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Sebastiasd

Nunca te cansas

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Nunca te cansas
Desperté repentinamente, me encontraba en mi cama completamente sudado y destapado. Había algo distinto en mi habitación, las ventanas no se encontraban donde debían y la puerta estaba en el suelo, pero no porque la habían arrojado ahí, sino, que era una puerta que abría hacia la sala debajo de la mía. A un costado de mi, había una mujer completamente desnuda con un cuchillo en la mano. Su mirada irradiaba sed de sangre, como si fuera el culpable de algo, como si hubiera sido yo quien la dejara sin ropa. Se levantó de mi silla y caminó hacia mí. Mientras lo hacía, jugueteaba con el cuchillo pasándoselo de una mano a otra. Su mirada no cambiaba, y lo peor de todo, era que iba completa y absolutamente dirigida a mí. Cuando la tuve encima, mi cuerpo se encontraba paralizado debido al cuchillo que tenía en mi cuello y que ella afirmaba. Su cara se acercó a la mía, y con mi cuerpo sufriendo escalofríos, me susurró al oído: ¡Despierta!

Desperté en la tina de mi casa, no me había dado cuenta que me había dormido en ella. Quizás se debió a la calidez en que me encontraba. El baño estaba completamente lleno de vapor, podía ver casi nada a mí alrededor. Estaba un poco aturdido y creí que se debía al mismísimo vapor. Cuando cruzó por mi cabeza la idea de correr la cortina de la tina para sentirme menos sofocado, un secador de pelo comenzó a funcionar. Se me puso la piel de gallina e irremediablemente corrí la cortina. Nuevamente vi a aquella mujer de mi sueño, completamente desnuda y recién bañada, con el secador en la mano y conmigo en el agua. Se acercó a mí, lentamente y con el aparato funcionando llegó a mi lado. Lo dejó colgando sobre mi cabeza enganchado a su meñique y nuevamente acercó su cara a la mía; esta vez susurró: ¿En serio quieres despertar?

Había recuperado completamente la consciencia, pero no había abierto los ojos desde que me había dormido. Intentaba orientarme, inútilmente, antes de hacerlo. No sabía dónde me encontraba, no podía recordarlo tampoco. Era como si estuviera con resaca y por cada intento de hacerlo, dos cables dentro de mi cabeza harían corto circuito llamando a las jaquecas. Sabía que no estaba solo, pues en el regazo de alguien me encontraba. Mis ojos curiosos no demoraron mucho en abrirse y percatarse que las piernas en las que me encontraba apoyado pertenecían a aquella mujer que me decía que me despertara y luego me preguntara si en serio quería hacerlo. Malditamente su mirada no había cambiado en lo más mínimo y un cuchillo colgaba desde su boca. Lo balanceaba mientras me miraba fijamente y con el movimiento de su cabeza me decía que no. Usando su mano izquierda tomó el puñal de su boca y lo puso a la altura de mi corazón. Fue acercando lentamente su cara a la mía, su mirada no cambió en ese lapso de tiempo y susurró a un costado de mi oído: ¿Por qué quisiste hacerlo?

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