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Lo sórdido del silencio.


Svartsinn

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Lo sórdido del silencio. (Extracto)

 

El roce de las sabanas contra los pelos tiesos de mis piernas, contra la carne pálida y reseca, la sensación de entumecimiento que nace desde mi entre pierna hasta la punta desigual de las uñas de los dedos de mis pies, que con delicadeza se mecen de un lugar a otro enmarañándose con las telas que habían sido humedecidas en detergente hace algunos días, la sensación pavorosa del sudor entre los pliegues de mi ropa interior, en medio de mis axilas selváticas y la sensación taquicárdica de los martillazos de mí corazón enfermizo, uno, dos, tres, cuatro, cinco y así hasta lo incontable.

 

El rabillo del ojo exhausto, el iris reseco y su contorno rojizo, la boca con los labios despegados y partidos, los dientes que se bañan entre la blanquedad, las manchas de nicotina y la saliva con aroma a menta a causa de una pasta dental barata, aun así con la garganta sedienta y pegada al cuello que exprimía suspiros broncos y con ademán de desesperación. Mis oídos se agudizaron expandiendo los receptores al límite y capturando los sonidos tercos de un ambiente en el cual vivo como mal agradecido y en él que me desarrollo día a día caminando entre sus veredas sucias con el abrasivo sol de fondo golpeando mí nuca, quemándola y desprendiendo mi piel sin piedad alguna, mientras el cielo me hace burlas mirándome a lo lejos con su semblante de tranquilidad que contrasta con mi creciente anhelo de esperanza para poder surgir de todas estas situaciones alucinógenas que rayan en lo irracional.

 

Me cansé porque el estar en esta cama me desprendo de mi alma, de mi esencia y de mi razón. Mi cabeza una y otra vez me repite que duerma, duerme, duerme pero mi ansiedad me dice que no lo haga, llegando a gritar dentro de mí mismo para que sea capaz de vencer el sueño. Los ruidos me entorpecen, hacen que tiemble la cerilla de mis oídos llegando a lo más profundo de mi cerebro hambriento por falta de descanso, pero se quebró todo de la misma forma en la que comenzó. El cuarto se cubrió de un color tan sutil que hacía que los bellos de atrás de mi orejas se erizaran, miré taciturnamente a la ventana y el amanecer se blandía en lo alto venciendo a la oscuridad y coronándose en las alturas más inalcanzables del cielo, sentí paz, aunque el sueño me matara termino quedándose dormido y me dejo a mí despierto para contemplar el alba.

Edited by Svartsinn
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  • 2 months later...

si bien no considero que sea malo el tema del yo se hace tan personal que termina siendo ajeno al lector

interactúa y entrega más a lo que te rodea quizás eso pueda ayudar

aunque sinsisto no lo encontré malo

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