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Sebastiasd

Luz irreverente

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Luz irreverente
En una noche bañada en estrellas que cubría los cuerpos de los transeúntes que iban por las calles de Santiago sin foco alguno prendido, donde la luz de la luna se transforma en tus ojos y tus pisadas en tu mirar, Sebastián se encontraba desorientado en el centro de la cuidad. No eran más de las nueve, pero como era invierno, las noches se adelantan espantando la luz del día como los gatos a los ratones en las cocinas. El pánico cundía en la gente de los alrededores, histeria colectiva instantánea después de un leve grito de una señora que probablemente se había tropezado con su propia sombra. El se mantuvo quieto, escéptico a lo que supuestamente sucedía. Miraba a todos lados, como si por esforzarse fuera a lograrlo. Luces de celulares aparecían a los alrededores. Griterío por donde escucharas. Y sobre todo, gente desesperada en todo el lugar. Mientras pensaba en que era lo que debía hacer, una persona apareció frente a él. No necesitó luz artificial alguna para iluminarla, puesto que como si fuera una obra de teatro, en donde la actriz principal hacía su aparición, la luz de la luna la iluminaba de pies a cabeza, mostrándole su cabellera larga y oscura, su pálido rostro, y sus labios pintados de color rojo. Lo tomó de la mano sin permiso alguno, lo hizo caminar junto a ella hasta AV. Andrés Bello, lo hizo descender por el pasto hasta la rejilla que los separaba del río. Las luces en ese lugar tampoco existían. Eran ellos dos frente a la noche que intentaba atormentarlos con tanta estrella sobre ellos. Lo miró a los ojos, él inevitablemente sucumbió ante su mirada, ella se rió al darse cuenta. El creyó que le emitía una sonrisa de gentileza y no demoró ni un poco en devolvérsela. Ella se irritó, disimuladamente. Soltó su mano, metió la suya a su bolsillo y con la otra indicó al cielo. A los crédulos oídos de Sebastián llegaron palabras que le decían que mirara la luna, que se diera cuenta de cuan hermosa era que se encontraba. A los oídos de ella, solo llegó el sonido de su puñal saliendo de su bolsillo. Brilló levemente ante la luz del astro. Lo acercó lentamente al estómago de su acompañante, él por su parte, no previno ningún gesto sospechoso de ella y continuaba mirando serenamente la luna y las estrellas que lo acompañaban. No resistió más las ganas de acabarlo y en cuanto bajó el brazo con el que indicó hacia el infinito, comenzó a atravesar el estómago de Sebastián, para luego pasar al pecho y terminar atravesando con el cuchillo su cuello. Serenamente, la chica de los labios rojos tomó asiento a un costado del cadáver del joven ingenuo, miró hacia el cielo perteneciente a las estrellas y se quedó pensando si la textura de la luna sería similar a la de su puñal atravesando la carne humana. Edited by Sebastiasd

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