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Matiaspoconormal

El Origen

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Cuando abrí los ojos, lo único que vi fue un cielo completamente oscuro, falto de estrellas, no había ningún sonido a mi alrededor y el frío calaba los huesos, como si estuvieran a punto de deshacerse, llenos de agujeros que cada vez que intentaba mover mi brazo sentía como un liquido espeso moviéndose lentamente dentro de mi. Al intentar levantarme me di cuenta que no solo el cielo estaba oscuro, si no todo lo que me rodeaba lo estaba. El suelo, cielo, no había absolutamente nada. Lo único que me hacia saber que no era el único ser viviente en ese lugar eran las pequeñas piedrecillas y alguno que otro insecto que se colaba entre mis dedos mientras intentaba ver algo. Las piedras eran muy pequeñas y puntiagudas, podría dar como ejemplo pequeños diamantes. Alfil me pare por completo, lo hice lentamente y con mucho cuidado, temía caer dentro de un gran agujero negro o en medio de la nada, ya que la plena oscuridad en la que estaba sumido me daba esa impresión. De pronto mi desquiciada mente me sorprendió con un pensamiento que si lo analizo bien ahora solo una persona loca podría haberlo dicho. ¿Qué pasaba si estaba muerto?, comencé a pensar que quizás había muerto sin saber y ahora estaba en lo que llamaban limbo, en donde las personas no bautizadas y pecadoras esperaban que el mismísimo rey Minos los condujera a su fatal destino en donde pasarían el resto de la eternidad atormentándose por lo que habían echo en vida. Pero rechace esa idea. Era un buen cristiano y que yo sepa… no había comido ningún pecado grave.
Me decidí a caminar, en pequeñas pisadas y parando unos segundos para respirar un poco. A pesar de haber rechazado la idea de estar muerto, mi mente insistía en atraerla cada vez que daba un paso hacia delante. Comencé a avanzar con mas seguridad y cada vez que lo hacia destellos de luz color púrpura y blanco iluminaban el oscuro cielo, dejando ver montañas tan negras como el carbón a mi alrededor y efectivamente lo que estaba pisando eran diamantes, pequeños diamantes que brillaban cada vez que los extraños destellos iluminaban todo. En el lugar donde desperté en medio de la oscuridad pertenecía a un mar gigantesco, millones de extraños moluscos y peces se retorcían con dolor tratando de tomar un poco de aire hasta finalmente morir. Ahora los destellos parecían perdurar unos segundos en el firmamento lo que me dejaba ver unas extrañas esferas en el cielo girando rápidamente, esferas de tamaño inimaginable. Pero eso no era todo. Frente mi se alzaba una extraña y gran figura blanca, parecía un árbol, pero parecía echa de algún material parecido al cristal o mas bien de oro puro. Exaltado con mi nuevo descubrimiento comencé a caminar hacia el extraño árbol de oro, mientras lo hacia pequeñas gotas de agua caían en mi cara. De pronto cuando casi llegaba a mi destino mire hacia arriba y divise un radiante sol blanco con llamaradas tan potentes como la fuerza de un volcán. Pero cuando agudice la vista me percate que esas llamas no eran lo que yo creía, si no que eran personas, personas como yo retorciéndose armando una ola, miles de personas moviéndose tratando de aferrarse de algo que no podían porque su destino les había jugado una mala pasada con sus almas. Entonces fue ahí cuando considere completamente la idea de estar muerto, ese lugar no se parecía a nada de lo que conocía anteriormente en mi vida cotidiana, todo era diferente y extraño. Luego para asegurarme de lo que había visto, volví a mirar hacia arriba. Esta vez el sol blanco se había trasformado en una esfera al igual que las otras que giraban a su alrededor, su color era tan vivo, lleno de vida que cualquier ser humano querría estar ahí, colores azules, verdes, pero esos colores se mezclaban con las llamas rojas que explotaban de cada punto de la esfera. Al ver esa imagen, por primera vez pude sentir dentro de mi, una angustia y dolor que no entendí porqué, pero sentí piedad por los seres que vivían en esa gran esfera que giraba tranquilamente, por el sufrimiento que seguramente venían viviendo de hace millones de años, y por el sufrimiento y horror que vendría… me apiade de mi mismo.

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