembocaron en mi conducta – comenzó a relatar Bartolomé.

Era un católico participante y devoto de la Virgen del Carmen, los miércoles hacía charlas prematrimoniales a jóvenes novios en la capilla San José. Ahí conocí al Padre Eduardo, era un tipo bonachón, un viejo ni tan viejo, la verdad es que no representaba sus sesenta años, parecía como de cuarenta y tantos. Muy tierno con los niños y niñas de la comunidad y fue esa ternura la que meses más tarde le traería problemas públicos.

Mi hija Josefa tiene 10 años y es bellísima y no lo digo sólo yo que soy su padre, sino que el primer comentario que dice todo aquel que la ve, es un sol lo digo por su personalidad brillante, espontánea y muy alegre. Gracias a Dios esa ternura cuestionada del Padre Eduardo no afectó a mi hija, de eso estoy seguro, pero no así con su mejor amiguita, Felicia. La verdad es que nunca vi algo raro en su actitud hacia con el cura ni viceversa, pero sí empezó a cambiar rotundamente de un día para otro, lo noté cuando Josefa comenzó a juntarse con otra amiga, ya que su compañera de juegos y risotadas comenzó a adentrarse en si misma, ahora le daba vergüenza hacer dinámicas y compartir en grupos, mucho menos hacer la oración inicial o final como acostumbraba hacerlo. La sospecha comenzó cuando un día mi hija me comentó que Felicia se enojó mucho mientras le preguntaba que le pasaba con su dedo intentaba hacerle cosquillas en su barriguita – me sacó el dedo violentamente, papi – me dijo, y agregó que ya no le gustaba ese juego. Al siguiente sábado Felicia ya no fue a catequesis, ni tampoco el siguiente lo que llamó mucho mi atención y decidí ir junto a Josefa a visitarla y averiguar por qué no estaba yendo. Y fue ahí que mis comentarios, los de Josefa y las sospechas de los padres de Felicia convergieron. Decidimos retirarnos para que el problema fuera indagado en familia.

Esa misma noche llegaron a mi puerta los padres de Felicia a recoger mas antecedentes y, aunque no los pudieron recoger, ya que había dicho todo lo que sabia, sólo pudieron llegar a la conclusión que no querían llegar: El Padre Eduardo había abusado de ella, fue lo que vagamente intento decir su hija antes de no hablar mas del tema. Como no querían armar gran revuelo en la comunidad prefirieron quedar callados un tiempo hasta que supieron de otro caso por medio de unos padres que prefirieron no callar y denunciar abiertamente al sacerdote y junto a ellos se sumaron tres familias más incluyendo la de Felicia. La comunidad se dividió entre los que apoyaban al cura y los que no y ya nada fue lo mismo. Los grupos continuaban, pero los padres estaban muy preocupados de que el cura sólo hiciera apariciones públicas a toda la comunidad. Una vez se planificó un retiro espiritual de catequesis al que sólo le inscribieron seis niños, el resto estábamos con miedo, no queríamos dejar a nuestros hijos solos con el sacerdote. No sé porque la gente nunca hizo la denuncia a la justicia solamente decidieron alejarse de la capilla y dejar muy maltrecha la imagen del sacerdote.

Ahí comenzó mi conversión. Junto con el caso del cura Eduardo se supo de muchos otros casos en distintas parroquias del país y del mundo. No me fui de la iglesia por ese motivo, sino por fundamentos teológicos muy complicados de contar en este momento y que, además no vienen al caso.

Llegué a comunidad Pentecostal “Los Siervos de Cristo” y ahí conocí y experimenté cosas que jamás había sentido. Ahora me sentía completo, extasiado espiritualmente y creo que fue tanto ese gozo que proyectaba que sin darme cuenta terminé siendo una voz muy potente en la comunidad. De hecho hace dos meses que soy el pastor de ella.

Justamente una semana antes de mi nominación de pastor propuse un taller de enseñanza bíblica a los más pequeños de la comunidad.

Los niños son algo especial, al comienzo te hacen el trabajo muy fácil, cuándo no entienden tú le cuentas algo que ni tú mismo crees y ellos dicen: “ah ya, me quedó claro”. Aunque sabes que no fue así. Lamentable o afortunadamente (aún no llego a esa conclusión) cuando toman confianza comienzan a preguntar más y más, podría decir que la confianza crece junto con el deseo de preguntar sin temor alguno.

- Don Bartolomé, ¿podríamos avanzar al problema en sí? Tranquilo, usted me dijo que me tomara mi tiempo y lo estoy haciendo.

En las clases bíblicas la pasábamos muy bien, los niños preguntaban, yo respondía y luego jugábamos, incluso Felicia. Al final ordenábamos la sala y, luego de una oración, nos íbamos. Fue en una de estas ocasiones cuando Felicia se me acerca me dice “gracias” y da un fuerte abrazo, en una actitud tan pura y llena de amor que me llega a dar escalofríos.

Sucede que desde siempre he mirado las relaciones sexuales con una pureza que ningún otro ser humano la ha mirado nunca. He tenido problemas con mi mujer por ello, ya que muchas veces deja sacar su lado bestial, por así decirlo, me deja ver todo su lívido y obsesión por el sexo, actitud que a mí me pone mal. Muchas veces pierdo el deseo de estar con ella cuando se pone así.

– Espere – dijo el doctor. ¿Está comparando el amor puro de esa niña con la pureza con la que usted ve en el sexo?
– Por favor no me juzgue – dijo Bartolomé, porque si he llegado hasta aquí es por algo. Además aún no termino.

Con una cara de asombro y de incertidumbre el doctor siguió escuchando.

La conexión que sentí entre Felicia y yo fue algo trascendental y estoy seguro que ella también lo sintió así. A pesar de sus cortos 11 años. Lo digo porque ese abrazo comenzó a repetirse al final de cada reunión y yo sentía como ella presionaba su pecho contra mi entrepierna……

… la sala del doctor se llenó de un silencio sepulcral por treinta segundos aproximadamente, luego el pastor prosiguió

Nunca lo miré con deseos de excitación ni lívido, era algo puro. Las caricias deben ser las mismas siempre… (Comenzaba dar su discurso como defendiéndose)… ¿por qué es bien mirado una caricia en el cabello y no una en otro lugar?… Desde pequeños a los niños le enseñamos el nombre de sus genitales y que no son órganos sucios ni impuros… ¿Sabe? Ahora entiendo al Padre Eduardo, él debe de ver el sexo igual que yo, como algo puro y no sucio. Como una caricia especial… eso es, una caricia especial. Todos deben estar equivocados incluso usted, lo veo en su cara (realmente el doctor estaba algo asombrado por las palabras del hombre). Prefiero largarme, no creo que necesite vuestra ayuda, y aquel hombre se para y fija camino a la puerta.

- ¡¡Don Bartolomé!! – exclamó el doctor. Si usted cruza esa puerta tendremos que denunciarlo a la policía. Bartolomé se detiene y piensa. – Además ya debe saber lo que les pasa a los hombres como usted en la prisión – concluyó su advertencia.

- ¿Pero de qué manera me pueden ustedes ayudar? – preguntaba aquel pedófilo. – Usted es un hombre de fe, Don Bartolomé, debería saber que para todo hay una cura, pero primero debe aceptar que está enfermo – Al hombre ya le caían lágrimas de su rostro y entre sollozos dice – pero si no tiene nada de malo, los niños son lo más puro que hay y hombres como ustedes son los que siembran la maldad en ellos. La televisión y el entorno vulgarizan la relación sexual, sólo una vez pude hacer el amor, ¿Sabe? Y fue con Antonio, cuando tuve ocho años. La cara de los doctores cada vez demostraba mas asombro y algo así como repulsión por aquel hombre. – Nunca hubo penetración, por si quieren preguntar, sólo nos acariciábamos y nos mirábamos, pero un día nos sorprendió su padre y en ese mismo lugar comenzó a golpearlo de puños y patadas frente a mí. Luego me acusaron a mis padres y decidieron irse de la ciudad por el “mal nombre” de la familia, como si hubiésemos hecho algo malo. Dígame usted doctor, es algo sucio ahora porque tengo cuarenta y tres años, pero ¿también es sucio a los ocho años? Jesús dijo: “El que no es como un niño no entrará en el reino de los cielos” y estoy seguro que él se refería a la mirada que le dan los niños a todo, sin maldad, sin suciedad ¿Qué de malo tengo si sigo mirando las cosas así? Sin asco, deseos de dañar ni ensuciar a nadie, sólo amar y dejarse amar.

- El problema es ése, don Bartolomé, que usted tiene cuarenta y tres años y ya debería de pensar distinto. Razones se las podría seguir dando toda la noche, pero yo no soy un hombre de fe, dejemos que el tratamiento haga el resto, ¿le parece? – preguntó el doctor.

- ¿De qué trata? – tímidamente pregunta el paciente. – No es para nada invasivo, bueno, físicamente. Entraremos en su psique cuando duerma, pero los detalles de todo ello se los daré una vez que comencemos con el tratamiento, ya que la forma en que lo haremos es completamente distinta para cada paciente, todo depende del trastorno que sufran. Pasemos a la sala del fondo para hacer algunos exámenes físicos y para que me firme algunos papeles. Además debe llamar a su familia, porque no los verá en mucho tiempo.

- Eso es imposible, tengo que volver a casa, allá me están esperando – comentó desesperado el hombre. – No es así don Bartolomé, ellos ya están avisados, ellos saben de su caso, señor. Sólo esperan su llamado de despedida por algún tiempo.

- Ustedes no me pueden obligar a quedarme aquí – amenazó Bartolomé. – Por eso quiero que firme los papeles, señor. - ¿Y si no lo hago? -. Ya se lo dije, tendré que llamar a la policía, trabajamos en conjunto con ellos. O se recupera con nosotros o paga sus culpas en la cárcel, usted elige, Bartolomé.

- Deme un teléfono, quiero hablar con mi familia – resignado concluyó Bartolomé. – Ésa es la actitud, Bart. Disculpa que te llame así, pero vamos a pasar tanto tiempo juntos que nos haremos amigos rápidamente – concluyó el Doctor Robinson. Y abrazado a su paciente, tratando de calmarlo lo lleva a la sala antes mencionada.

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